Agradecida del deporte
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Andrea Massaccesi, referente del cestobol dentro y fuera de la cancha

Habla del deporte en pasado, con la convicción de seruna etapa cumplida y, a la vez, una añoranza que le pinta una sonrisa instantánea. Y eso no tiene que ver con los triunfos, a pesar de haber festejado muchos. Los recuerdos pasan por el corazón, por las personas y cómo te cambian la vida, el presente. Andrea Massaccesi, reconocida como la mejor jugadora de cestobol de la historia de nuestra ciudad, no vive de sus memorias, pero se deja llevar por la charla.
“Siempre estuve ligada al deporte, pero hoy estoy haciendo otras cosas que me gustan, que no hacía antes por los entrenamientos”, reconoció Andrea sobre su presente, tras muchos años también como profesora de Educación Física. “Ya me jubilé, el deporte fue una etapa. El cesto fue una etapa también, ahora no puedo salir a entrenar. No quiero horarios o madrugar. Ya no me gustaba tanto entonces, por eso me dediqué a la parte educativa, a lo formativo. Ya no quería ni preparar mi mochila el fin de semana, ni bañarme con agua fría en otros clubes. Se vé que lo hice tanto… Nunca fui a un cumpleaños de 15…llegué tarde a mi fiesta de egreso porque tenía la Fiesta del Deporte”, recordó como anécdota de 1983. Fue la primera ganadora del “Neptuno de Cristal” en cestobol en 1982 y años después también sería reconocida por el Círculo de Periodistas con el Premio “Puente Colgante” como “Gloria Deportiva”.
“Lo mejor de mi vida”
A pesar de dejar muchas cosas de lado por el deporte, Andrea fue contundente: “No lo padecí. Yo me obligaba a entrenar, lo hacía por mis propias ganas de superarme. Hoy no sé si es tan así en los chicos. Viví lo mejor de mi vida con el deporte y no me arrepiento”. Es una relación que nació cuando tenía los 9 años. “Hacía tenis y cesto, pero cuando empezó la etapa competitiva tuve que optar. Papá quería que siguiera tenis, pero yo era más de los deportes de equipo, y me decidí por el cesto. Lo empecé en la escuela y lo seguí en el club (Huracán)”. A partir de allí, comenzaría un camino que la llevaría a competir en los torneos más importantes y alcanzar el máximo orgullo de representar al país.
“En el segundo año de (categoría) infantiles empecé en la Selección, que fuimos a Chile a jugar. Pasé a cadetes y en el segundo año volví a la Selección (fue campeona sudamericana tanto en infantiles como en cadetes). Y después ya lo hice en Primera directamente, que era llegar a lo máximo, aunque siempre hay algo más por crecer”.
Por Europa
De sus años en la selección mayor, guarda con especial cariño cuando en 1988 realizó una gira por Europa: “Era algo inalcanzable. Yo ya me había recibido de profesora y trabajaba en un colegio por lo que dude si dejar el trabajo para ir. Pero un compañero me dijo ‘esto se da una vez en la vida’, así que me decidí”. Recorrió España, Francia, Bélgica, Alemania y Suiza con la selección: “Íbamos con un equipo suizo y jugábamos amistosos de “korfbal” y “netball” que eran muy similares (al cestoball). Se trataba de unificar las reglas, que todos jugáramos lo mismo e intentar hacer olímpico el deporte”, algo que finalmente no prosperó.
Pero poco a poco, con el paso del tiempo, sus energías fueron dirigiéndose hacia otros objetivos: “Cuando me fui a estudiar, me desequilibré. Ese año jugué el Provincial y la entrenadora me dijo que no estaba en condiciones y fui como la jugadora 15 y eso me tocó el alma. Yo estudiaba en Mar del Plata y mi papá me fabricó un aro, en cuatro tramos, y lo cargaba en el auto para llevarlo. Vivía en un departamento frente a una plaza y me cruzaba, armaba el cesto y entrenaba cuanto podía. Igual fui al banco, otro golpe, pero después en un partido difícil entré, me dieron la chance y jugué bien. Sentí que valoraron mi esfuerzo. No sé si ahora eso ocurre”.
Clara Klug
Aquellos años de la década del 70 y el 80 fueron un momento histórico para el cestobol en nuestra ciudad, trascendiendo a la provincia y al país, con una camada brillante, llenando las canchas donde se presentaban. Hubo hasta cuatro institutos que participaban en los intercolegiales locales y luego la actividad se incorporaría al Club Huracán, que representaba a Necochea en los torneos de la Federación Bonaerense. El máximo logro para el “Globo” fue participar en la primera Liga Nacional superior en 1987. “Nosotras nos sentíamos muy unidas y acompañados por las familias, era un apoyo fundamental. Hacían malabares para juntar la plata para viajar. Entonces había apoyo y además una respuesta del otro lado. Ahora cuesta que el chico se comprometa, que haga sacrificios, pero los logros se consiguen con eso. Y Clarita (Klug) fue el principal pilar del cesto, y lo sigue siendo. De hecho cuando nos juntamos en veteranas, ella seguía estando. Fue mi entrenadora, yo me inicié con Susana Keller y después seguí con Clarita hasta la Primera. Es su pasión y ha sembrado un montón. Las que seguimos relacionadas en el deporte fue gracias a ella”. La entrenadora Clara Klug continúa hoy formando jugadoras al frente de proyectos en los clubes Villa Díaz Vélez y Villa del Parque.
Aunque no le ha “picado el bichito” del retorno a una cancha para jugar, sí lo hizo como espectadora cuando Necochea fue sede del Campeonato Argentino el año pasado, en el Piso de Deportes, reencontrándose con excompañeras, árbitros y amigos que le dejó el cestobol. “Las relaciones que hacés en el deporte y los valores, te sirven para la vida. Hay cosas que no sabes cómo trasmitirlas, pero cuando las vivís es distinto. En el deporte no siempre ganás; las derrotas te fortalecen el espíritu del esfuerzo y la lucha, el insistir, mejorar. Creo que el deporte me hizo fuerte para sobrellevar situaciones difíciles. Me hizo trabajar la perseverancia y la constancia. Ganar es la felicidad y la alegría, pero cuando perdés hay que salir y luchar. Y cuando hacés las cosas con pasión, es mucho más fácil”.