Adaptarse a lo que viene
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Interesante, al menos en los enunciados, resulta el nuevo reglamento de
edificación exigible en nuestra ciudad, que fuera aprobado en la última
sesión del Concejo Deliberante.
Se trata de la cuarta norma específica en el historial del municipio y
va a renovar el código que venía rigiendo desde hace 36 años. Casi
cuatro décadas en las que hubo un marcado cambio en los materiales que
se usan en las construcciones; el estilo de las mismas y las
disposiciones que tienen que ver con el tema seguridad.
La confección del reglamento llevó meses de elaboración, ya sea para
aunar ideas, hacer cambios o incorporar cuestiones. Y de la preparación
participaron los integrantes de las áreas municipales de Obras Privadas
y Legales; miembros de los distintos colegios vinculados a la actividad
de la construcción; el gremio de la Uocra y concejales. De allí que la
nueva norma fuera aprobada rápidamente por el Concejo y ahora deberá ser
homologada por el Ejecutivo, para aplicarse a partir del año entrante.
Entre las principales directrices del reglamento aparecen las exigencias
de una arquitectura inclusiva, por la cual se exigirán rampas para el
acceso de personas con problemas motrices a bancos o locales comerciales
de envergadura, y que deberán estar contempladas en los respectivos
planos. La norma podría haber sentado un importante antecedente, obligando a los bancos que dispongan de baños para el público, atento al movimiento de personas y las largas esperas.
Asimismo en los proyectos de obras de comercios de distinto rubro,
siempre de locales grandes, se exigirá baños con medidas que permitan el
desplazamiento cómodo de los discapacitados. Y en los edificios nuevos
habrá que contar con una cochera para ellos, cada quince lugares para
estacionar.
Si bien no tiene que ver con el ámbito privado, la llamada arquitectura
inclusiva también debería tener un mayor desarrollo en la vía pública,
fundamentalmente en la construcción de dársenas de subida en las
esquinas, que se debería extender a todo el ejido urbano.
En el análisis de lo más notorio de la nueva disposición, también hace
fuerte hincapié en una apertura para las modalidades de construcción que
se han ido incorporando. Así, por caso, quedaron “legalizadas” las
viviendas en “containers”, una moda rayana en el esnobismo más que en la comodidad y, un nuevo sistema que se ha empezado a aplicar
y que consiste en paredes conformadas por bolsones de barro. Un tipo de construcción que puede ser objetable.
Otro de los cambios de la reglamentación es que las multas por el no
cumplimiento de lo establecido, será en módulos, tomándose como regla
para cada unidad al sueldo mínimo de un municipal y la jueza de Faltas
dictaminará cuánto deberá pagar cada infractor.
Está claro que para que las nuevas disposiciones se cumplan y sean
efectivas, deberá existir un aceitado seguimiento desde Obras Privadas,
tanto de las habilitaciones como la detección de incumplimientos.
El área cuenta, desde hace unos meses, con un plantel de cinco
inspectores y móvil propio para hacer las inspecciones. Bajo esta nueva
estructura se jactan de haber descubierto numerosas anormalidades y
construcciones no declaradas. Es de esperar que se ejerza un control
similar para lo que se ha dispuesto no sea eludido, como ocurre en otras
tantas cuestiones ligadas a la Municipalidad.