Cuando los alumnos tomaron el Nacional e Industrial
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La defensa de la universidad pública y el cuestionamiento a una profesora generaron en 1958 y 1960 la ocupación pacífica del Colegio Nacional y la Escuela Industrial
La toma que recientemente hicieran alumnos de varios colegios de la ciudad de Buenos Aires, en protesta por la reforma educativa que se avecina, despertó el recuerdo de dos ocupaciones que se produjeran hace casi 60 años en dos colegios tradicionales de Necochea: el nacional “José Manuel Estrada” y el Industrial.
Sin producirse daño alguno a los edificios, pero creando polémica y voces encontradas, la primera toma se produjo en 1958, argumentando la defensa de la universidad pública; y la segunda dos años después, ésta con preponderancia del alumnado del Industrial, en protesta por el desenvolvimiento de una profesora.
Algunos protagonistas aún conservan el recuerdo de esas ocupaciones teñidas de romanticismo y la excusa sirve para que las nuevas generaciones se enteren de que siempre hubo actos de rebeldía estudiantil.
El artículo de la polémica
Corría el mes de septiembre de 1958 cuando el gobierno que encabezaba Arturo Frondizi encaró con enjundia la decisión de establecer lo que se dio en llamar Ley Universitaria.
Sucintamente se trataba de reglamentar el artículo 28 de la ley 6403 existente de años atrás, que buscaba autorizar a las por entonces florecientes universidades privadas a otorgar títulos habilitantes al final de sus carreras, que por entonces era exclusividad de las públicas.
La intención gubernamental generó críticas y dividió en los sectores denominados “libre” y “laico”, es decir a favor y en contra de la medida. Un escenario de confrontación que se había apoderado de la Cámara de Diputados, donde se debatía la norma.
Primero la avenida Alsina (59), frente al Cine París fue epicentro de un par de mitines de profesores y alumnos defendiendo ambas posiciones, que felizmente no pasaron de los discursos y ningún sector agredió a que pensaba distinto.
Los entonces estudiantes Hugo Giuliano y Dora Torres y la profesora Nélida Bambill, en defensa de la apertura universitaria hacia las privadas; y los por esos años estudiantes universitarios Oscar Bruno y Emilio Marincevic y los profesores Luis Zanetta (Industrial) y Leopoldo Bernard (Nacional) fueron algunos de los oradores de los sectores en disputa en dichos actos.
Dos escuelas ocupadas
Sin embargo a medida que la porfía fue levantando temperatura, comenzaron las tomas de escuelas secundarias por parte de quienes se embanderaron en la idea de derogar el artículo 28, entendiendo que afectaría a la universidad pública.
Las ocupaciones de edificios al inicio se produjeron en las ciudades grandes del país, y hasta se generaron algunos fuertes enfrentamientos con la Policía. Fue el caldo de cultivo para que la extrema medida bajara en cascada al interior y en Necochea pronto hubo novedades.
Sorpresivamente, y en lo que presentaron como una ocupación “simbólica”, en la noche del 4 de octubre, dos grupos de alumnos se asentaron en el interior de los dos colegios secundarios de la ciudad.
Según la crónica de Ecos Diarios, la “invasión” al edificio del Nacional, en calle 57 entre 58 y 60, se produjo a las 20.45 de aquél sábado, cuando el mayordomo (cuidador) del lugar tuvo que ceder ante 35 alumnos que anunciaron la toma con bombas de estruendo.
Los “revolucionarios” no cedieron a los ruegos de la rectora, María Amelia San Román de Dabadíe, y ni siquiera a la presencia de una comitiva policial, que fue para prevenir posibles desórdenes. Los convencieron que no harían desmanes y mucho menos dañarían las instalaciones, e iniciaron la toma pacífica, no sin antes dar a conocer una declaración de principios.
En tanto, a la sede del Industrial, que por entonces estaba en calle 60 (Mitre) Nº 2555, unos 25 alumnos ingresaron a las 22, tras saltar el muro exterior y aprovechar que una ventana estaba entornada. El lugar no contaba con cuidador. Y como sus colegas del Nacional también difundieron un comunicado.
Los alumnos “laicistas”, que dormían en mantas o colchonetas y se turnaban para hacer guardia, empezaron a recibir adhesiones por parte de la mayoría del estudiantado de Necochea, que les llevaba alimentos para persistir en su propósito.
En el caso del Nacional a lo largo del día los alumnos emitían comunicados a través de un altavoz colgado en el frente del edificio.
La rectora de dicho colegio y su colega del Industrial, Juan Carlos Gómez interpusieron recursos de amparo en la Justicia, ya que las tomas no permitían el dictado de clases. Mientras tanto los chicos pedían l,a “colaboración y comprensión” de los mayores, incluyendo a sus padres, varios de los cuales se reunieron con las autoridades de los establecimientos para ver los pasos a tomar.
Si bien en todo momento los comunicados eran firmados por el denominados Comando Estudiantil, en el caso del Nacional, y el Comité de Ocupación, en el del Industrial, algunos de los protagonistas de la ocupación fueron Jorge Roo, Fernando Andrés Gómez, Oscar Bregante y Carlos Bilbao.
Como una victoria
Ante tamaño estado de agitación en todo el país, el Poder Ejecutivo decidiría postergar la implementación del artículo 28, lo que significó una victoria para los protestantes. “Demuestra que nuestro movimiento no ha sido en vano”, rezaba un comunicado que sería la antesala del final de la toma de las escuelas, acaecida el domingo 19 de octubre, tras 15 días de ocupación.
El Nacional fue devuelto previa acta del escribano Esteban Petrecca en un mini acto que se cerró con aplausos que sonaron a alivio general, mientras que los chicos del Industrial fueron menos ceremoniosos y se limitaron a darle la llave del edificio al rector, en la puerta del edificio.
Agitación en el Industrial
Las tomas del 58 serían en cierta medida el germen de una nueva ocupación, en julio de 1960, en este caso como con el alumnado del Industrial, aunque esta vez con otro motivo.
“Padres y alumnos de la Escuela Industrial piden la separación de una profesora”, rezaba uno de los titulares de la edición de Ecos Diarios del miércoles 20 de julio de ese año.
En la nota se daba cuenta del conflicto planteado porque los jóvenes y padres pedían la separación de la docente, argumentando que “dicta deficientemente las materias a su cargo”.
Los alumnos se negaban a participar de sus clases y ante las diferencias planteadas se llamaba a intervenir a un inspector de enseñanza.
La disputa alcanzó su mayor grado de crispación en la jornada del martes 26, cuando los alumnos daban a conocer un petitorio en horas de la tarde, cuestionando seriamente la conducción de la escuela y del hecho en sí; y exigía el alejamiento de la docente cuestionada y la designación de un delegado del Ministerio de Educación de la Nación, para definir la cuestión.
Sobre la medianoche un grupo de varios alumnos tomaba las instalaciones de la escuela, sita en calle 60 Nº 2555 y del taller, ubicado en avenida 59 Nº 1643, en un acto de protesta. Se labraba un acta a través de un escribano con las causas de dicha decisión.
La medida fue respaldada por el alumnado del Colegio Nacional, que si bien esta vez no tomó el edificio, si hubo una marcada no concurrencia a clases, en adhesión a sus pares del Industrial.
Los protestantes pedirían luego la intervención del establecimiento y recibirían fuerte apoyo, como ser de ex alumnos del establecimiento que elaboraban un comunicado de respaldo y firmaban, entre otros, Mario Arru, Néstor Gargiulo, Daniel Izquierdo, Carlos Rúa, José M. Barbuto, Mari Sánchez y Juan A. Darfé, entre otros.
El conflicto tendría un feliz desenlace para los alumnos, ya que la Escuela Industrial sería intervenida, designándose en ese rol al inspector de enseñanza técnica, José Huici, y en la noche del viernes 29 los jóvenes levantaban la ocupación, ante la promesa de una investigación por parte de la nueva autoridad temporaria del establecimiento.
En el historial educativo de la ciudad, con las lógicas actitudes de los adolescentes, siempre existieron resquemores, chanzas y enfrentamientos entre los alumnos del Nacional y el Industrial, que por varios años fueron las únicas secundarias de la gestión pública y las más tradicionales hasta estos días. Sin embargo en 1958 y 1960 se dieron la mano para compartir protestas, que muchos de sus actores rememoran hoy con una sonrisa.
“Significó un despertar”
Carlos Bilbao, quien con el correr de los años fuera senador provincial, concurría en el lejano 1958 a cuarto año del Colegio Nacional y fue un protagonista directo, formando parte del grupo que había tomado el edificio.
“Recuerdo que nosotros defendíamos la reforma de la universidad nacional y la enseñanza pública, en el caso de la secundaria”, apuntó.
Para Bilbao aquél acontecimiento fue “nuestro primer compromiso con las causas de todos. Nuestro despertar político, más allá de que los mayores a veces no nos entendieran. Todos queríamos participar”.
“Nos quedábamos a dormir en los salones, en colchonetas de educación física y de noche sólo permanecíamos los varones”, destacó, a la vez que resaltó que “lo nuestro fue con mucho respeto con la propia escuela”.
“Fue un hecho inédito, una quijoteada de jóvenes y tomamos el compromiso de sostener la universidad pública”, contó Alfredo Di Rocco, quien en el 58 asistía al Nacional para agregar que “fue sumamente pacífica, no se insultó a nadie y mucho menos se destruyó. Por eso guardamos un grato recuerdo.
Por su parte, Noel Gardey, quien integraba por aquellos años el Centro de Estudiantes Laicos Necochenses, que apoyó la ocupación de los colegios en 1958 aseguró que “por entonces tenía 15 años y si bien no tomé parte directa de la toma, la respaldaba porque éramos todos amigos o conocidos”.///