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    A la caza de “tesoros”

    13 de marzo de 2021 | 22:06
    A la caza de “tesoros”
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    Con scanner encuentran objetos de oro, plata y otros que causan asombro. Los secretos de un hobby que suele resultar rendidor

     

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    “Para mí es un hobby que cada vez me atrapa más y que a lo largo de los tres años que llevo haciéndolo, me ha deparado enormes sorpresas y recompensas…”, señala a  Ecos Diarios Andrés Cafiel, mientras hábilmente scannea la arena de la playa necochense en busca de algún elemento de oro, plata o de valor histórico.

    Andrés, quien ante el éxito de sus recorridas por las playas de Necochea y Quequén le adquirió un equipo de trabajo a su hijo Braian, es uno de los “5 o 6” detectores de metales, como les gusta que los llamen, que actualmente “barren” las arenas y hasta se internan en el mar.

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    El equipo de trabajo está integrado por una especie de rueda detectora de metales, que se pasa a escasos centímetros de la arena y que a través de un medidor emite sonidos al auricular que porta el buscador. Cuando suena un pitido es que se ha hallado un metal, que saldrá a la luz mediante la excavación con una pala que completa el equipamiento. En su mayoría el equipamiento es importado (entre otros lugares de Australia), con un costo de unos 1.000 dólares.

     

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    Oro, el gran objetivo

    Un joven al que solo se recuerda por su nombre: Rodrigo, fue el precursor de las búsquedas por nuestras playas, ya hace 17 años. Luego se fue a vivir a Brasil y dejó a sus émulos, que se siguen sumando cada vez con más entusiasmo.

    La tarea es un verdadero acertijo, donde la intuición y la fortuna definen, ya que en la extensísima playa local el tesoro que se busca puede estar en cualquier lado. A veces a escasos metros de donde se scanea y no ser descubierto.

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    Cafiel da cuenta del arsenal de objetos que ha hallado. Desde medallas, cadenas y anillos de oro y plata, que vaya a saber cuándo fueron extraviados; hasta bombillas, latas, tapitas, teléfonos celulares, baterías, llaves y hasta alguna que otra dentadura postiza que el scanner detecta al haber algún diente de oro o una pieza de titanium, monedas y algún marcapasos.

    En su colección personal, el optimista buscador guarda un lugar especial una alianza de oro con dos nombres y el año 1922 al lado. Y al momento de dialogar con Ecos Diarios su equipo detectó una cruz de malta color verde. Todo lo obtenido luego es limpiado en su casa, donde cuenta con una amplia colección de objetos.

    Cafiel también resalta la tarea de limpieza que hacen: “Todo lo que sacamos y no sirve lo llevamos y arrojamos donde corresponde”, cuenta. Con lo valioso que halló pudo adquirir el equipo para su hijo y hasta comprar algún electrodoméstico para su casa. Cada jornada, luego de su trabajo en la Usina, la rutina de Andrés comprende un recorrido de unos cinco kilómetros de playa. Una tarea que se extiende a lo largo de todo el año.

    Con emoción recuerda que “hace un mes bajé a la playa y una señora vino a mi encuentro, diciéndome que me estaba esperando para ver si podía hacer el milagro de hallar el anillo de oro que su nieta había perdido en la arena mientras jugaba y que era el único recuerdo personal de su madre fallecida. Por suerte lo encontré y terminamos llorando todos…”

     

    Algunos secretos

    El éxito de esta labor radica en la paciencia y la continuidad para recorrer cada día que se pueda la extensa superficie playera. Son horas de caminar “peinando” la arena y la mayoría de las veces retirarse sin haber hallado nada de valor.

    Como en toda actividad, en el ambiente de los rescatadores existen algunos secretos para enfilar mejor la búsqueda. Por caso una seguidilla de días de sudestada suele deparar un buen botín, ya que el mar enfurecido arroja a la orilla diversos objetos.

    Buscar de noche es otra opción, mientras que la zona donde bajan los 4×4 no suele ser de las más fructíferas, ya que quien tiene de valor lo deja en la camioneta. En cambio el sector de los balnearios es más rentable en este sentido.

    En la despedida Andrés sentencia: “El mar a la corta o a la larga despide todo lo que no le pertenece. Solo hay que ir a buscarlo…”

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