Alfredo Rodríguez encontró su vocación como instructor de zumba
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Tiene síndrome de down, trabaja en un taller protegido y con eso costeó sus prácticas para recibir el título
Alfredo Rodríguez tiene 24 años y trabaja en un taller protegido, Sendero de Luz. Tiene síndrome de down, pero ese no fue un impedimento para poder estudiar y lograr las metas que se viene proponiendo. Con el ahorro de su trabajo, mucho esfuerzo y vocación, costeó sus prácticas para recibirse de instructor de zumba, título que obtuvo recientemente en Mar del Plata, que lo lleva por un camino que desea ir desarrollando poco a poco.
Influencia
Mónica Knudsen es profesora de zumba en nuestra ciudad y fue la primera en confiar en él y la que lo inició en la actividad e hizo todo lo que estaba a su alcance para que Alfredo llegue a rendir y aprobar el instructorado.
Luego de finalizar la primaria y secundaria en una escuela especial, decidió comenzar a ir a clases de zumba. Ahí, tanto su profesora como él mismo notaron que podía realizar satisfactoriamente la actividad. Luego, vino la oportunidad de concurrir a Mar del Plata, donde pudo continuar perfeccionándose para ser instructor. “El lo lleva en el alma”, dijo Alicia López, su mamá, quien acotó que anteriormente probó con muchas otras cosas como golf, pero ante todo lo que le gusta es el arte, tanto pintar como cantar, por lo que concurre a la Escuela de Arte Municipal. Pero lo que eligió, a lo que se aboca y lo que más le gusta es el zumba. Para llegar a este punto, tuvo la suerte de que Knudsen le abriera sus puertas.
Participación
Luego de recibirse de instructor el sábado pasado, el domingo participó del aniversario de Termas de Campo, adonde bailó con sus compañeros, profesores y hasta subió al escenario.
Aunque ya podría tener una salida laboral a partir de la obtención del título, la madre de Alfredo afirma que todavía le falta un poco para continuar en ese camino. “Como que cumplió un sueño y ahora está impactado”, sostuvo Alicia.
Los impedimentos nunca existieron para Alfredo y al rendir las pruebas fue de igual a igual a los demás.
Ahora, quisiera comenzar a dar clases, aunque todavía entiende que para eso falta un tiempo y preparación, ya que le queda hacer el paso para diseñar su forma de dar clases, lo que requiere de práctica para conocer cómo manejar a la gente.
Alfredo siempre tuvo en su cabeza que quiere ser algo, y ahora, como instructor, su intención es si se pudiera tener su propio local. Es muy carismático y desenvuelto, y quienes lo ven se sorprenden por la pasión que pone en el zumba, un canal de expresión para él.///
Inclusión
Vale destacar que en este caso, como en muchos otros, se necesita de gente que apoye. En la vida de Alfredo, su profesora Mónica Knudsen fue quien lo empujó e hizo lo que más podía para que él llegue a este logro. Lo vio con vocación e insistió en que le iba a hacer bien en su vida, lo que hizo que este sueño no quede trunco y sea sólo ganas. Ella se encargó de hacer los contactos y guiarlo en su camino.
La inclusión es habitual en sus clases, al igual que hace con gente de todas las edades y de distintas condiciones física, ya que tiene varios jóvenes con síndrome de down en sus grupos, a los que entrena al igual que los demás en todos los horarios, sin ningún tipo de trato que los haga sentirse diferentes.