A 75 años de la liberación de los prisioneros de Auschwitz
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Reflexión de Erika Rosenberg, escritora, periodista y nieta de una víctima del Holocausto
Aquella tarde del 27 de enero de 1945 hacía frío. No era un día muy diferente a cualquier otro del invierno europeo, pero para los soldados de la 332ª división de Infantería del Ejército Rojo, aquella jornada quedaría grabada para siempre en sus memorias.
Alrededor de las 15, los endurecidos soldados soviéticos llegaron a un complejo de campos de concentración de prisioneros, pero no imaginaban lo que verían allí. Si bien en alguno de los campos hubo alguna resistencia, la mayoría de los guardias alemanes habían huido.
Los soviéticos se encontraron con 7.000 prisioneros esqueléticos, 600 cadáveres y una cantidad surrealista de objetos que habían pertenecido a los prisioneros y que tardaron días en contar: 370.000 trajes de hombre, 837.000 vestidos de mujer, 44.000 pares de zapatos, 7,7 toneladas de cabello humano y gran cantidad de restos de huesos de personas calcinadas.
En un libro publicado muchos años después, se cita la carta que uno de aquellos soldados soviéticos envió a su esposa hablando del espanto: “¿Puedes imaginar cuántas personas deben haber quemado los alemanes ahí? Al lado de un crematorio destruido, hay huesos, huesos y pilas de zapatos que llegan a varios metros de altura. Hay zapatos de niños en la pila. El horror es total, imposible de describir”.
Los soviéticos tuvieron que seguir luchando durante meses para finalmente lograr la rendición de Berlín, tras el suicidio de Hitler, en abril de 1945, tal vez por ello la liberación de Auschwitz no logró gran difusión y el mundo no comprendió la dimensión del plan genocida de los nazis hasta terminada la guerra.
Sólo en el complejo de campos de concentración y exterminio de Auschwitz fueron asesinadas al menos 1,1 millones de personas. Mientras que en todo el sistema de campos nazis fueron masacradas 6 millones de personas sólo por ser de origen judío, a los que se debe sumar otros 11 millones de prisioneros, entre ellos gitanos, homosexuales, Testigos de Jehová y soldados enemigos.
Por ello, el 27 de enero ha quedado inmortalizado como el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto.
Aprender del pasado
Entrevistada este fin de semana por Ecos Diarios, Erika Rosenberg, autora de las biografías de Oskar Schindler y su esposa Emilie, reflexionó sobre el significado de esta fecha para toda la humanidad.
“La Segunda Guerra Mundial y el Holocausto quedará grabado para siempre en la memoria. No debemos olvidar que en la Segunda Guerra Mundial no sólo fueron masacrados seis millones de judíos, lo que es una atrocidad, porque la matanza fue planificada, sino que el conflicto dejó un saldo total de 60 millones de muertos”, afirmó Rosenberg, que hace 44 años se enamoró de Necochea y se compró una casa donde pasa sus vacaciones.
“Masacrar a gente sólo por tener otra identidad, otro color, otras creencias, por militar en otro partido, no solamente es criminal, es propio de una mente asesina pura. Y es lo que he visto a través de mis humildes trabajos”, dijo la autora de ensayos, libros y entrevistas sobre el tema.
“Mi abuelo había participado, inclusive con honores, en la Primera Guerra Mundial. Fue condecorado. Y después fue perseguido y gaseado”, explicó Erika que tiene doble nacionalidad: argentina y alemana.
“Luego de la proclamación de las leyes de Nuremberg, en el 35, se les prohibió a todos los socialistas, comunistas, homosexuales y judíos, ejercer libremente su profesión. Mi abuelo era notario, mi padre un reconocido abogado en Berlín y mi madre médica. Mi padre tuvo que huir con mi madre, pero mi abuelo y toda su familia fue masacrada”, dijo Rosenberg, que precisamente por el destino fatal de su antepasados paternos no sabe en qué campo fue asesinado su abuelo.
“Es bizarro, mi abuelo en la Primera Guerra Mundial luchó por el imperio alemán y luego el mismo imperio lo terminan matando por ser judío”, señaló.
Rosenberg, que vive gran parte del año en Alemania y participa del programa de concientización del gobierno alemán, lamenta que a pesar de todo lo que se hace, este todavía siga siendo un tema delicado.
“Creo que el humano repite los mismos errores a través de la historia. Y se ve hoy en día claramente”, señaló. “En este momento Alemania tiene problemas, porque hay una gran corriente de extrema derecha que está creciendo”.