A grandes males grandes remedios
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Y siguen pasando los meses y no se toma una decisión sobre el edificio del Casino, que cada vez, como es lógico, está peor. Sólo funciona la sala de juegos que, si bien supuestamente se va a cerrar, todavía no se sabe cuándo.
Esta semana que pasó, los pastos estaban tan altos que se veían de lejos, completando un panorama de lo más desolador, que incluye barandas que ya no existen, cielorrasos y mampostería caída, escasa iluminación y sectores clausurados que nadie respeta.
Quienes viven en los edificios de enfrente, aseguran que en los techos se ven continuamente chicos en bicicleta o patineta, con el riesgo que esto implica. Si llega a pasar algo, ¿quién se va a hacer responsable de esta situación?
A fines del año pasado, ante el inminente cierre de la sala de juegos –que al final no sucedió-, fue el Intendente el que deslizó la posibilidad de subastar o vender parte de la estructura y anticipó que giraría al Concejo Deliberante un proyecto para discutir qué hacer con el Casino. Sin embargo, nada de esto sucedió. Pasaron los meses y el año entero, y el complejo sigue igual, o mejor dicho impresentable, porque el deterioro se va agravando.
No son pocos los que piensan que la solución sería demoler la estructura y empezar de nuevo. Recuperar ese edificio para darle un nuevo uso, requeriría una inversión millonaria que el Estado no está en condiciones de hacer, mientras que los privados no invertirían en un predio que no les pertenece y no les resulta interesante, a la vista está. Ya se han hecho diferentes intentos, tal vez el más firme el llamado internacional de 1998 para la explotación del complejo y Jardín de Rocas es decir que, desde hace 20 años que se viene soportando este problema sin solución. Al momento que fue traspasado al municipio, lo calificamos como “un presente griego” y hoy, en el estado calamitoso que se encuentra decimos que es una vergüenza y ofensa pública.
Ante esta situación, la demolición y posterior venta de esa valiosa tierra frente al mar aparece como la salida más acertada para resolver un problema –porque a esta altura el Casino ya es un problema- que viene como es sabido de años, sin que nadie se anime a tomar una decisión.
Desde ya que esto debe impulsarse desde el Estado en el marco de un proyecto transparente y serio, donde el municipio ponga las condiciones o los lineamientos de lo que se puede construir. Con el dinero que se recaude de la venta, se podrían proyectar obras para distintos sectores de la ciudad, algo que también debe estar claro y controlado para que efectivamente los fondos se utilicen para el bien de la comunidad.
Por supuesto que una decisión así generaría un fuerte rechazo desde algún sector que, por lo general, se opone al cambio. “La ciudad del no”, dicen algunos. En este sentido, hay que tener en cuenta que siempre los cambios suponen resistencias, porque muchos prefieren dejar todo como está y que nada se modifique.
Esto que sucede en Necochea, también ha pasado y pasa en otras ciudades. En Mar del Plata, por ejemplo, hace ya unos cuantos años cuando Elio Aprile era intendente (1995-2002), gran parte de la comunidad se oponía a la demolición de viejos edificios y locales frente al Casino. Pese al fuerte rechazo de un sector, manifestado con un abrazo a dicha manzana, el jefe comunal ya había tomado la firme decisión, entendiendo que era lo mejor e hizo demoler todas las construcciones existentes (en calle Buenos Aires entre Moreno y Belgrano) el 15 de junio de 1999, a través de una implosión a la madrugada. En el lugar, se hizo una plaza seca que mejoró, y mucho, la imagen del sector.
Es de esperar que pronto el Ejecutivo defina qué hacer sobre este tema y que se pueda consensuar en el Concejo Deliberante. Pero la decisión que se tome, debe ser radical, profunda y definitiva. No se puede seguir emparchando una estructura que ya no aguanta más.