A 30 años de la hazaña de Estación
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El histórico ascenso al Nacional B, la página más gloriosa de nuestro fútbol
Los recuerdos pueden ser engañosos, selectivos. Y cuanto más pasa el tiempo, más ideales parecen. Se transforman en un puñado de sensaciones, aromas, gritos y vivencias que superan las imágenes de la mente. Hace 30 años, el fútbol de Necochea rompía todas las barreras, llegaba al Nacional B de la mano de una generación brillante, y conseguía quedar para siempre en la historia.
El próximo martes se cumplen 30 años de aquella fría tarde del domingo 5 de junio de 1988, cuando 10.000 almas colmaron el estadio de las “Aguas Corrientes” y fueron testigos de un momento único. Muchos aún hoy seguramente recuerden en qué lugar detrás del alambrado vieron a la pelota cruzar la línea de gol, con quién se abrazaron, cuánto lo gritaron. La jugada de todos los tiempos para el fútbol de Necochea. El cambio de frente del “Calija” Guerrero, el control de Luis Eduardo “Paquillo” Sánchez, el enganche para sacarse la marca y la definición esquinada frente al arquero Mercuri. A otros quizás les llegue el recuerdo de la compañía de la radio y de la explosión a la distancia pero tan genuina como en la cancha. O se les venga rápidamente a la memoria la misma imagen, la del goleador, junto al palo del arco, tras tocar al gol, iniciando la carrera del festejo, inmortalizada en la tapa de Ecos Diarios al día siguiente. “El gol de mi vida”, apuntó “Paquillo” en los vestuarios en medio de los festejos tras el triunfo.
La campaña
Aquella victoria fue el punto culminante de una extensa campaña con escollos de fuste, que fue sorprendiendo a propios y extraños, uniendo a la ciudad detrás de una pelota. Acercando a chicos a la cancha por primera vez. En la primera fase, Estación dejó en el camino a Quilmes de Tres Arroyos, Defensa de Dolores, Los Del Clan de General Madariaga y Alumni de Azul para luego en la etapa clasificatoria provincial superar a Estudiantes de Olavarría, sortear los inolvidables enfrentamientos con Deportivo Norte de Mar del Plata, luego a Ferrocarril Sud de Tandil y a Argentino de Pehuajó.
Así llegó el turno de los cruces del Zonal Sudeste. En la instancia de cuartos de final, el primer rival fue Sol de Mayo de Viedma, cayendo en Río Negro en el partido de ida 2-1 y consiguiendo el pasaporte con un 4-2 como local. En semifinales se encontró nada menos que con Almagro, quien había perdido la final de la Primera B en manos de Talleres de Remedios de Escalada. Estación ganó en la ida como local 1 a 0 con gol de “Paquillo” y perdió en José Ingenieros por el mismo resultado por lo que hubo que recurrir a una definición por penales que transformó en “héroe” al arquero Erasun.
Olimpo había dejado en el camino en los play off a Argentinos del Sud de Gaiman y a San Martín de Mendoza, y llegaba como uno de los colosos de la Provincia de Buenos Aires, capitaneado por el goleador Raúl “Ruso” Schmidt y la dirección técnica de Julio César Fernández. El partido de ida de las finales del Torneo del Interior fue un empate 1-1 en Bahía Blanca. La confianza del grupo era mayúscula para ganarlo en casa, en una cancha que “explotaba” de gente en cada rincón. Fue el cierre ideal con el recordado 1-0, que precipitó la vuelta olímpica tras el pitazo final del juez Padilla. Después, los festejos inundarían toda la ciudad con las caravanas de colectivos, camiones y autos. Por primera, y hasta aquí única vez, un equipo de nuestra Liga llegaba al Nacional B.
El plantel
La lista de héroes en pantalones cortos sigue grabada en la memoria con la sonrisa de aquellas tardes. Desde el arco Javier Erasun; la firmeza en el fondo de la dupla conformada por Carlos “Conejo” Pérez y el “Mela” Claudio Fabián Mainardi; el ida y vuelta de los laterales Guillermo Dindart y Carlos Beguiristain; en el medio campo el despliegue y la entrega del “Negro” Mario Alberto Márquez y Hugo Molina, y el talento de Sergio Mainardi; y en la ofensiva la velocidad de Pablo Germán “Gualicho” Dialeva, la picardía y calidad de Ricardo Guerrero y la potencia goleadora de “Paquillo” Sánchez.
Además de los nombrados, conformaron el plantel Pedro “Cacho” Dinizio, José Beguiristain, Claudio Oliver, Julio Starópoli, Miguel Angel López, Alejandro Fernández, Gustavo Portugal, Carlos Daniel Fernández, Sergio Portugal, Gustavo Cárdenas, Mateo Martínez Kressi, Carlos Coste, Luis Lambertini, Esteban Modesto, Carlos Alberto Alvarez, Carlos Albero González y José Luis Vigñals.
En el banco, el plantel tuvo como conductor a Orestes “Quito” Ortíz, justamente un símbolo de Estación Quequén, que supo sacar lo mejor de un grupo cuya base se formó y forjó en aquellos inolvidables seleccionados juveniles de Necochea que dominaron la provincia a principios de los años 80. Un plantel genuino nacido en los potreros locales. Una camada histórica, única para la rica cantera de Necochea y Quequén. Individualidades en alto nivel conjuraron un equipo en consecuencia. En lo físico no se improvisó y el trabajo del profesor Jorge Daniel Casaprima, que vino desde La Plata y se aquerenció a nuestra ciudad, fue parte fundamental del logro. Completaban el cuerpo técnico encabezado por Ortiz, el médico Juan Garralda, el masajista Osvaldo Giussi, el utilero Alberto Ortiz y Marcelo Bustos como colaborador.
Hoy muchos de ellos caminan nuestras calles, quizás como héroes anónimos para las nuevas generaciones. Otros ya no están con nosotros pero viven en el recuerdo. Todos reciben el agradecimiento eterno de aquellos que disfrutaron esos días que cambiaron nuestro fútbol. Una historia que aunque se repite en el relato no deja de ser única. Imágenes y sensaciones que se magnifican con cada año que pasa. Trasciende el tiempo y sigue vigente en los corazones futboleros.
