Abrazó el oficio de taxista y tuvo a su padre como guía
:format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2018/04/953-PERROTTA-e1525106078525.jpg)
A los 18 años se subió al vehículo de alquiler
Víctor es el más joven de los hermanos Agulla y desde adolescente comenzó a gustarle el oficio de taxista.
“Mi viejo me enseñó a manejar y luego que tuvo un accidente al caerse de un buque y se fracturó la cadera, tuve que salir a enfrentar la situación y comencé a conducir el taxi a los 18 años, en 1982”, recordó.
“Siempre me gustó manejar, relacionarme con la gente y de esa manera crecí con el taxi. Estuve en todo momento en las paradas de calle 62 y avenida 59 y en calles 62 y 61”, continuó diciendo este hombre de 55 años.
Víctor Agulla es la segunda generación de taxistas en la familia y detrás de esta actualidad hay una historia que comenzó su padre, pero lejos de Necochea.
Los Agulla eran de Arrecifes (al Norte de la provincia de Buenos Aires), Arturo Rodolfo era camionero y tenía tres hermanos. Luego, ya radicado en nuestra ciudad, se casó con Sara Behotas y formó una familia.
Con el correr de los años fue colectivero de la famosa empresa Avenida o Aguila del Mar, cuyas unidades salían del predio situado en calles 56 y 57.
“Sé de vecinos de Necochea que dijeron que mi viejo era una garantía cuando manejaba el ómnibus, porque se desempeñaba muy bien en los caminos de tierra, con mucha habilidad”, señaló Víctor Agulla con alto grado de orgullo.
Don Arturo Agulla conducía el colectivo que se desplazaba desde Necochea hasta La Dulce, Juan N. Fernández, Claraz, La Calera, Barker y Tandil, todo por trazados de tierra.
También, en otra época de furor en la ciudad, Agulla llevaba a los carniceros locales a participar en los remates feria en La Dulce, Juan N. Fernández, Lobería, Benito Juárez y San Cayetano.
Anécdotas inolvidables
Víctor Agulla se inició a los 18 años y reconoció que “en esos momentos éramos entre cinco y seis taxistas los que trabajábamos en la parada de calle 62”.
Añadió que “empecé a brindar servicio al pasajero con un Chevrolet Rally Sport 1973, una joya mecánica, y luego continué con un Chevy, también maravilloso”, un vehículo que provenía de la mano de don Arturo Agulla.
“Tengo muchas anécdotas para contar arriba del taxi. En un día hice tres viajes hacia diferentes lugares fuera de la ciudad. Salí para Mar del Plata a la mañana, regresé a Necochea; al mediodía tuve que viajar a San Cayetano y volví, a la noche, estaba en la parada y me pidieron un traslado a Tandil, porque un compañero en la parada se olvidó bolsas del correo privado”, contó Víctor.
“He llevado muchos pasajeros y a personajes de esta ciudad. También tuve excelente relación con José Saro Giorgetti (Kid Tutara, gran boxeador y taxista), Roberto Grandi y muchos más, había mucha camaradería”, manifestó.
A Víctor Agulla lo llamaron del Ejército Argentino para hacer el servicio militar cuando era adolescente, en el mismo momento del conflicto por Malvinas. Estuvo acuartelado en forma permanente en Olavarría, pero no lo trasladaron al Sur del país.
Sus hijos, su tesoro
Cuando retornó a Necochea después de cumplir con la Patria continuó con el taxi hasta 1984, donde entró a trabajar en una venta de camiones, sobre la ruta nacional 228.
“En ese comercio conocí a la mujer que es la madre de mis dos hijos, aunque hoy estoy divorciado y en pareja con otra persona.
Mis chicos son el tesoro que tengo: se llaman Matías Nahuel, de 24 años, y Lourdes Trinidad, de 19”
El hijo mayor trabaja en el Bingo de Necochea, como técnico de sala, mientras que la jovencita estudia diseño gráfico en Tandil. “Con la madre le estamos dando una mano para que estudie porque lo mejor que les podemos dejar a los hijos es brindarle la posibilidad que estudien”, comentó con mucho sentimiento.
Los vaivenes de la vida determinaron que en el año 1997 se quedase sin trabajo y volvió a conducir el taxi. “Estuve algunos años con el que era dueño de la actual licencia que tengo (la 110), luego me transfirió el permiso y acá sigo arriba del auto, con mucho placer por lo que hago”, reconoció.
Víctor Agulla trabaja para sostenerse en la vida, ayudar a sus hijos y poder pagar el vehículo que tiene para trasladar a los pasajeros. En la vida aprendió que todo se logra con mucho sacrificio.
Taxista, el psicólogo
“Ver, oír y callar, esto lo aprendí de mi viejo. Los taxistas somos un poco psicólogos de los pasajeros y muchas veces también nosotros contamos nuestros problemas a quienes conocemos y tenemos confianza”, explicó.
También los taxistas suelen ser el termómetro de lo que sucede en la ciudad y lo que piensa una porción de gente. “El recordado Gastón Guarracino me preguntó a mí y a otros colegas cómo veíamos las elecciones hace años. Creo que Gastón hubiera sido revolucionario para Necochea”, enfatizó Agulla.
Por otro lado, puso de manifiesto otra realidad de los “tacheros”:
“El peligro siempre está latente arriba del auto por la cuestión de la seguridad. Y también la he pasado mal porque uno nota que no se compensa la cantidad de horas que trabaja con el dinero que se lleva a su casa”, puntualizó.
Entre los avatares de la actividad, indicó que los hombres del volante están desamparados al desarrollar la actividad de servicio, sin cobertura social o la representación de un sindicato en el plano local. Algunos de los taxistas cumplen con el régimen del monotributo y abonan ingresos brutos.
Víctor Agulla marcó además un momento difícil que atraviesan los taxistas con las medidas económicas a nivel nacional que los castigan. “Se nota una ciudad paralizada y lo mismo ocurre en la Provincia y la Nación, hay mucha incertidumbre en la sociedad y en el rubro nuestro estamos complicados”, sostuvo el trabajador.
VICTOR HUGO AGULLA (55)
Taxista desde los 18 años y también cumplió un período como empleado de comercio en un local de venta de camiones y repuestos Decker Hermanos.
Víctor es padre de Matías Nahuel, de 24 años, y Lourdes Trinidad, de 19.
Tiene dos hermanos, Omar Rubén y Rudy Arturo. También tiene a Marisa Marrone, una prima que en realidad, la ubica en el lugar de una hermana mujer que no tuvo. Y recordó a otro hermano mayor que se fue de este mundo antes que Víctor naciera.
Sus padres, Arturo, trabajó como chofer, primero de ómnibus y luego del taxi, mientras que su madre, Sara, durante más de 50 años atendió el kiosco “Rudy-Mar”, en calle 68 entre 71 y 73.
Víctor Agulla es hincha de River Plate y de Gimnasia y Esgrima de nuestra ciudad, donde además pasó por todas las divisiones del fútbol, desde la quinta hasta primera.