A propósito de las concesiones
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Si hay una falencia que ha atravesado las últimas administraciones municipales y ninguna ha logrado encauzar, es el de las concesiones, que a esta altura superan el centenar, muchas de ellas con explotaciones ligadas al turismo.
Entre la paleta de fallas, aparecen la falta de control del municipio, por negligencia; lo que activa a los concesionarios a no hacer las mejoras a su hora, acordadas a través del pliego inicial y devolver el lugar explotado, ciertos casos, en medio de causas judiciales o con una manifiesta destrucción. Están quienes mal creen que por haber invertido en las construcciones o ampliaciones, son los dueños eternos de los lugares.
Algunos “sospechosos” incendios suelen ser el corolario de estos emprendimientos, que deberían dejar un rédito para la comuna.
Pero sin duda que “la perla” principal es el otorgamiento, por más tiempo de lo aconsejable y con irrisorios cánones, de sitios de mayor respuesta en materia de consumo en la costa, tanto sea de Necochea como de Quequén. Ejemplo de esto es los $2.500 anuales que se ha venido pagando por la concesión del balneario Monte Pasubio, o los $10.000 del complejo Kabryl. Una migaja comparada con los valores de cualquier los alquiler comercial.
Punto aparte, con el aditamento de que se trata de las tierras más caras y codiciadas de la ciudad, han sido las cesiones de los predios del parque Miguel Lillo, frente al mar, para que varios sindicatos construyeran sus campings y hayan pagado en todos estos años cánones que no superan los $ 30.000 por los doce meses. Invirtieron, en actividad privada dando por tierra la inocente frase “el parque es de todos”. Un negocio pingüe para las huestes gremiales.
Si se observa en el tiempo, la Municipalidad parece no querer usufructuar un cuantioso ingreso que podría tener por el más de un centenar de concesiones existentes y que alimentaría convenientemente sus habitualmente famélicas arcas.
Ha existido un concepto errado al fijar los cánones, como así también un marcadísimo descontrol de las concesiones, tanto del seguimiento y exigencia de sus cobros, como el mantenimiento y cumplimiento de lo pactado.
Por estos días el Ejecutivo viene impulsando una serie de renovaciones de concesiones en puntos clave de la costa (balnearios) y que también incluyen, por primera vez, al velódromo municipal de la avenida 10.
Además de las innovaciones y exigencias que se proponen en cuanto a una transformación de los emprendimientos, por caso con construcciones bajas para que se vea el mar, la administración esta vez piensa aplicar una nueva herramienta para que los valores de las concesiones no queden desfasados o pasen a ser una ridiculez.
Se trata de tomar en cuenta el sueldo de un empleado ingresante en el escalafón municipal, hoy en el orden de los $10.000, y establecer distintas valoraciones de acuerdo a la magnitud del predio y emprendimiento concedido, a la vez que se irán actualizando anualmente, en el mismo índice en la que se cierren las paritarias del sector municipal
El Concejo Deliberante ya avaló los pliegos del balneario Tarsis, cuya licitación se hará en próximas horas, y está al estudio de los planes para otros tres balnearios y el velódromo.
Es de esperar un exhaustivo análisis por parte del cuerpo deliberativo, en especial sobre los recaudos jurídicos ante inconvenientes futuros que se presenten entre las partes (municipio-concesionario) y fundamentalmente que se planteen cánones acordes y ajustables en forma periódica.