Zelayeta bronce en voley playa
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Feliz por la consagración de su hijo Mauro Zelayeta como medallista olímpico en el voley de playa, la atleta necochense dejó de lado su doloroso recuerdo de Barcelona 1992
Con una sonrisa que desborda su cara, el marplatense Mauro Zelayeta disfrutó ayer de su consagración olímpica, colgándose la medalla de bronce en el voley de playa de los Juegos Olímpicos de la Juventud en Buenos Aires, junto al mendocino Juan Bautista Amieva. Una historia más de las tantas que marcaron al deporte argentino en esta semana. En el festejo íntimo del jovencito de apenas 18 años, el que no captan las cámaras, el abrazo familiar lo encuentra con su mamá. Es “nuestra” Ana María Comaschi, la atleta más importante y una de nuestras grandes embajadoras deportivas. Y es imposible no sentirse parte de esa emoción, pensar al menos que un mínimo pedacito de ese logro late en un corazón necochense.
Sin revanchismo
Es una historia familiar que además alcanza el deshelase perfecto. Ana María resignó su sueño olímpico por un error burocrático para la edición de Barcelona 1992. Un dolor mancillado en el tiempo. Que la participación olímpica de Mauro y este podio parecen cerrar. Sin embargo, Ana María entiende que su alegría pasa por otro lado, sólo por la alegría de su hijo. Y nada más. “Esta historia es suya, ya ni me acuerdo lo mío. Quedó una espina en el corazón, pero yo nunca lo presioné para llegar este objetivo. Si bien internamente en su momento me lo dijo, pero no, al contrario, siempre lo apoyé a seguir”, compartió Comaschi dialogando con Ecos Diarios, recién llegada a Mar del Plata tras un día de nervios y festejos en Buenos Aires.
“Estuvimos como tres horas para salir de la cancha, toda la gente quería sacarse fotos con él. Estuvimos 11 días yendo al parque a verlo, fue uno de los deportes más largos. Y mucha gente hizo el esfuerzo para ir a verlo. Que se lleve el cariño de la gente también es importante”, destacó quien fuera subcampeona iberoamericana en 1992, en el heptatlón.
Sobre la consagración de su hijo y el mendocino Amieva, a quien consideró “un hijo más” por todo el tiempo que se prepararon juntos desde enero en Mar del Plata, agregó que “se lo merecían por todo el esfuerzo que han tenido este año. Se entrenaron duro para esto y dejaron muchas cosas de lado, como todo deportista. Por nivel (que había) estaba para cualquiera. En el Mundial (Sub-19) habían quedado cuartos y lo que más deseaba era la medalla y era el sueño de ellos. Verlos felices es estar feliz uno”.