A través de los ojos de un visionario
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Dos años después de la fundación Angel Murga ya soñaba con un gran puerto de aguas profundas por el que saliera la producción de la región
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Ecos Diarios
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Para 1931, cuando la ciudad cumplía sus primeros 50 años, el puerto local era uno de los más nuevos del país. Los primeros estudios serios se habían realizado recién en el año 1906, en que se proyectó un puerto de cabotaje.
La primera concesión fue otorgada a la Sociedad Angel Gardella y Cía. Y en el año 1908 el Congreso votaba la ley considerada el punto de partida para la construcción del puerto.
Por dicha ley se destinaban tres millones de pesos oro para las obras que se adjudicaron a la Societé des Gran Travaux de Marseille, la que inició los trabajos a mediados del año 1911.
Votó el Congreso nuevas partidas en 1917 con destino a las obras del puerto y en el año 1921 terminó su contrato la Societé des Grands Travaux de Marseille.
A partir de entonces la Dirección General de Navegación y Puertos prosiguió administrativamente los trabajos.
Recién a mediados de la década de 1920 tuvo un importante impulso en sus actividades. En los primeros ocho meses de 1931 tuvo un movimiento total de 210.000 toneladas. El año anterior se habían cargado 184.000 toneladas y en 1929 unas 121.000, lo que demostraba el importante crecimiento registrado en el movimiento portuario local.
En 1929 habían operado en el puerto local 17 buques, en 1930 fueron 36 y en los primeros ocho meses de 1931 el número llegó a 38, con un calado medio que fue creciendo en esos tres años de 19,1 pies a 20,7 y a 23.3.
El sueño de Murga
Angel Ignacio Murga, para la historia local fundador de la ciudad, se caracterizó por ser un visionario. Abarcó todos los aspectos que luego, con el transcurso de los años, distinguirían a Necochea y la zona.
Tampoco escapó a su sagacidad la necesidad de contar con un puerto que permitiera al distrito y la región cargar su producción y transportarla hacia los grandes centros urbanos nacionales.
“Cuando Murga y sus colaboradores se reunían en la boca del Quequén, como entonces se lo llamaba a lo que hoy es el Puerto, vislumbraban la perspectiva de un futuro colmenar humano entregado al afiebrado ajetreo de la labor tensa, entre el humo de las chimeneas de los barcos y el afluir constantes de los elementos transportes llevado su precioso cargamento”, señala un artículo publicado por Ecos Diarios en 1931, en el 50º aniversario de la ciudad.
“Veían pasar a lo lejos, allá junto a la línea del horizonte, los vapores que seguían de largo y comprendían que algún día esos mismos vapores habrían de hacer escala obligada en la boca del Quequén”, añadía el artículo.
El interés de Murga por el puerto queda demostrado en una carta que escribió cuando el Lloyd Argentino solicitó informes sobre el tema a la Municipalidad de Necochea.
Esta era una empresa fundada por el ex oficial del ejército húngaro, Cnel. Mauricio Mayer. Este militar había llegado a la Argentina en 1869. Lucio Mansilla lo nombró capitán y en breve llegó a ser jefe del destacamento en la región fronteriza en la lucha contra los indios, en Río Cuarto.
Fundó un gran negocio de comercio exterior y de navegación, la empresa Mayer-Brugo, luego transformado en Lloyd Argentino.
El 18 de marzo de 1883, Murga respondió personalmente al Francisco Uriburu, presidente del Lloyd Argentino.
“La corporación que tengo el honor de presidir ha sido impuesta del contenido de la nota del 1º del corriente, tomándose el interés que ella merece, por las ventajas que reportaría a este pueblo el establecimiento de la carrera a vapor al puerto de Quequén Grande, teniendo en vista las conveniencias que a la vez puede tener el estudio de este importante asunto”, escribía Murga.
“Quequén Grande es un río perfectamente navegable, desemboca en el Océano Atlántico después de recorrer una extensión de 30 leguas. Le son tributarios muchos ríos y arroyos no menos importantes cuyo número son 12 y es la causa del aumento de su caudal de agua. La profundidad de este río varía entre los 16 y los 22 pies, siendo mayor ésta en el invierno. El ancho es casi en general de 70 metros. En el verano, en la parte que forma la barra o desembocadura en el mar, conserva a pesar de este obstáculos natural en todos los ríos, una profundidad que facilita la entrada a buques de 10/4 de calado y son los que frecuentan este puerto, de cuanto todos a excepción del “Dos Hermanitas” que calaba”, agregaba.
Además, Murga señalaba que “los años y la práctica nos han demostrado que convienen los buques de ocho cuartas para poder tener entrada en todo tiempo”.
Navegar por el río
“Después de pasar la barra el río no presenta obstáculo alguno y en una extensión de 2 leguas más o menos al interior pueden internarse los buques teniendo calado suficiente y que con anterioridad digo varía entre 16 y 22 pies de profundidad”, precisaba.
“Han cargado frutos el Joven Antonio, Dos Hermanitas y otros buques a una y media legua dentro y el infrascripto ha practicado operaciones análogas en otros buques sin dificultad”, señalaba.
“Tiene el río la mayor facilidad para atracar en cualquier punto por no presentar pantanos ni cangrejales en parte alguna y tener barrancas firmes a ambas márgenes”, indicaba. “En el invierno aumenta muy considerablemente el caudal de sus aguas y es cuando tiene sus cambios mayores y rápidas transformaciones el canal de la barra, dando siempre por resultado profundizarse la entrada y ser accesible a buques de mayor calado”.
“Opino que estos inconvenientes disminuirían si interno se puedan practicar obras, pudiese dragarse el canal de la barra, que sólo presenta una distancia de 130 metros aproximadamente según los sondajes practicados”.
En la carta Murga también indicaba que existían en el puerto local “dos hombres que sirven de prácticos para la entrada y salida y tiene balizada la entrada; se ocupan en la pesca y recorren diariamente el río y su desembocadura”.
“La importancia comercial es indiscutible”, afirmaba el fundador. Y opinaba que Necochea, Lobería, Tres Arroyos y Balcarce tendrían que “servirse de este puerto si se reglamentara con regularidad la navegación y se hace el transporte barato para poder competir al flete de carreras y ferrocarril que pagan los comerciantes de estos puertos hasta la Capital, dándoles por resultado el excesivo precio de doce y quince pesos por arroba a los de Necochea, Tres Arroyos y Lobería y de siete y ocho pesos a los de Balcarce”.
“Una de las causas que dará mucho impulso y movimiento a este puerto será el poder asegurar las cargas a un interés equitativo, porque hasta hoy la compañía no ha querido abandonar la usura, en este sentido ha sido vista por varias personas y han exigido, según informes, el 2 y medio por ciento”, sostenía Murga.
“Para mayores informes puede el señor presidente dirigirse al señor Pablo Neumayer, que tiene su domicilio en esa Capital -calle Montevideo 95-. Este señor ha hecho estudios muy minuciosos del Río Quequén y podría presentar planos y sondajes practicados por él en virtud de una comisión dada por esta Municipalidad. Los conocimientos del señor Neumayer y su profesión lo habilitan para dar mayores datos como dejo dicho”, señalaba.
“De los informes pedidos sólo resta ahora dar el siguiente de mucho interés aunque él sea algo ligero, pero se basa en los hechos y conocimientos exactos de lo expuesto”, decía Murga. “Durante el año pasado entraron a Quequén 71 viajes de buques cargados con 189.687 arrobas de mercadería”, precisaba.
“Salieron los mismos buques cargados de frutos conduciendo a esa capital 161.885 arrobas”, añadía. “Los precios que cobran son excesivos por arroba, siendo éstos los de 5 y 6. Esta es la razón porque no aumenta más rápidamente la afluencia de cargas a este puerto”.///