Acompañar la educación con la acción
:format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2019/06/cafieltano.jpg)
Los trabajos con energías renovables de los estudiantes de Norberto Cafiel han tenido un amplio impacto en las localidades del distrito. “Si acompañás el saber con el hacer, tenés una fuerza indestructible”, aseguró
Por Juan José Flores
Redacción
“Desde la educación se pueden hacer tantas cosas”. La frase podría sonar hueca o demagógica si quien la dice no fuera un hombre que cada semana se sube a una moto para recorrer decenas de kilómetros y enseñar oficios en las localidades del interior del distrito.
Norberto Cafiel tiene 53 años y cree que fervientemente que mediante la educación se pueden provocar grandes cambios, algo que ha probado con sus alumnos.
Desde los talleres de electricidad industrial, montador electricista y energías renovables que dicta en Necochea, Juan N. Fernández, Claraz e incluso Mar del Plata, se ha dado impulso a muchas iniciativas que han tenido un gran impacto en la vida diaria de nuestra comunidad.
Los alumnos del “Tano”, como lo llaman cariñosamente quienes lo conocen, fueron los responsables de alumbrar los carteles de acceso de Energía y Juan N. Fernández, de instalar paneles solares en la Unidad Sanitaria de La Dulce y alumbrar el Museo Histórico Regional, entre otras muchas iniciativas.
Por estos días junto alumnos de sus cursos de energías renovables de Juan N. Fernández están convirtiendo una combi en un moderno vehículo eléctrico a fin de trasladar personas discapacitadas.
En tanto, con los alumnos de Necochea también se está trabajando para impulsar mediante electricidad un ciclomotor para bajar discapacitados a la playa.
Y en Claraz, los alumnos trabajan en el alumbrado mediante paneles solares de los accesos a la localidad.
“Si acompañás el saber con el hacer, tenés una fuerza indestructible, porque hay un potencial que va permanentemente renovándose, realizando obras para bien de todos”, aseguró Cafiel.
“Embellecer la entrada de los pueblos es muy simple para quien sabe hacerlo, pero ver la alegría de la gente porque reivindicas su lugar de origen es impagable”, aseguró.
Una larga trayectoria
Norberto se recibió de técnico electromecánico en el “Industrial” en 1984 y en 1985 comenzó a trabajar como preceptor en esa misma escuela. Por aquellos años el director era Eugenio Sarricchio.
Luego se desempeñó como de enseñanzas prácticas suplente, análisis matemático y electrotecnia hasta que se fue a la Técnica N° 1, que funcionaba en el edificio del Polivalente.
También dio talleres en Quequén y durante muchos años trabajó para el área de capacitación de Luz y Fuerza.
En ese sindicato trabajó con un grupo de profesionales, técnicos y docentes que crearon escuelas en Ciudad Victorica, en La Pampa, Tandil, Villa Gesell, Necochea y Concordia.
“Después me fui a trabajar a la Universidad del Trabajador Estatal (UTE), en Uruguay”, explico Cafiel.
El electricista
Sin embargo, luego de esas experiencias en los 80 y 90, Cafiel permaneció años alejado de la docencia, dedicado a las instalaciones eléctricas domiciliarias, hotelería, agro, tableros y finalmente a la energía solar.
Toda su vida estuvo vinculado de alguna manera a la electricidad y la técnica. Su padre era empleado de la Cooperativa Eléctrica del área rural.
En la adolescencia, con sus amigos, Cafiel armó el primer equipo de luces audio rítmicas de la ciudad. “Eso fue en el 80 o 81. Íbamos a pasar música con los tarros al hombro por la calle”, recordó.
También “arreglaba televisores y radios en el quincho de mi papá. Cada dos por tres dejaba la cuadra sin luz”, dijo. “Mi viejo se volvía loco”.
No obstante el “Tano” dice que aprendió mucho de su padre, de Hugo Camarotta, del profesor de matemáticas Abel Clares, de Juan Carlos Triel y del “Mono” Kunert (“un tipo que nos enseñó muchísimo”)
“Eran de esos profesores que te van formando como joven y te dejan una inquietud que llevás adentro y cuando sos grande las vas sacando”, dijo Cafiel.
Por eso, hace cinco años, volvió a la docencia, incentivado por Marcela Abete, entonces inspectora del área. “Me tomaron un examen de competencia y comencé a trabajar de vuelta en el Centro de Formación, en el área de electricidad industrial, electricista montador instalador y energías renovables”, dijo Cafiel.
Volver a enseñar
Norberto volvió a la docencia con ganas de enseñar algo más que teorías. Aprovechando su trabajo particular con energías renovables, comenzó a integrar a sus alumnos para que “vayan armando y que tengan interacción con el medioambiente”.
Quiere que “la educación sea un canal para incrementar el capital humano y el bienestar de los ciudadanos. Me parece que va por ahí la cosa”.
Con el apoyo de Marcela Abete primero y luego de la inspectora Graciela Chiroli, Cafiel y sus alumnos han desarrollado diferentes iniciativas que han tenido un importante impacto en la comunidad: iluminación de espacios públicos, provisión de energía solar y otros proyectos que vinculan la necesidad de los vecinos, con la investigación, el estudio y el trabajo de los estudiantes.
Para llevar adelante estos proyectos se cuenta con la ayuda de los vecinos, empresas, alumnos y ex alumnos.
Hace unos días se colocó una columna de alumbrado con un proyecto solar en el cruce de la ruta 86 y el kilómetro 93, uno de los accesos a Claraz. Para lograrlo se contó con el apoyo de la Cooperativa Eléctrica de Juan N. Fernández, que donó la columna, un proveedor de elementos de energía solar de Bahía Blanca y el trabajo de los vecinos, que colocaron el poste de hormigón con sus propias manos.
Cafiel destaca el entusiasmo de los estudiantes de sus cursos, que siempre están dispuestos a ayudar e incluso a viajar para poner el hombro. “Hay un ejército”, dijo respecto a sus alumnos de Necochea, Juan N. Fernández, Claraz y Mar del Plata.
Pero ese ejército también lo integran ex alumnos como Alejandro Blazquez, Mariano Sacuyo, Pablo Otero y Maximiliano Valle, entre otros.
El mismo Cafiel se armó una moto para poder viajar hasta Juan N. Fernández y Claraz y paga el combustible con su trabajo particular.
Ahora este grupo de inquietos alumnos está esperando las vacaciones para poder poner en práctica un proyecto de fructificación temprana o fuera de estación con luces en una agrohuerta de Claraz.
“Los chicos de las escuelas podrán ver cómo funciona. Eso generará expectativas de logros a corto plazo e incentivando al estudio y a la investigación”, dijo Cafiel, que parece no poder parar de pensar como maestro.