Alberto Peña, un adelantado
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Elogiado como atleta por Juan Domingo Perón y descubridor de Ana María Comaschi, hace 30 años, era distinguido con el Trofeo “Barón Pierre de Coubertín”, considerado el “premio Nobel” del atletismo nacional
Adrian Stolarczuk
Redacción
Siempre detrás de una medalla o una copa ganada por un deportista hay un sacrificio personal que se puede precisar en entrenamiento, trabajo de la técnica, inteligencia táctica y fuerza emocional, entre los pequeños grandes detalles que definen quién llega al podio y quien no. Y a su vez, detrás de todo gran deportista, es condición encontrarse también con un gran entrenador, esa guía tan necesaria para alcanzar los objetivos o para despertar el fuego sagrado que moviliza a los atletas a romper sus límites.
En el deporte de Necochea son varios los entrenadores, formadores o conductores que dejaron su huella a través de los atletas que han gestado o consagrado. En el atletismo, uno de esos nombres referenciales es el ya fallecido profesor Alberto Peña.
Como atleta
Nacido en 1937, sus comienzos en el deporte fueron como atleta, en el Rowing Club, aprendiendo de otro notable formador como Carlos Rens. Fue campeón nacional en lanzamiento de disco y subcampeón nacional en lanzamiento de bala, en 1953, 1954 y 1955. En nuestra ciudad también representó al desaparecido Club Platense, institución ubicada en calle 72 entre calles 67 y 69, y también al Club Ameghino.
Como lo hiciera Emilio Ortiz, otro gran lanzador local y campeón panamericano, Peña representó en sus mejores años, entre 1955 y 1967, al Club San Lorenzo de Almagro, una de las máximas instituciones atléticas por aquellos años en el país, compitiendo en las pruebas de lanzamiento de disco y bala de primer nivel nacional, incluyendo también los Campeonatos Deportivos “Evita”.
Elogiado por Perón
Durante el Campeonato “Evita” de 1953, en el desfile inaugural, tuvo el honor de ser abanderado en la ceremonia de apertura. En el palco de honor se encontraban el entonces presidente Juan Domingo Perón y el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Carlos Aloé. Como anécdota, Peña recordó muchas veces cuando le ordenaron detener la marcha del desfile porque desde el palco querían poder apreciar el porte atlético del necochense, elogiado por los mandatarios.
Además del disco y la bala, Peña también incursionó como atleta en el pentatlón, que suma además de las nombradas, las pruebas de salto en largo, velocidad y salto en alto. Una experiencia en pruebas combinadas que le aportaría un conocimiento superior para desarrollar luego una carrera como entrenador.
Como entrenador
En la década del 60 comenzó a preparar físicamente en el Club Ameghino al plantel de fútbol de Juventud Unida y, poco a poco, alentado por Carlos Rens, comenzó a participar en cursos y simposios para instruirse como entrenador.
Fue en la Escuela Danesa Alta Mira donde Peña les abrió las puertas a muchos chicos para que comenzaran a introducirse en el mundo del atletismo. Un proceso formativo que duró una década y que, entre otras, cobijó a atletas como Ana María Comaschi, Virginia Fuente, María Victoria Cardellino y Mariela Andrade, que llegarían a los primeros planos nacionales y también compitiendo a nivel internacional.
Hace 30 años, en reconocimiento a su trayectoria como entrenador, Peña era distinguido con el Trofeo “Barón Pierre de Coubertín”, considerado el “premio Nobel” del atletismo nacional, que se otorga anualmente desde 1977 en Mar del Plata, reconociendo a un deportista, entrenador, dirigente, juez, periodista e institución de este deporte.
A Ana María Comaschi la conoció cuando ella tenía apenas 8 años y la entrenó hasta los 19. En una oportunidad Peña relató a Ecos Diarios aquellos años recordando que “se notaba en la manera de correr desde muy pequeña, las altas posibilidades de poder llegar muy alto en la competencia atlética. Los hechos, más tarde demostraron esta situación latente”.
Para Comaschi, “como un padre”
Siempre amable ante la solicitud periodística, Ana María Comaschi le dedicó sentidas palabras evocando a su primer entrenador, y lo que significó para ella y para el deporte: “Fue para el atletismo de aquella época un adelantado, un apasionado por que hacía, aún sin tener los recursos, sin una pista, o vallas” para entrenar. “Siempre recuerdo saltar en salto en alto y caer sobre la arena por no tener colchoneta, saltar gomas como vallas y así muchas más cosas… Pero éramos felices haciendo lo que nos gustaba y Alberto era para nosotros como un padre, no solo nos entrenaba, sino que también nos motivaba, su rol seguía más allá del deporte. Fue un entusiasta y apasionado del atletismo. Siempre lo recuerdo”.
Hace 30 años, por estos pergaminos pero principalmente por lo que compartía Comaschi, Peña fue galardonado con el premio Barón Pierre de Coubertín. “Un trofeo que en ningún momento pretendí ni soñé”, le decía por entonces a Ecos Diarios. Aun hoy su legado sigue vigente en aquellos a los que entrenó o les cambió la vida acercándolos al deporte que tanto amó.