A catorce años de su muerte, no hubo justicia para Mónica Neila
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Se descartó rápidamente el robo como móvil, pero no se pudo probar ninguna otra hipótesis
Catorce años transcurrieron desde aquel martes 21 de septiembre de 2006, cuando una mujer regresó a su casa y encontró a su hija sin vida. Desde entonces, el crimen de Mónica Neila ha comenzado a caer en el olvido y se ha convertido en un símbolo de impunidad y también de impericia en la investigación.
Desde el principio los propios investigadores hablaron de la contaminación de la escena del crimen y de posibles ocultamientos. Se descartó el robo como móvil del homicidio y se habló de un posible drama pasional, pero en realidad nunca se pudo probar nada.
Mónica Neila fue encontrada muerta en su propia habitación, en la vivienda que compartía con su madre en la calle 61 al 1300.
De acuerdo a la autopsia, falleció entre las 2 de la madrugada y las 10.30 de la mañana del mismo día. El cuerpo de la mujer fue encontrado por su madre, Irma Cacace. Neila se encontraba semidesnuda, con ropa interior que no sería suya y golpes en la cabeza.
Fue precisamente Cacace quien, al regresar de su trabajo, encontró a Neila muerta y dio aviso a la Policía.
La madre de la víctima, que luego falleció, señaló que le habían robado dinero y joyas.
En un primer momento se sospechó que los delincuentes habían ingresado a robar luego de que Cacace se fue a trabajar y fueron sorprendidos por Neila.
Por esta razón, según la primera de las hipótesis, habría sido asesinada por los ladrones, que para ingresar violentaron una ventana con un destornillador y luego escaparon por los fondos.
No obstante, aunque el mayor desorden se encontró en la habitación que ocupaba Neila, el dinero fue sustraído del sector de la casa donde residía su madre, pero en esa parte de la vivienda no había nada desordenado.
Con el tiempo se comenzó a sospechar que en realidad Neila había sido víctima de un drama pasional, sin embargo eso tampoco pudo ser comprobado.
Con la muerte de la madre de Neila, años más tarde, el caso entró definitivamente en un camino sin salida y quedó archivado.
Pericia y misterio
En febrero de 2008, a un año y cinco meses del homicidio, un estudio del escenario del crimen y de la secuencia en la que se desarrollaron los hechos, señaló como probable la participación de más de una persona en la muerte de Neila.
Las pericias solicitadas por el fiscal Roberto Mirada al titular de la Policía Dirección Científica Regional Atlántica, con asiento en Mar del Plata, parecían indicar que la mujer no fue asesinada durante un robo y que existió una manipulación posterior para cubrir el verdadero móvil del homicidio.
Mientras las pericias sobre material genético encontrado en el lugar del hecho (cabellos, saliva en colillas de cigarrillos, manchas de sangre, etc.) no permitieron obtener pistas sobre el o los autores del crimen, las pericias de las secuencias del hecho y los estudios psicológicos, aportaron importantes elementos a los investigadores.
La técnica, denominada secuencia fáctica del hecho, implica un reconocimiento del escenario del crimen y con todos los elementos de prueba existente, la reconstrucción de los incidentes.
Fue así que se pudo determinar que, a diferencia de lo que se pensó en un primer momento, Neila no fue atacada mientras dormía. Según el estudio, la mujer habría sido golpeada en la cabeza con un objeto contundente cuando se encontraba sentada en la cama.
De acuerdo a manchas de tejido hemático encontradas en una virgen que se encontraba sobre la mesa de luz, la sangre debió salpicar la pared ubicada detrás de la cama, pero no se hallaron salpicaduras, lo que hace sospechar que había alguien detrás de Neila.
Esto coincidiría con la forma en que fue estrangulada la mujer y reforzaría la hipótesis de los policías a cargo de la pericia, según la cual Neila habría sido estrangulada por el brazo de una persona que se encontraba a sus espaldas.
Según las conclusiones del estudio de criminalística, “el homicidio se produjo en la cama del primer dormitorio, lugar de hallazgo de la víctima, por asfixia mecánica por compresión del cuello, siendo muy probable la participación de más de una persona”.
Mientras que un examen del escenario del crimen permite determinar que “el hecho de robo sería posterior al de homicidio”. Se sugería incluso que el supuesto robo habría sido armado para “enmascarar” el móvil delictivo, que sería “del tipo pasional”.
No obstante, es imposible determinar por esa secuencia que el crimen haya sido pasional, como indicaron los investigadores.
Por otra parte, de acuerdo a la autopsia, queda claro que el crimen se produjo entre las 2 de la madrugada y las 10.30 y que de haberse cometido antes de las 6.30 de la mañana, Irma Cacace debió haber escuchado cuando mataban a su hija.
La pericia también pone en dudas que los autores del hecho hayan escapado por los fondos y utilizado una escalera para hacerlo. “Existen indicios y circunstancias que permiten desvirtuar el hecho de robo como móvil delictivo”, aseguraba el estudio.
Especulaba también sobre “la prolijidad en la que quedaron ciertos elementos de supuesto valor para los delincuentes, los que se evidenciaban caídos y demarcando una ruta de escape por los fondos de la vivienda, como así también, la ubicación de una escalera extraída del sector de gallinero y colocada sobre una medianera de alambre tejido y chapa acanalada de tan solo 1,7 metros, aproximadamente”.
De acuerdo a los investigadores, tras saltar la medianera, se accede al parque de una vivienda vecina que tiene un paredón que supera ampliamente la del obstáculo anterior y que sin embargo no se encontraron allí “elementos de ayuda para el escalamiento, lo que demuestra falta de necesidad de la utilización” de la escalera.
De esta manera, la pericia fáctica sólo sirvió para sumar especulaciones, pero ninguna certeza sobre el motivo del homicidio y a catorce años del crimen, queda claro que nunca se sabrá que le ocurrió a Mónica Neila.///