Anécdotas inolvidables: de la Primera C al hogar Alejandro Raimondi
El recuerdo de la pretemporada de un equipo del ascenso que se hospedó en la residencia para ancianos de la ciudad
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Si uno va para atrás en el tiempo, era muy común ver por las calles de la ciudad a los integrantes de diferentes equipos de Primera División, o de categorías más bajas como la Primera Nacional o la Primera C.
En los tiempos libres, los jugadores de equipos como Belgrano o Defensa y Justicia, que se encontraban de pretemporada en Necochea, recorrían las tardes de verano y se mostraban como una atracción para los turistas y los oriundos de la ciudad, que se encontraban en una tarde común de playa.
Sin embargo, hay que viajar hasta el 2014 para encontrarse con una insólita historia de un equipo del ascenso, que realizaba sus trabajos preparativos de cara a la temporada venidera, y fue revivida por el periodista deportivo de Tyc Sports Francisco Di Giusto.
El Club Atlético General Lamadrid, cuya sede se encuentra en el barrio de Villa Devoto, no tenía en sus planes realizar un viaje a una de las tantas localidades costeras con capacidad para albergar un plantel completo.
Sin embargo, “de la noche a la mañana” manifestó Di Giusto, surgió la posibilidad de que el “Carcelero” viaje a Necochea para comenzar con la pretemporada veraniega y se hospede en el "Hogar de Ancianos Alejandro Raimondi, que fue construido en 1923 para albergar a niños, y que en 1978 fue inaugurado para recibir personas de tercera edad en situación de calle o de bajos recursos.
Algo impensado quizás para Héctor Balsa, entrenador del equipo de la tercera categoría del fútbol argentino, pero llamativamente efectivo, ya que mientras los abuelos del hogar descansaban, eran atendidos o disfrutaban de alguna que otra proyección cinematográfica, los jugadores de Lamadrid entrenaban en los médanos, y regresaban al hogar ubicado sobre Avenida 2 entre Avenida 75 y calle 77, para compartir mesa, anécdotas y también menú con los ancianos que vivían hace tiempo en el Raimondi.
Algunos abuelos iban a ver los entrenamientos, y los futbolistas les enseñaban canciones de cancha. Incluso, según las palabras de Di Giusto, llegó a formarse un equipo de ancianos con un arquero de 72 años que mientras se encontraba en el arco, fumaba recostado a la espera de algún ataque del rival.
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