1953 │ La Costa de los naufragios y leyendas marítimas
Los relatos sobre algunos de los hechos marítimos que son parte de Necochea
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La historia de Necochea está intrínsecamente ligada al mar y a las dramáticas historias de naufragios y varaduras que han moldeado su costa y su identidad, convirtiendo al océano en escenario de leyendas y misterios.
Un Vínculo con la Fundación
La presencia del mar está ligada a la propia fundación de la ciudad. En medio de un violento temporal, durante el invierno de 1871, el velero “El Filántropo” luchaba por sobrevivir frente a Médano Blanco. Este hecho lo dejaría íntimamente ligado a la fundación de Necochea, tal como lo registró el cronista local Antonio Noguera en 1888.
Años antes, en 1851, el bergantín “Cito” también protagonizó un misterio al entrar forzosamente y en lastre a nuestro Puerto, muy alejado de su destino original, alimentando las leyendas sobre la confluencia entre el Océano Atlántico y las aguas del Río Quequén.
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Cascos de Leyenda en la Playa
A lo largo del tiempo, las varaduras se han repetido, dejando restos que se han convertido en postales y leyendas locales:
El “Maroula” con adoquines (1934): Este vapor de bandera griega arribó a Quequén cargando adoquines para el empedrado de las calles. Luego de un intento fallido de ingresar al Puerto, encalló a 10 kilómetros del mismo, frente a la estancia “La Merced”. El ARA “Belgrano” acudió en su auxilio, pero una ola barrió su cubierta, causando la trágica muerte de los marineros Octavio Boragiola y Leopoldo Almonas.
El “Eleni” (1946): Este buque (5.330 toneladas) que transportaba más de seis mil toneladas de cereal, encalló sobre los restos del “Mariona J. Goulandris” a pesar de los esfuerzos de remolcadores como “El Pescador” y “Mediador”.
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El Legendario “Chaco” (1953): Este veterano y legendario buque de casco de hierro, famoso por haber evacuado al último contingente de presidiarios del penal de Ushuaia, varó a 200 metros de la Escollera Norte el 5 de septiembre de 1953, mientras cargaba 7.000 toneladas de trigo. Sus grandes dimensiones (122 metros de eslora) no evitaron que posteriores temporales lo partieran, quedando sus restos varados en la playa.
El “Tara” (1959): El B/M de bandera yugoslava encalló en el fondo rocoso frente a la colonia “Pinocho” tras una fuerte ráfaga de viento y la rotura de su hélice. Sus 39 tripulantes pudieron seguir cuando, aprovechando una marea alta, el barco pudo ser reflotado, para luego ser vendido al Estado nacional como "Presidente Castillo".
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De leyenda viva a tragedia
El vapor “Esito”, con un casco de hierro de más de 78 metros de eslora, encalló a unos 500 metros al Sudoeste de la Escollera Sur. A pesar de los intentos, nunca pudo ser rescatado. Paradójicamente, se convirtió en una leyenda viviente, siendo motivo de cortos publicitarios y lugar ideal para pescadores. Sin embargo, su leyenda tuvo ribetes trágicos, ya que varios jóvenes hallaron la muerte al golpearse mientras utilizaban su cubierta a modo de trampolín. Hoy, apenas se ven algunos restos de lo que fue.
La misma noche en que se menciona el destino final del “Esito”, otro barco, el brasileño “Aurea Conde” con 17 hombres a bordo, encalló de babor frente a Costa Bonita. Estos sucesos recuerdan que la inmensidad del océano sigue guardando secretos insondables, y que la tragedia es un peligro constante que acecha a los hombres de mar en nuestras costas.
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