Anécdotas e historias de un lugar de salud y encuentro: el gimnasio
Santo Passero fue el pionero en la década del 50. El crecimiento a partir de los ochenta. De la práctica artesanal a la actual cultura de bienestar
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RAÚL JÁUREGUI
Redacción
Un recorrido por el historial de los gimnasios en la ciudad de Necochea y su evolución en el gusto y elección de la gente, fueron el eje de una nueva columna de anécdotas del pasado local en el programa “Desde Temprano”, por Ecos Radio.
En principio se dio cuenta que como en toda historia o actividad siempre hay un pionero, y en el caso de Necochea esa persona llegó desde Rosario en los primeros años de la década del 50: Santo Passero, un idóneo muy bien formado y dueño de un gran carisma, quien abrió el primer gimnasio privado que tuvo la ciudad en un local de calle 57 entre 68 y 70.
Passero tenía su fuerte en la gimnasia correctiva, aunque conocía a pleno la temática de la fuerza y musculación y cómo hacer clases atractivas sin los elementos de hoy. Bancos de madera, pesas, mancuernas, tabla inclinada para los abdominales y mantas para ejercitar en el suelo, eran sus herramientas de trabajo.
A su vez fue un innovador, porque empezó a llevar a sus clientes al Parque Miguel Lillo para que hicieran ejercicios al aire libre.
El gimnasio de Santo se puso de moda. De los 60 a mediados de los 80 fue “el lugar” elegido, creándose buenos climas de trabajo donde el dueño del gimnasio, su físico y cuidados eran el ejemplo.
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Debido a su evolución, el local le quedó chico y en los 80 Santo Passero construyó e inauguró su amplio lugar propio en 57 entre 66 y 68, que hoy se encuentra en manos de Diego Morano. El piso era de parquet y el propietario impuso una norma de cuidado: había que hacer ejercicios sin calzados.
Bromista y dueño de varias frases que han quedado en la memoria de sus cientos de clientes, como “Soy el preparador físico de campeones y Uds. lo son…”, Passero también fue el encargado de la parte física de exitosos planteles de fútbol, como el de Rivadavia que en 1957 le ganara en Uruguay al mismísimo Nacional de ese país; Palermo y Estación Quequén campeones del futbol local, y selecciones juveniles.
Santo falleció el 1 de abril de 1999, dejando un enorme recuerdo, que se testimonia en los comentarios y fotos que ha recogido desde su creación, en noviembre de 2011, el sitio de Facebook “Recordando a Santo Passero”.
Klug y la gimnasia
En la década del 60 y 70 otro idóneo de la educación física que eligió Necochea para desarrollar su labor fue Juan Klug. Proveniente de Alemania, vino a fomentar la gimnasia de destrezas y ejercicios en aparatos como cajón, anillas y barras.
Además de su trabajo en escuelas, Klug creó la Asociación Cultural y Deportivo Argentina Alemana (ACDAA), con un amplio gimnasio en calle 76 entre 73 y 75, donde organizó más de 20 gimnaestradas.
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Empieza la demanda
En la continuidad del espacio radial se mencionó que la década del 80 trajo la demanda de gimnasios, que significaron un complemento de las prácticas que hasta entonces cobijaban los clubes.
La nueva camada de profesores de educación física fue liderada por Germán Moras y Nancy Güelfi, que abrieron su gimnasio en 1983 en el local de avenida 58 y calle 63, en cruz con el edificio del Correo Argentino.
En la planta de ingreso estaba la recepción y en el sótano el lugar de práctica, con los primeros aparatos que tuvo Necochea. Entre ellos máquinas para hacer abdominales y remos.
El 5 de abril de 1990 Moras inauguró su sede propia en 54 y 57, que contó con la primera pileta de un gimnasio en la ciudad, ya que hasta entonces solo existía el natatorio del Club Huracán. Los grandes gimnasios de la ciudad de allí en más pasarían a tener piletas, ya que la clientela lo demandaba.
Moras y Guelfi innovaron con el fittnes, la gimnasia aeróbica y aero step de competición, llegando a obtener un meritorio tercer puesto de un nacional disputado en el Luna Park.
Otros exponentes
En la década del 80 también tuvo sus inicios la profesora Laura Quaglia, que comenzó en el entrepiso de la galería Zulberti, en 64 entre 59 y 61.
Posteriormente, con la incorporación de su hermano y también profesor, Marcelo “Yuri” Quaglia, contaron con el gimnasio “Atenas”, ubicado en avenida 59 entre 60 y 62, en el primer piso del edificio donde funciona una óptica.
Más adelante, en la década del 90, montarían el gimnasio “Palestra” en 55 casi 62, con su fuerte en la natación, promocionando a buenos nadadores, encabezados por el exitoso Eduardo Otero.
En el caso de Laura, fue una de las primeras profesionales que dictó pilates en Necochea, hoy una de las especialidades más elegidas.
Por aquel tiempo también apareció en la oferta Martín Chiaradía, con un amplio gimnasio en 65 y 62, donde hoy funciona un supermercado chino.
Este profesional se dedicaba a la gimnasia deportiva y artística, teniendo bajo su tutela a Adriana Zampallone, que brilló a nivel nacional.
Chiaradía fue muy considerado en esta disciplina, a punto tal que le fue otorgada a modo de obsequio la pedana que Mar del Plata usó en los juegos Panamericanos de 1995.
Otros nombres que han quedado en el recuerdo de esos tiempos de gimnasios y en algunos casos vigentes son Camilo López, Carlos Alberto Rens y Alberto Peña, que también se destacara como entrenador de atletas, siendo por caso el descubridor y primer guía de la notable Ana María Comaschi.
Gimnasios habilitados
Con un presente donde el ir al gimnasio es una norma de vida, en la actualidad la Dirección de Control Urbano tiene habilitados 25 establecimientos de este tipo.
Un detalle a considerar es que en Quequén hubo prácticas de gimnasio en los clubes Ministerio y Defensores de Puerto Quequén, aunque el primer gimnasio privado formalizado fue el del profesor Gonzalo Tarifeño, ubicado en calle 519.
Como reflexión final se hizo mención a una frase que pertenece a Néstor Lentini, el primer médico deportólogo que trascendió en nuestro país: la actividad física sirve para buscar “morir joven lo más tarde posible”.
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