“A pesar de todo, persiste un fuerte sentimiento de esperanza”
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Destacó el obispo Gabriel Mestre y llamó a “abrir el corazón a Cristo”. Con motivo del Adviento, encabezó anoche la misa en Santa María del Carmen
Anticipando un mensaje con motivo de la Navidad y fin de año, el obispo Gabriel Mestre apostó a la esperanza y unión, al decir que “Navidad es Jesús que nace en nuestro corazón y eso es motivo para la esperanza y la alegría, asumiendo las cruces y dificultades de la vida. Invito al creyente, al más o menor creyente a abrir el corazón Cristo y a aquél que está más expectante a animarse a abrirle el corazón a Cristo, porque vale la pena, ya que no quita nada y lo da todo…”
El titular de la Diócesis de Mar del Plata hizo ante Ecos Diarios su análisis de la realidad que vivimos, en el marco de su visita de ayer a la parroquia Santa María del Carmen, para encabezar la misa en el marco del Adviento. El monseñor tras la misa de anoche hizo una prédica con la exposición del Santísimo Sacramento, bajo el lema “Caminemos juntos en la audacia del espíritu”.
Como no ha ocurrido con sus antecesores, Mestre ha tenido una marcada presencia en Necochea desde que inició su obispado, con numerosas asistencias a eventos de las distintas parroquias. Para él es una respuesta personal “a la propuesta del Papa de una Iglesia en salida. Como obispo debo dar el primer ejemplo y suscitar sobre los curas, religiosos y laicos esta cuestión. Priorizo el estar, el contacto humano y el acompañar. Esto último no se logra si no se está presente…”
Las misiones en verano y una priorización de las parroquias de la costa aparecen en los planes inmediatos del obispo, para las semanas que se avecinan.
La realidad actual
Su constante andar por las ciudades que conforman la Diócesis le posibilita a monseñor Mestre una radiografía de la actualidad. En tal sentido apuntó que “en las comunidades cristianas noto un principio fuerte de esperanza en medio de las situaciones críticas, que tienen que ver con lo estructural de la Patria y de la zona, con un mismo contexto”.
Luego añadió que “veo esa esperanza en los grupos de las comunidades, en las manifestaciones públicas, como ser la marcha de la fe en Necochea, donde la gente que por ahí no tiene una presencia continua se sumó a estos eventos, en su carácter de católico, bautizado y devoto de la Virgen, San Expedido o San Cayetano”.
Respecto a San Cayetano confesó haberse “sorprendido cuando vine a hacer la apertura a la medianoche en la capilla del barrio 9 de Julio y la encontré llena de creyentes. Fue una grata sorpresa y alegría”.
“He estado celebrando misas en cárceles, en hospitales y en medio del dolor se nota esa esperanza de poder cambiar la realidad. Me dejan un mensaje de que todo no está perdido, a la que se suma una fuerte sensibilidad social, que hay que aprovechar”, subrayó Gabriel Mestre.
Ni oficialista, ni opositora
Respecto a los últimos señalamientos surgidos desde la Iglesia acerca de la situación del país, el obispo precisó que “como institución, a través de la voz de sus pastores, la Iglesia debe expresarse, quedando siempre en claro que no es ni oficialista, ni opositora al gobierno de turno. Quedando claro esto, buscamos plantear las necesidades que están tocando los elementos de la dignidad del ser humano o la familia. No deben pagar el precio del ajuste los más pobres, marginados y carenciados. Para ello hay que reforzar la cuestión asistencial, que la Iglesia cumple a través de Cáritas, asociada a los gobiernos. Hay que recuperar la cultura del trabajo en el país…”
Irritabilidad y virulencia
Mestre no ocultó su preocupación por dos cuestiones que priman en la sociedad argentina actual: irritabilidad y virulencia. “Son dos comportamientos que la vemos en programas de TV, la cola del supermercado o la vía pública. Es una retroalimentación, abonada por anti modelos que no ayudan y naturalizan esto. Creo que estamos ante un problema cultural y educativo, que combinado con una pobreza estructural y una cierta injusticia, genera un caldo de cultivo negativo. En mis homilías insisto en pensar antes de actuar, en poner la cabeza en una cubetera, sin por ello dejar de decir las cosas que sentimos. Pero con respeto hacia el otro y su forma de pensar distinto”.
Luego añadió que “este año con el tema de la despenalización del aborto vimos claramente dos sectores fundamentalistas: pro aborto y otro que defienden la postura nuestra, de la Iglesia. Pero a nadie le da derecho a agredir al que piense distinto. Sino terminamos en una especie de caricatura, que no nos posibilita sentarnos a una misma mesa a charlar a quienes pensamos distinto”.