Aniversario del Taller “Senderos de luz”
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Se cumplen 31 años de su puesta en funcionamiento
Se cumplen 31 años del funcionamiento del Taller Protegido municipal “Senderos de Luz” , dado que si bien fue inaugurado oficialmente el 15 de abril de 1988, el comienzo de las actividades laborales se hizo efectivo el día 18 del mismo mes.
En ese momento dependia de la secretaria de Bienestar Social de la comuna, el taller protegido era un establecimiento laboral, cuya finalidad era la producción de bienes y servicios. Su particularidad principal era que la planta de operarios del mismo estaba integrada por 20 personas discapacitadas, cuyas edades oscilaban entre los 18 y 25 años. Hoy alcanza a los 40 operarios y las edades se extendieron.
Estos operarios efectúan el sellado de bolsas de polietileno y de bolsas de residuos y de sobres de papel para diversos comercios.
En el inició del taller también realizaban trabajos de cestería (maceteros, paneras, cortinas, canastos) y artesanías, utilizando recursos naturales del mar y del parque Miguel Lillo, tales como caracoles, piñas, hojas secas, espigas, semillas y cortezas de árboles.
La comercialización de todo lo que se realiza, así como la provisión de la materia prima, cuenta con el apoyo de la Asociación de Padres y Amigos del Taller y especialmente con la Municipalidad de Necochea, por intermedio de la secretaria de Desarrollo Humano y Política Social, que también se hace cargo de los profesores, docentes, auxiliares y de la alimentación para todo el equipo.
Inicios
En sus inicios, la directora del establecimiento, Silvia Guerero, efectuaba un balance del primer año de su funcionamiento, (en 1989) y sostenía en la edición de Ecos Diarios que “se han logrado dos de los objetivos fundamentales que nos habíamos trazado: el autoabastecimiento y la asistencia integral a los jóvenes operarios discapacitados”.
Sobre esto último precisaba que “desde el 13 de marzo del corriente año los operarios permanecen en el taller desde las 7 de la mañana hasta las 15”. Hasta entonces sólo asistían por la mañana. De esta manera, se ampliaba la asistencia a los discapacitados, y además de desayunar, y almorzar, ahora también merendaban en las instalaciones del taller.
La directora del establecimiento añadía en la nota que la incorporación de un profesor, desde el principio del último verano los operarios también desarrollaban actividades físicas.
Para ello contaban con la colaboración del club Palermo, que cedía gratuitamente sus instalaciones.
En la temporada estival comenzó a implementarse un programa de socialización, recreación y ocupación de tiempo libre, en el que se incluían actividades motrices, de equilibrio y coordinación, todas conducidas desde un enfoque terapéutico.
Dichas actividades se desarrollaron tanto en el parque Miguel Lillo como en la playa y en el camping municipal.