Abrazar la fe y ser positivos en épocas de crisis
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Por naturaleza los seres humanos necesitan creer, algunos son devotos religiosos. Otro sector de la comunidad profundizan en la búsqueda del bienestar.
En épocas de crisis como las que nos toca atravesar a causa de la pandemia por el coronavirus, mucha gente se aferra a la fe para no bajar los brazos, mientras que otros apelan a diversas creencias, tanto espirituales, astrológicas o de autoconocimiento, para sobrellevar el mal momento.
Todos creen en algo, la mayoría en Dios, aunque no participa de las ceremonias religiosas y, paralelamente, viene creciendo una modalidad de positivismo, que llevado a un extremo puede tornarse dañino porque impide tomar contacto con la realidad.
Las creencias, la fe y las religiones son tan diversas como los seres humanos y de acuerdo a la Real Academia Española, creer significa tener por cierto algo que el entendimiento no alcanza o que no está comprobado o demostrado, como también dar firme asenso a las verdades reveladas por Dios.
Los necochenses no escapan a la generalidad y ante la consultan afirman tener fe en Dios, aunque han apelado a alguna cábala, hicieron alguna terapia holística o consultaron algún tarotista o astrólogo para despejarse determinadas dudas.
Según una especialista en psicología, hay que tener cuidado con los eslogan que hacen referencia a estar siempre felices o que las cosas suceden para “aprender” algo, porque si la persona está angustiada no va a permitir que se conecte con su malestar; lo mismo sucede con las pérdidas, hay permitirse elaborar el duelo.
La pregunta sería ¿en qué creen los que creen? La nómina es vasta, en Dios, en Jesucristo, en la energía, en la suerte, en el Gauchito Gil, en san La Muerte, en la astrología, en los santos, en la Virgen, en los ovnis y hasta se idolatra algún astro del deporte porque en los asuntos de la fe, todo está permitido.
Desapego
Tenemos la idea de ser una comunidad religiosa muy viva, con poco espacio para la irreligiosidad. No obstante, algunos estudios indican que desde hace unos años se muestra un fuerte desapego hacia los dogmas que emanan de las instituciones religiosas más tradicionales. De esta manera, ser católico, pentecostal o declararse indiferente ante las religiones más establecidas son, hoy en día, condiciones que admiten múltiples variaciones y matices. Su significado depende, por sobre todas las cosas, de la íntima y personal manera de vivir la fe de cada creyente.
Durante estos meses de aislamiento muchos fieles perdieron la posibilidad de asistir a misa y siguieron las ceremonias a través de las redes sociales, fue la forma que la Iglesia Católica encontró para llevar la palabra de Dios y en ese sentido un sacerdote dijo que “este tiempo ha llevado a mucho a encontrarse con uno mismo y con Dios de un modo más consciente y profundo”.
Particularmente, ayer se realizó la 33ª Marcha de la Fe, donde una extensa caravana de automóviles recorrió las arterias de Necochea y Quequén para culminar en Costa Bonita, donde el obispo diocesano presidió la misa.
Es notorio que también hay otro universo de necochenses que se ha volcado a la meditación y el yoga, como una manera de encontrar el equilibrio y salir delante de esta difícil situación.
Además, han surgido una innumerable cantidad de terapias holísticas que no solo apuntan a lograr un equilibrio emocional sino también a sanar, recuperar los vínculos y crecer.
Oscar, facilitador de diversas disciplinas, ha observado que en los últimos tiempos la gente llega en situación de “emergencia”, buscando una luz de esperanza en lo personal, laboral y sentimental. Las personas se sienten acorraladas y están descreídas por lo que trata de recordarles lo importante que “es levantarse cada día, saber que están vivos”.
Cifras
Una de las investigaciones -la segunda Encuesta Nacional sobre Creencias y Actitudes Religiosas en Argentina- actualiza los guarismos con respecto a las diferentes confesiones religiosas presentes en el país. De acuerdo con este estudio, un 62,9% de los argentinos se considera católico -cifra que decreció más de 10 puntos en la última década-, un 15,3% se presenta como evangélico, en tanto que un núcleo de casi 19% engloba a los ateos, los agnósticos y los que se presentan indiferentes a los dogmas religiosos (tienen creencias, pero difusas y no necesariamente ligadas a una institución específica). El resto del arco lo integran los creyentes de otras religiones, como los judíos, mormones o testigos de Jehová, aunque su incidencia es más bien minoritaria.
Independientemente de las cifras, al hacer foco sobre cada grupo, lo que se evidencia es esta gran diversidad de formas de experimentar la fe religiosa, con núcleos de creyentes más o menos apegados a los dogmas de cada una de esas religiones. Como peregrinos espirituales, no en pocos casos la gente reelabora creencias e, incluso, hace mixturas en función de sus historias, cosmovisiones y trayectorias personales.
Mientras que la creencia en la energía subió en la última década, y en ese perfil están comprendidas las prácticas esotéricas o el que se identifica con una vida espiritual y el significado otorgado es variable de acuerdo al universo cosmológico de cada quien.
Otra particularidad que ayuda a la construcción de la sociedad, es la gente de distintas religiones que practican su culto pero no dejan de participar en celebraciones de otras comunidades de fe. Por ejemplo, católicos participando de actividades que ofrecen templos budistas, como el yoga, la meditación u otras prácticas.
El dinamismo que registra la religiosidad que se vive por fuera de iglesias y templos comenzó a ser observado muy de cerca por algunos expertos de campos como la sociología o la antropología. Algunas de sus observaciones confirman y otras cuestionan algunas de las ideas que se suelen tener al respecto.
Quien más, quien menos se ha encomendado a algún santo, apretó con fuerzas una estampita o besó fervorosamente algún objeto querido creyendo que sería de ayuda; porque casi siempre creemos en las soluciones mágicas; aunque en contrapartida hay cada vez más vecinos que creen en sí mismos, tal el caso de Betty que afirmó “asumo las decisiones que tomo y creo en lo que hago”.
Sin embargo, las decisiones de uno siempre están influenciadas por el entorno porque somos individuos sociales y, más allá de nuestras creencias, no seríamos nada sin el otro.
El acento en lo colectivo
En líneas generales las devociones populares van en franco ascenso, en nuestra ciudad el santuario del Gauchito, conocido como “el santo del pueblo o de los pobres”, se encuentra emplazado en las afueras de la ciudad, y cuenta con una importante cantidad de devotos.
Según estudios mundiales, las personas que participan activamente en congregaciones religiosas tienden a ser más felices y más comprometidas cívicamente que los adultos que no lo hacen.
Simultáneamente, en otro sector de la comunidad se observan búsquedas ligadas al bienestar, con ciertas prácticas ligadas a la new age comenzaron a permear sobre el cuerpo social. En los años ochenta, la práctica de meditación o el reiki no eran socialmente muy aceptadas, y luego fue cambiando. En estos casos, no se adhiere a una determinada institución, sino a un sistema de ideas, a un tipo de prácticas que circulan por otro tipo de espacios y sus modos de difusión son más capilares. Hoy es común que diversos referentes convoquen a meditaciones colectivas por la paz con una gran respuesta del público.
La actualidad está atravesada de diferentes corrientes de pensamiento, algunas que buscan acompañar el transitar diario, teniendo en cuenta el trauma colectivo que estamos viviendo con la pandemia, la positividad tóxica es un concepto especialmente relevante.
A través de las redes sociales se anima a aprovechar la experiencia, pasar más tiempo con la familia, ponerse en forma, descubrir una nueva afición, aprender un nuevo idioma y escribir esa novela que tienes en mente desde hace tiempo puede tener efectos contraproducentes, porque se niega la naturaleza traumática de la pandemia, explican los especialistas.
En esta época que tanto se habla de aprender en paz con el mundo interno, también es importante destacar que se sale adelante colectivamente, codo a codo, comprendiendo las necesidades de uno y de los otros.
La importancia de compartir
El cura párroco de la Merced, de Quequén, Mario Fernández, expresó que “en este año tan particular se han dado varias situaciones, hubo una gran necesidad de fe y un acercamiento de personas que estaban algo alejadas de la comunidad pero hay que seguir trabajando para anunciar el Evangelio”.
En el comienzo de la cuarentena más estricta, se planteó un desafío para los sacerdotes que están acostumbrados a las celebraciones presenciales y al contacto directo con la gente que tuvieron que apelar a la virtualidad para acercar la palabra de Dios a los fieles.
En ese sentido, fue posible apreciar una gran participación de personas que en los últimos tiempos no asistían al templo, “se mostraban agradecidos y pedían por sus familiares”, agregando que “en un momento de dolor e incertidumbre la gente se acerca a la vida espiritual, así lo hemos visto pero por supuesto que hay que seguir trabajando”.
Otro dato que no pasó inadvertido para el padre Fernández es que la comunidad, al no tener la posibilidad del encuentro, resignificó la importancia de compartir la fe con el otro, el sentimiento de familia que son las comunidades.
Santuario
El Santuario del Gauchito Gil, ubicado en el kilómetro 5 de la Ruta Provincial 86, es un espacio abierto donde cualquier devoto puede acercarse a orar o encender una vela. Este año el kiosco se mantuvo cerrado por la pandemia porque cuando se organiza alguna actividad suele congregarse a una gran cantidad de gente.
Cada 8 de diciembre se organizaba la despedida del año “para agradecerle al Gaucho todo lo que nos dio y pedirle para el próximo y el 8 de enero tampoco se va a poder hacer fiesta que es el aniversario del santo”, expresó Gabriel Edén, encargado del lugar.
Vale mencionar que el espacio se sigue manteniendo bien cuidado a pesar que ha sufrido algunos robos, “el que quiera pasar y prender una vela puede hacerlo”, dijo Edén.
La devoción por este santo milagroso es muy grande y alcanza a varios países de Latinoamérica donde se registran testimonios de sus dones, y en cada uno de los eventos solían reunirse unas 700 personas que acampaban en el predio desde el día antes para luego participar de la procesión y compartir una jornada de música y camaradería.
“En estos tiempos, muchos piden que se termine la pandemia, salud y, particularmente, piden trabajo”.
La fe de los devotos del Gauchito Gil es muy grande y en nuestro medio se han dado muestras de ello. El santuario se armó un 17 de febrero de 1997 y desde hace más de 20 años ha sido acondicionado, con juegos para niños, mesas y un kiosco.///