Algo se quebró y se dobló
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«El fracaso es la oportunidad
de comenzar otra vez
pero con más inteligencia»
Henry Ford.
«Que se quiebre pero que no se doble», es la histórica frase que, como otras quedaron marcadas como sello indeleble en la Unión Cívica Radical. Fue pronunciada por Leandro N. Alem uno de los lideres fundacionales del centenario partido escrita en la carta que se encontró en su dormitorio, el 1º de julio de 1896 el día que se suicidó, con el título «Para Publicar».
Hastiado, cansado, abrumado de tantas diferencias, sin fuerzas para cambiar lo propio desde su conducción, convocó a sus más cercanos amigos a su domicilio particular para tratar diversos temas vinculados su pasión, la política; en determinado momento se levantó de la silla, se colocó un abrigo partiendo hacia el Club del Progreso donde era habitué, mientras se dirigía al lugar en su carruaje, se disparó un tiro en la sien. Aquel «Que se quiebre, pero que no se doble» quedó grabado para las futuras generaciones de radicales desde hace 125 años.
Hubo mil batallas internas y externas, fragmentaciones, desencuentros, alejamientos y retornos de encumbrados dirigentes, la vida adentro de la Unión Cívica Radical no fue, ni es un sendero de rosas y el comité Emiliano Abásolo no ha sido ajeno a esas vicisitudes.
No es intención abordar en detalle una visión del pasado o detenernos en los momentos más calientes de esas diferencias, aun así no podemos ignorar lo sucedido el pasado jueves en el comité de la UCR, cuando se llevaba a cabo un plenario. El descontento manifiesto y el caos, surgido también a la luz de la falta de liderazgo, pueden enmarcarse como consecuencia del pánico que produce la derrota.
Se venía transitando un camino tortuoso con complicaciones desde hace, 60 días atrás, inmediatamente después de las PASO con obstáculos, uno tras otro. Primero fueron la objeciones para integrar la minoría por parte de las otras listas compañeras en Juntos, que obtuvieron muy buena cantidad de votos; Diez, concejal electo, y el presidente del comité local Alberto Esnaola, fueron sindicados como individualistas y cerrados a la participación, se abroquelaron en el acuerdo provincial de Juntos que establecía que, si ninguna lista no llegaba al 25 % no podía ocupar lugar alguno en la boleta para las elecciones generales del 14 de noviembre.
Así comenzó un «éxodo jujeño» en Juntos. Otras cuestiones, además, fueron las denuncias contra el presidente del comité Alberto Esnaola por «violencia de género» que tomó estado público con mucha fuerza y la renuncia de la vicepresidenta María José Cabretón, más allá que nunca terminó de asumir el cargo; una fuerte pelea no disimulada de la lista interna encabezada por Graciana Maizzani; un mutis por el foro de Esnaola diciendo a quien esto escribe que “rompería el silencio luego de las elecciones generales, donde diría todo lo que viene guardando en su mochila”.
En ese clima caldeado transcurrieron los días después de las PASO, donde Juntos con el arrastre de la dupla Santilli-Manes, se impuso en esta interna con la sumatoria de las cuatro listas e iluminó los ojos como triunfalistas en el oficialismo radical. Increíble que este infantilismo permaneciera en la mente de tradicionales rosqueros dentro del partido. Es sabido que en política dos más dos no son cuatro y el resultado de noviembre así lo marcó. Es comparable si en una final de futbol se fuese ganando dos a cero y se termina perdiendo 3 a dos. Esto genera pánico, desorientación, mucho malestar e irritación en el estado de ánimo de quienes conviven con la política partidaria. Los mandamases del comité hablaban de confabulaciones, conspiraciones, deslealtades y todo un diccionario que se emplea en forma repetitiva y virulenta desde un manual de estilo, para estos casos.
No había posibilidad de escaparle al mundo de los correligionarios y en esa maraña llegó el día después, donde cada uno preparaba su artillería con retazos de verdades o acomoda su discurso de acuerdo a la ocasión. Así se llegó al jueves pasado y en el comité, abundaron las voces que pedían renuncias y explicación por la derrota acompañadas por algunos forcejeos; dejándose a un lado cuestiones de importancia con intervenciones que tuvieron cierta altura mientras otras descendieron al subsuelo con expresiones soeces para una reunión colegiada.
Calma radicales
En el viejo edificio de la calle 57 testigo de jornadas jubilosas y de desilusión, ámbito del plenario, el dirigente Mario Ferrari terminó en extrema soledad con su antagónica frase «es necesario más radicalismo, menos hembrismo trucho, menos LGTB, siendo uno de los que desató el mayor voltaje de esa tarde noche; unos, ofendidos expresándose a viva voz ante la vehemencia de Ferrari y otros permaneciendo en silencio que, sin embargo no dejaba dudas del pensamiento, otros solo molestos porque esto había terminado de sacar de eje para lo cual habían sido convocado.
Ya no había tiempo para recomponer el diálogo, al menos en esa instancia, la ordinariez había superado lo esperado, sobrepasado lo pensado sabiendo que sería muy duro el plenario. Sin embargo esto descolocó a todos, algunos reaccionando rápidamente y otros expidiéndose al día siguiente mientras los más exaltados opinaban que se debería hacer una denuncia ante el Inadi, que preside una dudosa Victoria Donda, para medir objetivamente estos temas, quien llega al hueso cuando no son los del palo y mira para otro lado buscando una buena excusa cuando se roza a sus compañeros de ruta.
En medio de esto un planteamiento firme de pedido de renuncia al presidente Alberto Esnaola, quien ha ratificado que de ninguna manera tiene pensado dar un paso al costado, más aún redobló la apuesta aduciendo que «son la lista victoriosa en la conducción partidaria y claramente ganadora en la interna de Juntos… la verdad no sé porque pedir una renuncia, hemos hecho una muy buena elección, ganamos tres concejales y peleamos contra todos, los de afuera, los de arriba y los propios». Esto parece un remedo de los dichos del kirchnerismo: perdimos pero ganamos.
El futuro del radicalismo se define solamente en otra interna partidaria
Desatar estos nudos, cerrar las cicatrices tan marcadas, zanjar diferencias en el presente es prácticamente imposible, porque esto no viene de una noche de plenario, es una atmósfera pesada que ha provocado tormentas y el viento golpeó con tal fuerza que algunos prefirieron quedarse en el local partidario para aplicar la mayoría mientras que otros se alejaron del lugar y como sucede siempre en estos casos se terminan contando presentes y ausentes, falta de representatividad y la búsqueda de cualquier hecho para sumarle a cada sector supuestos argumentos valederos.
El silencio también tiene respuestas. Frase que podríamos aplicar a Esnaola, quien se mantuvo hasta estas horas, luego de 60 días en un silencio poco habitual en él; o bien por haber sentido algún golpe que lo obligó a mirar el reloj esperando la campana que cerraba el round luego de los desencuentros ya conocidos y la dura interna partidaria o tal vez intentando predecir el futuro.
La política suele ser tiempo y espacio y a veces como solía decir el poeta Antonio Machado «no sirve tener razón en el momento equivocado», aunque para la vereda de enfrente de los «caciques» radicales, es un sentir no olvidar lo pasado teniendo que recordarlo siempre para que no se repita.
La interna de la UCR no se cerró en las PASO con el triunfo de Diez y una derrotada Maizzani, eso pareció verse en la noche del 12 de septiembre; con el correr de los días fue todo lo contrario, se acrecentó la grieta, ahondó la diferencia, tan sólo hubo maquillaje de ocasión con algunas elegantes palabras de compromiso y escasas fotos con gestos adustos y tonos inocultables que dejaban la sensación que nada andaba bien.///