A 171 años de la muerte del general José de San Martín
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Cuando San Martín estaba organizando su cruzada emancipadora recibe una carta del Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón donde le dice: “…A más de las 400 frazadas remitidas de Córdoba, van ahora 500 ponchos, únicos que he podido encontrar. Van los 200 sables de repuesto que me pide. Van 200 tiendas de campaña. Y no hay más. Va el mundo. Va el demonio. Va la carne. Y no sé yo cómo me ira con las trampas en que quedo para pagarlo todo. ¡Y qué carajo! No me vuelva a pedir más, que lo que usted quiere hacer es imposible…” San Martín le responde: “General Pueyrredón, muchas gracias por el envío. Lo recibiré en los próximos meses. Le agradezco todo lo que ha hecho. Usted tiene razón, lo que quiero hacer es imposible, pero es imprescindible”.
Era el ideario americano
Este nuevo aniversario del tránsito del Libertador a la inmortalidad ofrece otra oportunidad para recordar facetas de su pensamiento vivo, tan preciso como trascendente, el que se manifiesta, junto al fervor por la tierra nativa, el ideal de la unidad americana en conjunción de repúblicas libres compuestas por pueblos dueños de sus destinos.
La epopeya sanmartiniana glorificada por su cruzada transandina lleva el sello americano. Los más autorizados biógrafos del prócer lo ponen bien de relieve al exaltar conceptos que se añaden al sentido implícito de los acontecimientos.
Ricardo Rojas lo dice elocuentemente en “El santo de la espada”: “El noble ideal patriótico que animó la hazaña de San Martín no ha muerto en su alma durante la vejez repite varias veces su profesión de fe americanista, republicana y liberal. Media continuamente sobre la marcha de la política europea en sus relaciones con el destino de América, y su correspondencia contiene opiniones al respecto”.
En Lima durante su actuación pública, vincula el Libertador, a través de reiteradas declaraciones, el ideario revolucionario que promueve la gesta americana con el ejercicio de los derechos ciudadanos, execrando la opresión y el despotismo. No concibe la coexistencia del sistema republicano con el avasallamiento del pueblo ni concilia su espíritu con las cruentas luchas intestinas motivadas con el sensualismo del poder.
El escritor e historiador Armado Alonso Pineiro comentaba con indudable acierto: “Escapaba a la lógica sanmartiniana que hombres nacidos en una misma tierra y unidos por idénticos principios de liberación hemisférica, se dividieran por razones parciales y transitorias. Es, a un siglo y medio de distancia, el mismo problema que arrastramos los americanos, aunque ahora con más perdurables diferencia políticas y socioeconómicas”.
En su doctrina americanista, y no por haber encabezado el movimiento militar de la revolución para emancipar a su patria y países hermanos de la tutela de ultramar, dejaría de lado San Martín en momento alaguno el reconocimiento de la histórica génisis hispana. En la conferencia de Punchauca de 1821, tras culminar las conversaciones con los representantes realistas, hizo este brindis definitorio: “Por la prosperidad de España y América; por la fraternidad entre europeos y americanos”.///