A 35 años de una hazaña única
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La balsa de madera Atlantis, llegaba a su destino tras cruzar el océano Atlántico. Jorge Iriberri, uno de los protagonistas, recordó la notable aventura
Por Ian Larsen
Redacción
“No es una película de ficción, es un documental de algo que ocurrió realmente”, le dijo a Ecos Diarios el necochense Jorge Iriberri, al referirse a la película Expedición Atlantis, que narra una de las más audaces aventuras realizadas por argentinos en este siglo, de la cual fue protagonista.
Hoy se cumplen 35 años desde el día en que se cumplía el desafío que más de uno creyó imposible. Un grupo de cinco argentinos había cruzado el océano Atlántico arriba de una balsa de madera, similar a la que los navegantes africanos pudieron haber usado 3500 años antes que Cristóbal Colón pisara América.
Una balsa que no tenía un timón que establezca un rumbo, que navegó lejos de toda ruta comercial, sin posibilidad de contacto con tierra o ayuda alguna y, por supuesto, sin poder anclar. Solo con una vela que los hizo navegar por 52 días a lo largo de unos 5000 kilómetros.
Un mundo diferente
“A esta altura, casi toda persona que me encuentro era muy chica o no había nacido en aquella época (1984), entonces lo primero que hay que hacer para entender Atlantis es saber que se llevó a cabo en otro mundo muy distinto al que conocen. Un mundo sin celulares, sin GPS y sin Google”, empezó diciendo Jorge Iriberri, quien asegura que hoy a través de internet se puede tener acceso a mucha información y que, en aquel entonces, solo tenían al alcance la biblioteca de Mar del Plata, con libros que eran muy antiguos y no tenían mucha información sobre vientos y corrientes del Atlántico Norte.
El necochense partió del puerto de Tenerife (España) junto a Alfredo Barragán (quien ideó el plan y dirigió la película), Horacio Giaccaglia, Daniel Sánchez Magariños y Félix Arrieta, llegando a Venezuela luego de 52 días de navegación.
“Atlantis fue, además de un desafío deportivo, un desafío al hombre a creer en sí mismo. Fue un desafío de plantearnos a nosotros mismos de que podíamos lograr algo y de convencer a otras personas”, dijo Iriberri, quien además confesó que cuando fueron a ver a las primeras empresas y particulares en busca de ayuda, se encontraron con muchas puertas cerradas.
“Vendiendo un sueño”
Jorge contó que fue muy difícil encontrar gente que los apoye a la hora de planificar todo, ya que no ofrecían “algo comercial”, como una publicidad plasmada en algún lado ni nombrarlos al ser entrevistados, sino que estaban “vendiendo un sueño y las ganas de hacer algo”.
“Necesitábamos su compromiso de que, en su momento, nos iban a ayudar. Teníamos que hacerles entender que, por ejemplo, nos tenían que llevar la balsa a Canarias cuando estuviese terminada, pero no podíamos decirles cuándo iba a estar terminada porque no teníamos ni los troncos, ni la plata para pagarlos, ni sabíamos de dónde los íbamos a sacar. Sin embargo, esperar a tener todo listo para buscar el traslado no podía ser una opción”, explicó.
“Si un mérito importante tuvo Atlantis, fue demostrar que la planificación, la organización y el trabajo en grupo son fundamentales para lograr cualquier objetivo”, manifestó Jorge, que más de una vez escucha la frase que dijeron los navegantes al llegar a tierra firme: “que el hombre sepa que el hombre puede”.
Siguiendo con este concepto, Iriberri aseguró que “Atlantis no es decirle al mundo que puede armar una balsa con dos palos y cruzar el mar, es una filosofía de vida, un ejemplo de que una persona puede hacer lo que se proponga, ya sea en el plano profesional, familiar o laboral. Es una forma de encarar el futuro sin dejarte caer cuando te dicen que no”.
Con ganas de agradecer
Jorge cuenta que si bien todo el equipo sigue unido; que tienen todos una muy buena relación; que sigue dando charlas en muchas escuelas y que hay calles, escuelas y monumentos con el nombre de la embarcación, hay una cosa que aún le queda pendiente: agradecer a quienes los ayudaron sin pedir nada a cambio.
“Hubo muchísima gente que nos dio una mano muy grande, con cosas que significaban mucha plata, y que sabían que no nos iban a ver nunca más. En Canarias nos ayudaron muchísimas personas a armar la balsa, y yo no volví nunca más porque no tengo las posibilidades económicas de hacerlo. Se me hace un nudo en la garganta al pensar que muchos de ellos ya fallecieron y nunca les pude dar las gracias, aunque otros con la llegada de internet se contactaron conmigo y pudimos hablar”, dijo Jorge con una voz que se tornaba temblorosa por la emoción.
“Hoy tengo una gran responsabilidad y una gran alegría, al decirle a los pibes que ahora viven en otro mundo, que es bueno salir de lo inalámbrico y las pantallas para volver a imaginarse cosas y aventuras posibles”, concluyó el aventurero que nació y cursó sus estudios en Necochea y que hoy vive en Mar del Plata.///
La película
La película Expedición Atlantis está subida en YouTube y es fácil de encontrar. Allí se cuentan los detalles sobre la experiencia. El film en colores fue guionado y dirigido por Alfredo Barragán y se estrenó el 19 de mayo de 1988. Originalmente, fue filmada en 16mm por los propios aventureros y luego llevada luego a 35mm, mediante una producción hecha en Alemania.
En el documental se explica, por ejemplo, que la embarcación tenía 13,6 metros de largo por 5,8 de ancho y que, si alguien caía al mar, Atlantis arrastraba una soga de 70 metros como único seguro de vida, ya que estaba completamente prohibido que otra persona se arroje al rescate.
También explica que el grupo de amigos se alimentaba de galletas secas, harinas, frutas, verduras, quesos, leche en polvo, embutidos, dulces y huevos, y que la comida la preparaban con una hornalla a gas. Esto fue primordial dado que, a pesar de que lo intentaron, nunca lograron pescar nada y si no hubiesen estado preparados, no hubiesen podido sobrevivir solo con pescado.
Los cinco navegantes del Atlántico pertenecen aún hoy al Centro de Actividades Deportivas, Exploración e Investigación, que nuclea a deportistas capacitados pero amateurs, que también hicieron otras aventuras como cruzar Los Andes en globo y escalar diferentes montañas de gran altura.
Recuerdos de su ciudad
A pesar que hace más de 50 años que reside en Mar del Plata, Jorge “Vasco Iriberri mantiene un hilo que lo une permanentemente a su Necochea natal, donde vio la luz el 18 de enero de 1947, en la clínica del doctor Aguerre.
Su casa paterna estaba ubicada en 59 Nº 3483. “Mi padre la construyó cuando aún la calle era de tierra y el boulevard lucía sus enormes eucaliptus”, recordó con nostalgia.
Jorge cursó la Primaria en la Escuela Nº 2, siendo algunas de sus maestras las señoritas Agesta, Guridi, Osanz y Dorys Acosta
El Colegio nacional “José Manuel Estrada” lo cobijó en la secundaria, donde fue abanderado y entre sus profesores tuvo a Enrique Balech, Félix Motti, Mosquera, Ojeda, Telmo Borrelli y Camilo López.
Más tarde cursó la carrera de Derecho en Mar del Plata, logrando el título de abogado, aunque nunca ejerció.
Iriberri dice que “sigue sintiéndose bien necochense”, viaja con mucha asiduidad a su ciudad natal y entre sus recuerdos más preciados aparece el Club Centro Vasco donde pasó parte de su niñez y juventud practicando deportes y formando parte de los grupos de baile de la institución.
A los 72 años el “Vasco” sigue remando y practicando actividades ligadas a la aventura, a la vez que tiene como otros de sus hobbies la fotografía. Su espíritu inquieto sigue en alto.