A 20 años de la toma de rehenes en Acassuso: el concepto de robo del siglo y la romantización del delito
El negociador del Banco Río habló con Ecos Diarios a dos décadas del hecho conocido como “el robo del siglo”
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Por IAN LARSEN - Redacción
Al cumplirse 20 años de la toma de rehenes del Banco Río de Acassuso, Ecos Diarios entrevistó a Miguel Sileo, el negociador que participó del operativo policial del 13 de enero de 2006, un episodio que con el tiempo pasó a ser conocido popularmente como “el robo del siglo”.
“Para mí fue un día más. Fue una toma de rehenes más, en más de 60 que tengo. No fue la más importante, pero sí la más famosa”, señaló al comenzar la entrevista, relativizando el impacto personal que tuvo aquel operativo en su vida profesional.
Sileo no solo es el ex negociador policial más conocido del país, radicado desde hace varios años en la tranquilidad de Necochea, sino que además es experto en armas y exmiembro de las fuerzas especiales Halcón y exdirector de la Diplomatura Superior Internacional en Negociación Policial en Universidad Abierta Interamericana.
Real y espectacular
Según plantea, la fama del caso estuvo vinculada al nivel de planificación del delito. “No hay que desmerecer realmente la idea criminal de lo fantástico que fue este robo. Fue muy espectacular, hicieron un trabajo de 2 años cavando un túnel”, sostuvo. En ese sentido, desmintió una de las versiones más repetidas con el paso de los años: “Muchos creen que fue una toma de rehenes ficticia, pero fue una privación ilegal de la libertad bajo amenaza”.
Sileo recordó además una de las frases más tensas de aquella jornada: la primera advertencia del hombre del traje gris fue “no queremos otro Ramallo”, lo que —según explicó— implicaba una amenaza concreta de masacre. Y aclaró que, aunque luego se difundió que los delincuentes usaron armas falsas, “las que dejaron lo eran, pero al menos dos personas emplearon armas reales, según consta en la causa penal”.
Desde su rol, fue claro sobre cuál era su función dentro del operativo. “Mi trabajo como negociador era liberar a las personas, no ir a buscar ladrones ni rescatar dinero”. Y agregó: “A veces la gente culpa al negociador por la fuga, pero es como culpar a un médico que salva a un apuñalado porque la ambulancia tardó; cada uno tiene una responsabilidad específica”.
El mote de “robo del siglo”
Consultado sobre el mote de “robo del siglo”, Sileo fue contundente: “Fue un robo. No sé si fue el robo del siglo porque los agarraron. El robo perfecto no fue; para que un delito sea perfecto no tiene que haber detenidos”. En esa línea, afirmó que “no hay delitos perfectos, sino investigaciones malas” y apuntó al ego como el principal enemigo del delincuente. “Lo van a agarrar porque el chorro muere por su boca”, recordó haber dicho horas después del hecho.
El desenlace del caso, explicó, se dio por una cuestión técnica vinculada al sistema VAIC y al desconocimiento, en ese momento, de que los teléfonos podían ser rastreados por IMEI, aun cambiando la tarjeta SIM. También se refirió a la figura de la llamada “mujer despechada”, aclarando que no los delató por un desamor, sino que pidió dinero para guardar silencio y, al no recibirlo, realizó la denuncia que terminó de confirmar sospechas previas.
Romantización del delito en la ficción
En el tramo final de la entrevista, Sileo reflexionó sobre el cambio cultural que se produjo en estas dos décadas. “En los 80 y 90 los héroes eran policías o militares como Rambo o Schwarzenegger”, afirmó, y vinculó el viraje posterior a la desconfianza en las instituciones en Latinoamérica y a que se romantizó el delito, instalando la figura del antihéroe.
Un fenómeno que hoy se refleja con fuerza en la ficción, donde muchas de las series más populares —como La Casa de Papel, Vis a Vis, El Marginal o En el barro— tienen como eje central la vida de delincuentes. Desde su experiencia personal, Sileo marcó un límite claro: “Yo provengo de un lugar a 30 metros de la Ciudad Oculta (villa de emergencia localizada en el barrio de Villa Lugano). De chico estaba más para 'arriba las manos' que para 'alto policía', pero a los 18 años di un vuelco y me metí en la policía. Por eso digo que el origen pobre no es excusa para ser delincuente”.
Finalmente, dejó una mirada hacia el futuro: consideró que las generaciones actuales están más informadas y comienzan a buscar referentes basados en el mérito y el estudio, lejos de la idealización del delito que marcó a buena parte de la cultura reciente.
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