Al volante de una epopeya
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Andrea Di Palma recordó a su padre Luis en el aniversario de las 84 Horas de Nürburgring
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Andrea Di Palma es una de las dos hijas mujeres del inolvidable Rubén Luis Di Palma. Hija de Cayetana “Tana” Lo Valvo, hermana de José Luis, Patricio y Marcos, madre de Juan Cruz y tía de Dino y Stéfano, por nombrar solo a los Di Palmas que corren, o corrieron en autos, como ella misma.
El aniversario de las “84 horas de Nürburgring”, en Alemania en las que participó su padre y el homenaje celebrado en Balcarce, en ocasión de la Fiesta Nacional del Automovilismo hizo mención a lo que resultó su padre para el automovilismo argentino y mundial.
Recuerdos
“Yo tenía dos años, no recuerdo mucho, sí por las cosas que me contó papá.
El llevaba con orgullo una medalla que le dieron por participar en esa carrera; nos peleamos todos por tenerla, ya la tuvieron José Luis, Marcos, Patricio y ahora Josito, y yo les digo que papá me la regaló a mí, por ser la única mujer. El siempre contaba que hizo mucho de mecánico, no sólo de piloto” (Luis Di Palma tenía 23 años entonces, las crónicas de la época dicen que asombró a todos por su responsabilidad y colaboración con el equipo).
“Se había aprendido el circuito de memoria y, mientras estaba corriendo, de noche, se quedó sin luces, así que siguió manejando de memoria, hasta que se fue afuera en un puente que no recordó”.
Aquella prueba de 84 horas en continuado que se inició a la hora cero del miércoles 20 de agosto de 1969 y finalizó el sábado 23 quedó en la memoria de todos los amantes de los autos y en las páginas doradas del país: el Torino, un automóvil hecho en las industrias argentinas –más allá del aporte de algunas piezas extranjeras– puso de rodillas a marcas como Mazda, Lancia, BMW, Porsche, Fiat, Renault, Alfa Romeo, Mercedes Benz y Ford, entre otras, en la denominada Maratón de la Ruta.
Rubén Luis Di Palma integró el equipo del coche 1 junto a Carmelo Galbato y Oscar Fangio. A mitad de la carrera, las luces fallaron en medio de la noche. Di Palma se pegó atrás de un rival para guiarse y arribar a boxes. Si bien arregló el problema, el inconveniente eléctrico reapareció en la siguiente vuelta y lo hizo despistar. El cárter se rompió y así la número 1 no pudo continuar.
Los pilotos Eduardo Copello, Oscar Franco y Alberto Rodríguez Larreta estuvieron en el coche 3 que a falta de 4 horas para el cierre de la extenuante competencia, estaba dominando la punta en una feroz pelea con un Lancia y un Mazda. Finalmente arribaría a la meta en el cuarto puesto, con sabor a hazaña. «A las 6 horas de carrera les pareció agradable que un auto desconocido y argentino estuviera al tope de la clasificación. A las 12 horas les alcanzó a asombrar. A las 24 ya no entendían nada. Y cuando a las 50 horas de maratón el Torino seguía en la punta, ya la palabra Torino había entrado definitivamente en el diccionario de este continente», reflejó El Gráfico en la cobertura especial que realizó en 1969.
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Automovilismo
Para Andrea Di Palma los recuerdos en el automovilismo son parte de los días de su vida. “Nací en esta familia, es algo normal, lo anormal sería que no corriera nadie, lo bueno de todo esto es que ni papá ni mamá nos inculcaron que teníamos que correr, y corrimos los cuatro, tampoco yo se los inculqué a mis hijos ni José Luis, ni Patricio, ni ninguno de nosotros, ellos lo decidieron por sí mismos. Cuando Juan Cruz dijo que quería correr, primero me opuse, pero insistió. Cuando ya había fallecido mi papá, mi suegro le compró un karting, al principio andaba bien, hasta salió subcampeón, pero cuando empezó a crecer era mucho más grande y pesado que el resto, así que empezó a andar atrás, por una cuestión de peso potencia, y a sufrir por eso.
Después corrió en fórmula, y ya mejoró, y ahora en TC Pista Mouras anda muy bien”.
Función de madre
“No sé si el centro, pasa que yo por ser mujer, llamo a uno, a otro, a ver como están, como salieron, lo publico en el Facebook…la mayoría de las mujeres somos así, yo hago de mamá de todos porque quiero hacerlo, pero no me siento como mi mamá, que siempre cumplió su función de mamá. A mi papá lo acompañaba muy poco porque nosotros cuatro, cuando íbamos a las carreras hacíamos mucho lío, dábamos vuelta la casa rodante, hasta que mi papá dijo “más vale quedate en casa, cuidando a los chicos”.
Entonces, cada vez que ella iba a una carrera, nos dejaba con mi abuela y, como eran varios días, llegaba un momento en que la abuela no nos aguantaba tampoco.
Yo lo acompaño a Juan Cruz, le busco los sponsors; como yo corrí, se como es todo, lo vivo desde otro lugar, mi mamá siempre cumplió su función de madre”.
Copa de Damas
“Yo siempre dije que no iba a correr. Decía “eso es de hombres”.
Cuando se creó la Copa de Damas, y llamaron a todas las mujeres con apellidos conocidos del automovilismo, yo estaba embarazada, así que mi papá me ocultó el llamado hasta que nació Juan Cruz.
Un día, yo estaba mirando la categoría de mujeres y me dice “de ahí te llamaron para correr, no te dije nada porque estabas embarazada en ese momento”.
Juan Cruz tenía seis meses…vivíamos en casa de mi mamá, con todos mis hermanos, lo hablamos con mi marido, y evaluamos que la oportunidad era interesante.
Empecé y, canjeando publicidades, conseguimos tener nuestra casa, y el auto y, equipos para el campo donde trabajaba mi marido, y algo de plata para pagar el alquiler del auto.
Yo ya había corrido, acompañando a mi papá y, como andaba bien, le agarré el gustito y ya no me quería bajar.
No me pasaba de tener una relación complicada con los hombres por correr, éramos todas chicas, corríamos, salíamos a comer, nos reuníamos, teníamos buena relación……en cuanto a los hombres, nos criticaban, porque nos dábamos con todo, a mi no tanto, pero no nos importaba nada.
Corríamos en los mismos circuitos que el TC2000…un día, en Posadas, había una curva que no me salía. Le pregunté al “flaco” Traverso, me explicó, me dijo “hacela así que vas a hacer el uno”, salí, de última pase a primera y le saqué un segundo y pico a la segunda…era una posibilidad que tenía yo por conocer a todos los corredores, cuando no estaban mi papá o mis hermanos.
Cuando corríamos con el TC yo iba con mi papá y era más fácil. Los problemas empezaron en la Copa Corsa, donde corrían hombre y mujeres, y ellos se sentían mal cuando nosotras les ganábamos, pero bueno, se tenían que acostumbrar…o bajarse del auto”, dijo sonriente.
Andrea Di Palma, con la estatuilla y el recuerdo de su padre Luis, se fue muy feliz porque sabe que con el paso del tiempo todos recuerdan al “Loco” por lo le brindó al público y por sus recordadas anécdotas.///