Alimentación consciente: saber qué comemos y volver a lo natural
:format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2018/09/saludable16.jpg)
Cada vez más personas en nuestra ciudad optan por esta tendencia, vinculada particularmente a un cambio de paradigma, a mejorar la calidad de vida y a comer productos lo menos elaborados posible
Volver a lo natural. Esa es en esencia la idea fundamental de la alimentación consciente.
Cada vez más personas se suman a esta tendencia en nuestra ciudad.
¿De dónde viene la carne que llega a la mesa familiar? ¿Cómo se procesan los lácteos que les damos a nuestros hijos? ¿Qué son los transgénicos, el glifosato y los conservantes? Estas y muchas otras preguntas forman parte de los cuestionamientos a la alimentación procesada industrialmente que consumimos todos los días. Sin darnos cuenta, cada vez más seguido se habla de estos temas.
Intolerancia al gluten, a la lactosa, celiaquía, colon irritable, colesterol alto son apenas algunos de los tantos términos que se escuchan cada vez más al inicio de algún almuerzo o cena con amigos.
También llama la atención ver la fuerza que ha cobrado la oferta de comidas vegetarianas y la proliferación de ferias de productos naturales como una forma más responsable de comprar, y que pone en contacto directo a los productores con los consumidores. ¿Se trata de una revolución silenciosa o de una moda pasajera?
Conectados
“Definiría la alimentación consciente como una alimentación más conectada con la naturaleza”, afirmó la licenciada Luciana González Ramella, quién hace tiempo está vinculada al tema en nuestra ciudad.
Este tipo de alimentación, indicó, propone que “seamos los consumidores conocedores de dónde provienen los alimentos que estamos comiendo”.
“Lamentablemente, actualmente estamos bastante alejados del inicio del proceso de producción. Y también desconectados de la cadena alimentaria del producto hasta que llega a nuestra boca”, precisó, en este último punto en referencia al proceso de cría del ganado que se consume masivamente.
“Una alimentación consciente también tiene que ver con producir todo lo que comemos sin arruinar o desgastar a la naturaleza. Es una alimentación libre de agroquímicos, girando a la agroecología”, definió González Ramella.
Pero no sólo se trata del origen de lo que comemos. “También es volver a la cocina y conectarse más con los alimentos que producimos y tratar de alejarnos un poquito de los supermercados, de las góndolas y los productos industrializados. Creo que en ese sentido cuando se comienza no hay vuelta”, afirmó.
“Hoy estamos mal nutridos, con una gran epidemia de obesidad y de sobrepeso”, dijo la nutricionista. Y afirmó que esto “tiene que ver con que las calorías quedan pero los nutrientes desaparecen”, precisamente por la calidad de los alimentos.
También afirmó que se ven muchos casos de “carencias importantes hierro, entonces aparece la anemia, carencias de yodo, lo que provoca el hipotiroidismo, y otros tipos de carencias micronutrientes”.
Sin embargo, señaló que no se debe ir a los extremos. “No es decir un día, a partir de ahora no consumo nunca más harina, no como más carne. Se trata de cambiar la mirada y tratar de ir a lo fresco y a lo menos elaborado posible”, precisó.
Revolución silenciosa
Alimentación consciente podría considerarse una filosofía con aires de revolución silenciosa. Además de optar por alimentos en función de sus nutrientes, esta práctica supone revalorizar el momento de comer y hacerlo sin las distracciones frecuentes
Saber de dónde vienen los productos que llegan a nuestra mesa. Saborearlos con calma, respirando profundamente, prestando atención plena sobre lo que ocurre en nuestro interior y, siempre, disfrutando de cada bocado y cada sorbo que comemos. Todo en silencio y sin urgencia, sin distraernos con música o la tele encendida.
Estas son algunas de las características que sirven para explicar la alimentación consciente, una filosofía que gana seguidores no sólo en Oriente, de donde es originaria, sino en los países occidentales, donde -como ocurre en nuestra región- cada vez más personas se vuelcan a su práctica con un claro y simple objetivo: sentirse mejor.
Pensado como un camino eficaz para alimentarse de una manera saludable, esta tendencia implica básicamente ser consciente de los que se está consumiendo.
Quienes lo practican aclaran que no está mal comer galletitas u otros alimentos menos saludables pero explican que lo mejor siempre es informarse, leer los ingredientes y saber reconocer la información nutricional que viene en los paquetes de comida. La idea, se resume, es elegir que comer desde el conocimiento.
La proliferación de restaurantes saludables, las ferias orgánicas que se multiplican por el país, los mercados de productores, los sitios y blogs por mil en la web y las ventas on line de productos de este tipo no hacen más que confirmar un nuevo rumbo en materia de alimentación consciente y “viva” (alimentos con cocción que no supere los 45°), algo que es practicado cada vez por más personas en nuestra región.
Según la visión de quienes le prestan atención a esta movida, uno de los secretos más eficaces para perder peso es algo tan sencillo cómo prestar más atención y concentrarse en la forma en que comemos, en vez de masticar y tragar de manera automática e inconsciente los alimentos que nos llevamos a la boca.
De regreso
“Me gusta la alimentación consciente”, señaló la nutricionista local Natalia Giardino. Aunque opinó que hay que tener cuidado de no “llevarla al extremo” y que antes de iniciar un cambio drástico en la forma de alimentarse, las personas deben consultar a un profesional.
“Claramente el tomate de la huerta es mejor que el que se vende en la verdulería, pero lamentablemente no todos tienen el acceso a esos productos. Por eso considero que es difícil volver a lo natural”, dijo Giardino, quien indicó que la tendencia es todo un cambio en el estilo de vida de las personas.
“Hay muchas consultas sobre este tema. Muchos ya no quieren comer carne y quieren optar por una alimentación vegetariana o vegana”, señaló la nutricionista. Sin embargo, planteó, no se debe desconocer que es una opción netamente personal. “También están los que se cansaron de la alimentación vegetariana y quieren volver a comer carne”, puntualizó.
Otras formas de comer
La alimentación consciente tiene muchos puntos de contactos con otros tipos de alimentación más antiguas surgidas en Oriente.
El maestro de yoga necochense Sebastián García, más conocido como Sadeva Dharmanath, señaló que en su caso personal hace 20 años que lleva una “alimentación yóguica”.
“Es básicamente vegetariana y lo único que comés de origen animal es un poco de lácteos y si algo tiene huevo lo comés, pero muy medido”, indicó.
Toda la familia de Sadeva es vegetariana.
“En yoga se denomina alimentación Sátvica, es una alimentación equilibrada para el cuerpo, las emociones y la mente”, explicó.
E indicó que la alimentación consciente es “saber qué es lo que estás comiendo y también la procedencia”. En cambio, en la alimentación sátvica no sólo se busca conocer lo que se come y su procedencia, sino “comer sólo lo que necesitas”.
Por eso, afirmó, “son dos cosas distintas”.
Afirmó que, por ejemplo, con la alimentación vegetariana “te enfermas menos, descansas mejor, tenés más vitalidad, tenés mejor la piel”.
Sin embargo, destacó, “no te hace más o menos espiritual que comas algo o no. Es un complemento”. Por eso no se les exige a quienes van a practicar yoga que cambien su alimentación.
“Cuando vas a modificar tu alimentación, siempre tenés que ir al médico o al nutricionista”, concluyó.///
El “efecto crunch”
Investigadores de las universidades Brigham Young (BYU), en Provo, Utah, y la Estatal de Colorado (CSU), en Fort Collins, Colorado, descubrieron hace poco que el ruido que hace nuestra comida mientras la estamos comiendo puede tener un efecto significativo en la cantidad de alimentos que ingerimos.
El denominado “efecto crunch” sugiere que es probable que comamos menos si somos más conscientes de los diferentes sonidos que se producen en la masticación, y que ver la televisión o escuchar música con un elevado volumen acústico mientras nos alimentamos puede enmascarar esos sonidos, que funcionan como un elemento de control.
“La mayor parte de los consumidores e investigadores han pasado por alto el papel del sonido de los alimentos como una señal sensorial importante en la experiencia de comer”, señala una de las autoras del estudio.
“El sonido suele ser etiquetado como el ‘sentido olvidado’ en lo que respecta a los alimentos, pero si la gente estuviera más centrada en como suenan sus masticaciones, podrían reducir su consumo”, de acuerdo a Ryan Elder, profesor de marketing de la BYU.
El “efecto crunch” proviene de los distintos sonidos al morder los alimentos, como mascar (como si fuera un chicle), masticar o hacer crujir la comida, según los autores de este trabajo. Elder y Mohr efectuaron tres experimentos diferentes sobre este efecto y de sus resultados dedujeron que, sugerir a las personas que piensen en los sonidos que producen al comer, podría ayudarles a disminuir su consumo de comida.
Esos investigadores descubrieron que comemos menos cuando el sonido de la comida es más intenso, y que cuando esa sonoridad está enmascarada, por ejemplo al ver la televisión mientras nos alimentamos, nos quedamos sin la percepción auditiva de la masticación, lo cual hace que comamos más de lo que habitual.