Lamentable estado del anfiteatro -FOTOGALERÍA-
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Suciedad de todo tipo, vidrios de botellas y olores nauseabundos en el escenario del Parque Lillo. Se demoran los cambios proyectados
A dos semanas de la fecha de inicio del Festival Infantil, del cual es uno de los escenarios principales, el anfiteatro del Parque Miguel Lillo presenta un deplorable estado, el que se ha ido intensificando a lo largo del año, por una cuestión que se replica en varios sectores de la ciudad: falta de mantenimiento y cuidado por parte de la Municipalidad.
El lugar es hoy en día un muestrario de mugre de todo tipo: desde ramas, cartones, un pullover viejo a envases vacíos, tanto de plástico como de vidrio, con el agravante que parte de los últimos han sido rotos y los restos están esparcidos por distintos sectores.
Si se tiene en cuenta que es un lugar de circulación libre, numerosos niños suelen acudir a jugar de día al Anfiteatro y está latente que puedan lastimarse al pisar algún vidrio.
Yuyos en pleno crecimiento en las escalinatas y entre los asientos de cemento y un muestrario de indescifrables grafittis, que han tapado parte de los murales que se confeccionaran tiempo atrás en las paredes, también integran la triste imagen.
En cuanto a la explanada de la parte inferior, ubicada entre las gradas de asientos y el escenario, que hasta hace pocos días permaneció con una enorme laguna producto de las últimas lluvias y los desagotes tapados, el agua se ha ido secando pero han quedado restos de barro.
Un aguantadero
Al panorama antes descripto se suma el sector trasero del escenario, que se utiliza como vestuario de los artistas, donde el olor a orín y materia fecal es insoportable, además de haber agua y desechos de todo tipo. Un lugar que ha sido tomado por un baño y lugar en el que pernocta algún que otro vagabundo.
Observando la cantidad de vidrios y botellas tiradas, queda claro que el Anfiteatro es una especie de aguantadero de individuos a los que poco y nada les interesa que la ciudad luzca bien.
Al respecto, cabe recordar que años atrás se registraba una situación similar en un kiosko de material ubicado a metros del Anfiteatro, que tras quedar de baja la concesión fue centro por las noches de concentración de vándalos, que lo fueron destruyendo de a poco y hasta lo incendiaron, lo que decidió al municipio a demoler la estructura.
En el caso de estas presencias, es una cuestión que debería ser controlada por las fuerzas policiales, que según lo visto no cumplen tal función.
Por ahora, un anuncio
Meses atrás el titular del Entur, Eduardo Otero, dio a conocer detalles de un proyecto, de “inminente” concreción, que consistía en la realización de reformas al lugar, con el fin de “integrarlo” al parque.
El primer paso del proyecto, que fue explicado por el funcionario a concejales, quienes le dieron el aval, consistiría en la demolición del cerco perimetral y la ampliación del escenario, ocurriendo lo mismo con el vestuario actual, casi irrecuperable a esta altura de los acontecimientos.
Los planes del Entur respeto al anfiteatro Pedro Arozarena son más ambiciosos aún, y que está la idea de techarlo en el futuro.
A la hora de los anuncios se precisó que la intención era concretar al menos el quite del murallón, para los festejos del 136º aniversario de la ciudad, que tuvieran lugar en el Parque, lo que claramente no ocurrió.
En nuestra edición de ayer dimos cuenta de una serie de adefesios de todo tipo que presenta la zona neurálgica de la Villa Díaz Vélez, en la que también está inmerso el Anfiteatro.
Mientras este tipo de cosas enerva a muchos ciudadanos que quieren ver limpia, linda y progresista a Necochea, aún resta bastante para que esté medianamente presentable. Y en estas cuestiones la mayor responsabilidad es del municipio, que parece estar adormecido.




