Al calorcito del Estado
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Una de las frases más pronunciadas al comienzo del aislamiento social, preventivo y obligatorio, con un indudable sentido de hacerlo más llevadero, es la que sentencia que de la pandemia “vamos a salir mejores”.
Sin embargo, con el correr de los meses de la llamada nueva normalidad, otra de las frases que instaló la llegada del coronavirus, la esperanza de que habrá una mejoría en el comportamiento social se ha empezado a deshilachar, por varias falencias que no solo no cambiaron, sino que se han agudizado.
Los agujeros que ha mostrado el año escolar en “modo virtual”, sin que se tome la consciente decisión de que se repita el año, es uno de estos aspectos que se pueden considerar como negativos.
Y dentro del mundo del sobredimensionado Estado, que abarca a todos los niveles, se ha observado con claridad una buena cantidad de organismos que no han abierto sus puertas, o han cesanteado a cientos de agentes, bajo el argumento de que son personas de riesgo ante el poderoso virus que vino a ponernos la vida patas para arriba.
Medida oportuna en algunos casos, y para nada justificada en otras tantas, la realidad es que los miles y miles de empleados del sector público han podido aislarse tranquilos en cuarentena, a sabiendas que sus haberes estarán garantizados. Algo que el sector privado y sus empleados no pueden decir lo mismo; con Pymes o proyectos que han cerrado sus puertas y otros que sólo subsisten.
Claros exponentes de esta laxitud laboral a lo que nos referimos son las oficinas de ARBA, que permanecieron cerradas por varios meses, y en el caso de la de Necochea había sido autorizada en la última semana a reabrir por estar la ciudad en fase 5, pero con el regreso a la fase 4 volverá a no atender en forma presencial.
Sin caer en la exageración, es mucha la gente que se ha acostumbrado a no ir a trabajar, quedándose en sus casas y disfrutando del descanso y la libertad que en cuanto a salidas habilitara esa mencionada fase 5. En definitiva al calorcito de “papá Estado”, y con el sueldo asegurado.
La situación planteada alcanza al plano municipal, y en las últimas horas una firme versión surgida desde fuentes oficiales, ha dado cuenta de una insólita realidad: la de un médico hospitalario que estaría otorgando licencias laborales a agentes de la comuna, con argumentos no justificados.
Si bien desde las cercanías del Ejecutivo se ha esgrimido que no se permitirá este abuso, en el resto de la comunidad queda la sensación de que los esfuerzos para salir delante de la dramática pandemia no son parejos. Se trata de prebendas que serían impensadas en el plano laboral privado. Argucias y aprovechamientos que dentro del mundo del Estado son moneda corriente.
Paralelamente, en otra situación originada en el ámbito de la Municipalidad y que realmente sorprende, las autoridades de Salud y el propio Intendente se encuentran sumamente molestos por la actitud de una profesional médica, y allí radica lo insólito, que ha mostrado actitudes “anticuarentena” en cuanto a sus cuidados y que debido a ello se terminó contagiando de Covid-19. Poniendo de esta manera en riesgo a sus colegas, que por estar en la primera trinchera ante el virus deben ser preservados. También, en este caso, se menciona la idea de entablarle un sumario a la “transgresora” profesional.
Las circunstancias planteadas en esta columna desmoralizan a los muchos, por fortuna, que aún comprenden y ejercen sus obligaciones laborales. Pero a su vez nos confirman que la esperanza de que “vamos a salir mejores” de la pandemia, no es más que un ingenuo slogan. ///