Al Norte le falta mano de obra
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Calculan que en Estados Unidos se necesitan 600.000 trabajadores calificados
A los norteamericanos les encantan los acrónimos. De Scuba a Fubar o Yolo, el habla popular está llena siglas tontas. Hace poco más de una década, un acrónimo casi puso de rodillas al sistema financiero. Fueron los préstamos denominados Ninja: «No Income, No Job or Assets»(«Sin ingresos ni empleo ni activos»). Aludían a las normas distendidas de concesión de préstamos adoptadas por los bancos.
Las entidades financieras se habían percatado de que podían ganar más dinero juntando hipotecas y vendiéndolas como títulos respaldados por activos, en vez de cobrar intereses por los préstamos. Por lo demás, como los bancos vendía rápidamente el préstamo a otra entidad financiera, no tenían incentivos para maximizar la calidad del deudor. Su incentivo estaba en obtener el mayor rendimiento posible. De ahí que quisieran deudores de baja calidad.
Detrás del plan estaban las agencias calificadoras, que preparaban notas elevadas para los nuevos títulos acumulados, y ganaban honorarios altos y lucrativas oportunidades laborales para sus analistas. Lamentablemente, el sistema se derrumbó por su propio peso cuando la economía quedó al borde del abismo. Ahora otro acrónimo podría definir las condiciones diferentes a las que nos enfrentamos.
Tal vez cueste creerlo, pero en Estados Unidos hay una aguda escasez de mano de obra, que se agrava cada día.
Un estudio de Deloitte calcula que faltan 600.000 trabajadores calificados en la industria, y que esa cifra podría aumentar hasta los 2 millones a fines del decenio.
En su desesperación por conseguir gente, muchas empresas publican avisos en los que no piden experiencia. Otros empleadores buscan personas sin títulos y se ofrecen a solventar su educación universitaria. Lo que me lleva al nuevo acrónimo: Nintendo: «No intelligence, No Training, Education Nor Degree or Orientation» («Sin inteligencia, ni capacitación ni formación ni título ni orientación»).
El motivo principal de la escasez es la demografía y, en menor medida, la caída en la corriente inmigratoria. Pero no tanto por la postura agresiva del presidente Trump frente a México. Hace años que son más los mexicanos que vuelven a su patria que los que se van a Estados Unidos. El grueso de los nuevos emigrados proviene de América central, que escapan de la explosión de violencia de bandas de narcos que se apoderaron de Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua. Como fuere, las semillas del cambio demográfico fueron sembradas hace 65 años, cuando los soldados que volvían de la Segunda Guerra Mundial sentaron cabeza y formaron familias. Fue un fenómeno que modificó la economía planetaria. Esta masa de nuevos trabajadores que ingresaron al mercado laboral crearon cambios culturales y sociales, como los hippies, los yuppies y el consumo masivo. Ahora se están retirando en silencio, y dejan un gran agujero en la fuerza laboral. Es verdad que esa generación también dejó su progenie.
Conocidos como el «eco del baby boom», son los nacidos entre 1982 y 1995. Muchos de ellos ya ingresaron a la fuerza laboral y ahora enfrentamos una escasez que promete desatar potentes fuerzas económicas.
La demografía es una de las fuerzas naturales más importantes entre las que han modelado la historia económica del mundo. Uno de los hechos más notables ocurrió tras el comienzo de la Peste Negra, a mediados del siglo XIV. Algunos cronistas calculan que la peste consumió entre un tercio y la mitad de la población de Europa. Aunque cueste creerlo, el porcentaje podría haber sido mayor en Asia. Ciudades enteras perecieron, y se evaporaron las relaciones entre las personas. La peste no respetó barreras sociales y atacó por igual a ricos y pobres. Algunos historiadores económicos dicen que la Peste Negra fue el «Gran Igualador Económico» porque puso fin al feudalismo europeo. Fincas enteras quedaron abandonadas y los señores estaban más que contentos de conceder beneficios generosos a todo el que estuviera dispuesto a trabajar la tierra.
Consecuencias
Los salarios y la inflación subieron bruscamente. El cambio en la situación relativa entre las clases, con pobres que habían obtenido más poder, llevó a que aumentaran las demandas sociales. En Inglaterra ello culminó en la denominada Revuelta de los Campesinos de 1381. Aunque la rebelión fue dispersada y muchos de sus líderes ejecutados, puso un término formal al feudalismo. Si bien perduran elementos de la estructura de clases hasta el día de hoy, las fuerzas demográficas desatadas por la Peste Negra tuvieron consecuencias importantes que modificaron la trayectoria de la historia económica europea y mundial.
Lo mismo podría suceder con la desaparición del Baby Boom. La sed quemante de mano de obra podría activar cambios inesperados en salarios, educación, formación, funciones de los sexos o inmigración. Podría disminuir la importancia formal de la educación, en particular con la proliferación de las clases online. Tal vez se alivie el rechazo a la inmigración, y sigan desapareciendo las barreras entre los sexos. Por eso el fenómeno Nintendo podría tener una larga lista de consecuencias.///