Un serio llamado de atención
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Los ciudadanos se sienten indefensos ante el avance de la delincuencia, en Necochea como también en el país, donde el flagelo de la inseguridad ha sustituido a la pandemia de Covid que generó tanta alarma.
La sociedad reclama acciones urgentes, no se puede esperar más y los dirigentes políticos y autoridades policiales y judiciales, están teniendo cada vez más mensajes de enojo de quienes procuran vivir más tranquilos.
Los casos delictivos se reiteran a menudo y prueba de ello es la cantidad de denuncias que llegan a las comisarías y fiscalías, como también a través de otros canales abiertos que tiene la gente.
A la agobiante inflación que arrasa y provoca daños en la economía de cualquier persona, se suma el embate de los malvivientes que tienen a maltraer a la sociedad sin ninguna contemplación.
Los vecinos precisan medidas concretas, reales, para combatir a quienes solamente pretenden generar zozobra y malestar entre los habitantes del núcleo urbano.
La compleja situación que se atraviesa, llevó a gran cantidad de comerciantes y público en general, a marchar con su indignación el jueves anterior pasado el mediodía, hasta la Municipalidad ante la sorpresa de los funcionarios municipales y del propio intendente Arturo Rojas cuando los autoconvocados irrumpieron en el primer piso pidiendo a los gritos la presencia del Intendente que, ante el cariz que iban tomando los hechos no tuvo más remedio que dar tibias explicaciones ante los exaltados manifestantes.
Durante el encuentro, primero en el hall y después en el despacho principal de la comuna, hubo momentos de suma tensión y palabras entrecruzadas de un lado y del otro.
El petitorio presentado por los vecinos presentes dejó bien en claro la necesidad de encontrar una salida al controvertido tema y solicitaron que se intervenga ante los responsables de la Policía y las autoridades judiciales.
La necesidad de actuar en lo inmediato y frente a la coyuntura existente, requiere del compromiso de hacer todo lo posible para bajar los índices delictivos y permitir que la ciudadanía viva un poco mejor.
El año anterior, la famosa “estadística” de delitos aumentó y Necochea fue noticia en cualquier rincón del país, peleando el número de casos con otras poblaciones con mayor cantidad de personas. Algo que no es menor y tiene que preocuparnos.
Sin excusas
Sería bueno en esta oportunidad que haya un sinceramiento de parte de los distintos actores que están vinculados al espinoso tema de la inseguridad, que tiene muchas aristas y no es fácil de sobrellevar.
El reclamo fue hecho ante la autoridad máxima del distrito, el intendente Rojas, y como tal no le caben las excusas, aun reconociendo que a él no lo compete el uso de la fuerza. Pero si, debería hacer uso de la fuerza política como para pedir los cambios que sean necesarios en la Departamental de Policía de Necochea, a cargo desde hace años del comisario inspector Jorge Mastropierro.
Lo imprescindible en la actualidad y frente al hartazgo de la gente, entendemos que no hay más tiempo para echarse las culpas unos a otros, es necesario que se busquen entendimientos en favor de la sociedad en su conjunto, es lo que exigen las personas de bien.
Trabajar en conjunto en bienestar de la sociedad tiene que ser la premisa. Se nota que queda poco tiempo para las chicanas y las excusas de un sector a otro: las autoridades gubernamentales, de la Policía y la Justicia, en los distintos ámbitos, deben hacer un hilo conductor en el combate contra los malos.
Y los dirigentes tienen que “unirse” en esta batalla para requerir a las altas esferas del Gobierno, el respaldo que sea necesario en materia de recursos. No puede ser que Necochea tenga oficiales de Policía que están trabajando en otra ciudad o en el Conurbano bonaerense, cuando los problemas de inseguridad también los padecen nuestros convecinos.
Lo mismo ocurre en cuanto a patrulleros. Para la temporada de verano diagraman operativos y exhiben unidades móviles para la costa y luego, durante el resto del año, el equipamiento va a parar no se sabe dónde.
Por eso consideramos que la dirigente toda, sin resentimientos ni celos de uno al otro, en esta lucha contra la inseguridad tiene que actuar en conjunto para exigir respuestas de quienes tienen otros poderes de decisión en niveles superiores de gobierno.
Cambios de hábitos
“Esta hermosa ciudad está a la deriva y la delincuencia acapara la calle cada día más, por lo que los ciudadanos no tenemos derecho a vivir en paz”, resumió un comerciante que ha sido víctima de reiterados hechos de robo y también sus hijos, perdieron sus pertenencias a manos de los ladrones.
Es muy probable que los hábitos de cualquier habitante hayan cambiado en los últimos tiempos, haya o no sufrido o presenciado un hecho violento.
¿Cuántas veces uno mira a un lado y a otro de la calle, antes de abrir la reja que separa su casa del mundo? Y lo mismo ocurre cuando retorna a su hogar, tras cumplir con su trabajo diario o alguna actividad recreativa.
Las mujeres y hombres remplazaron el anillo que solían usar, o evitan, las primeras, de andar en la vía pública con alguna cartera o bolso colgando, por temor a la aparición de un arrebatador o vulgar “motochorro”.
Es que el efecto de la inseguridad, no necesita de las estadísticas delictivas para dañar el bienestar mental de la población, provocarle ansiedad, aislamiento, fobia social, pánico y hasta delirio de persecución en ciertos casos.
Es indudable que la inseguridad conlleva a la desconfianza y defensa paranoides, es decir, la necesidad de vivir permanentemente en un estado de alerta que impide distenderse un minuto por la posibilidad de entrar en riesgo.
Menos paciencia
Frente a un panorama nada alentador en materia económica del país, donde las desigualdades se incrementan, el delito aumenta y genera inquietud entre los vecinos que, sintieron la obligación de manifestarse ante las autoridades de gobierno para expresar la bronca e impotencia.
Esto que ocurrió el jueves pasado es un serio toque de atención y además del reclamo en sí, se solicitó que se intervenga ante la fuerza policial y el Poder Judicial para encontrar caminos de salida concretos, sin excusas y con una labor coordinada entre las diferentes protagonistas en el tema.
La sociedad está entre angustiada e indignada por el drama que significa la inseguridad. Es momento para que los dirigentes y autoridades policiales y judiciales no se queden cruzados. Hay que poner de una vez por todas, el coraje preciso para frenar al delito y para denunciar a quienes no cumplen con su función o no están a la altura de las circunstancias.
La ciudadanía tiene cada vez menos paciencia y así lo demuestra con más asiduidad. Esperemos que se lea el mensaje. ////