A grandes males, grandes remedios
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Afirmar que el complejo Casino se ha transformado en una ruina que lastima a los ojos de quienes vieron su esplendor, a esta altura no merece ningún tipo de discusión.
Con un abandono total, faltante de barandas, vidrios rotos, cielorrasos que se caen, locales vacíos y mugre por doquier, el lugar nos es más que un lamentable despojo, que invita a todo tipo de ataques y roturas, acciones que son abonadas por la falta de cuidadores en la mayor parte del día-noche.
En tal circunstancia cuesta entender la lentitud que exhibe el Ejecutivo para poner en marcha la solución que el propio intendente Facundo López ha expuesto en más de una oportunidad: subastar el edificio en forma parcial o total y darle lugar a nuevos emprendimientos de capitales privados en las tierras más valiosas de Necochea.
Anunciado en varias oportunidades, el supuesto proyecto que estaría haciendo la comuna, no es derivado al Concejo Deliberante para su análisis y tratamiento. El tiempo transcurre y no se da una solución de fondo.
Más allá de esta decisión, que seguramente generará las discusiones, a veces sin sentido y que tanto han afectado al desarrollo de Necochea, ejemplos de ellos son el freno a desarrollar el frente marítimo hacia el Oeste y generar el cambio que el parque Miguel Lillo necesita.
De no resolverse en lo inmediato este tema por vía de la subasta propuesta y a seis meses de otra temporada de verano parecería que la única solución factible y simple es la demolición y el posterior remate de las tierras, que podría llegar a tentar a inversores más que la del edificio.
Este pensamiento se fundamenta en que más allá que algunos han sostenido que la estructura aún muestra firmeza, lo que ya hoy no importa, la realidad es que la parte viva del lugar se desmorona a grandes pasos, transformándose en un enorme peligro por desprendimientos que afecten al habitual peregrinaje de personas que nada tienen que hacer en el lugar, que hoy es tierra de nadie.
Ejemplos de estas «invasiones» no faltan: en un par de oportunidades la instalación de una familia en uno de los laterales, exhibiendo sin pudor alguno un tendal con ropa colgada; los peligrosos juegos de adolescentes en las terrazas que dan a la avenida 2 y que de caerse seguramente perderían la vida; la instalación de una carpa de turistas en otro de los laterales para pernoctar frente al mar y últimamente la invasión de individuos que van adormir en el auditórium.
Quienes postulan que aún se podría revivir el complejo turístico que fuera alguna vez el Casino, no avanzan más allá de un deseo sustentado en los recuerdos de lo que aquél emblemático edificio de los 70. En el fondo no quieren admitir que el complejo se ha constituido en un pésimo y peligroso lugar.
Observando el panorama a esta altura, no habría que descartar la demolición de ese adefesio en el que se ha constituido el complejo y dar rápida vía a la transformación de uno de los sitios privilegiados de la ciudad. Claro que para ello ocurra, quienes deben decidirlo tienen que estar convencidos y preparados a pagar los costos políticos que sean necesarios. De decisiones valientes y arriesgadas se nutre el desarrollo de una ciudad. Y el estancamiento de Necochea mucho tiene que ver con la falta de determinaciones de este tipo.///