“Año tras año tenemos muchas más ballenas en nuestras costas”
El biólogo Luciano Valenzuela se refirió a la especie franca austral y recomendó fortalecer el avistaje costero responsable
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JULIETA MORENO
Redacción
En los últimos años, cada vez más ballenas se acercan a la costa de la provincia de Buenos Aires y, particularmente en Necochea, de junio hasta octubre, se pueden avistar espectáculos únicos con solo pararse en las escolleras o sobre la avenida 2.
El fenómeno despierta admiración y también curiosidad entre los habitantes y los turistas que nos visitan porque las ballenas han pasado a ser, en poco tiempo, parte de la fauna característica de la zona en esta época del año.
El biólogo Luciano Valenzuela, investigador de Conicet y director del Laboratorio de Ecología Evolutiva Humana en la sede de Quequén de la Universidad Nacional del Centro, explicó que la clave de este crecimiento está en la recuperación poblacional de la especie y en el desplazamiento de la alimentación.
“La ballena franca austral, que es la especie que vemos normalmente, estuvo en peligro de extinción y se empezó a recuperar desde la década del treinta. Esa población estuvo creciendo a una tasa de un 7% anual hasta el año 2010. Hoy en día crece a una tasa menor, pero lo que quiere decir es que año tras año tenemos muchas más ballenas en nuestras costas”, señaló.
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A esa recuperación se suma un segundo factor. “Debido a una disminución en la alimentación en las áreas bien al sur, alrededor de la Antártida, y un incremento en las áreas más al norte -enfrente de la provincia de Buenos Aires, pero mar adentro—, las ballenas se han desplazado hacia el norte en busca de la alimentación”, explicó el investigador.
Ese cambio provoca que la especie se vea más cerca de nuestras playas. “El crecimiento de la población y el desplazamiento hacia el norte hacen que estén más cerca de nuestras costas y podamos verlas migrar para un lado y para el otro por la costa de la provincia de Buenos Aires. De cualquier manera, no son todas las ballenas que vemos nosotros, solo vemos una porción pequeña de la población”, aclaró Valenzuela.
Rutas de migración y características
Las investigaciones señalan que el movimiento mayoritario ocurre de sur a norte, siguiendo la línea costera de Claromecó, Necochea, Miramar y Mar del Plata, aunque seguramente hay animales que van en otro sentido. A Península Valdés, solo llega una fracción de la población. “Aproximadamente un tercio o un poquito más de las hembras adultas reproductivas y algunos machos. El resto de la población hace otros recorridos y no van todos los años a reproducirse. Algunos se desplazan hacia el sur, otros llegan incluso hasta el sur de Brasil”, detalló.
En cuanto a la especie que se ve en Necochea, Valenzuela indicó: “La ballena franca austral físicamente es muy diferente a otras ballenas, no tiene aleta dorsal y tiene en su cabeza unas manchas blancas que son callosidades cubiertas por pequeños crustáceos. Esas manchas son como sus huellas digitales, únicas para cada animal y que no cambian con el tiempo”.
Una hembra adulta puede medir entre 15 y 16 metros y pesar entre 40 y 50 toneladas de peso, mientras que los machos son algo más pequeños. Su alimentación se basa principalmente en diminutos crustáceos y copépodos, organismos microscópicos que abundan en distintas áreas del Atlántico sur.
Avistaje responsable
El crecimiento de esta población abre un debate sobre el aprovechamiento turístico. Mientras algunos plantean la posibilidad de organizar circuitos en gomones para acercarse a los cetáceos, Valenzuela advierte sobre la necesidad de regulación. “Para hacer avistajes de este tipo necesitamos una ley provincial que no tenemos. No simplemente que regule qué compañía va a tener un permiso, sino cómo se hace, a qué tipo de animales se puede aproximar, cuáles son las distancias, qué tipo de embarcaciones se pueden usar”, explicó.
De todas maneras, remarcó que Necochea tiene un potencial especial para impulsar el avistaje costero. “Es un avistaje que no interfiere con los comportamientos naturales del animal y que aquí, particularmente con las escolleras, nos permite adentrarnos caminando, en bicicleta o en auto y verlas relativamente cerca”, sostuvo.
En relación a quienes se acercan con embarcaciones o incluso nadando, indicó que está prohibido y conlleva riesgos “no porque sean animales agresivos sino porque son 50 toneladas de algo moviéndose en el agua que puede provocar un accidente sin proponérselo”.
Ciencia ciudadana
El investigador subrayó que la Argentina cuenta con uno de los programas de estudio más importantes del mundo sobre la ballena franca austral a través del Instituto de Conservación de Ballenas, del cual él forma parte. “El programa de investigación que tenemos en la Argentina es el más largo continuo que existe en el mundo, basado en fotoidentificación de ballenas. Se inició en 1971 y lo continuamos hasta hoy”, indicó.
El desafío ahora es ampliar el conocimiento en nuevas regiones. Para ello, promueven iniciativas de ciencia ciudadana. “Estamos intentando iniciar un proyecto que utilice imágenes y videos obtenidos por fotógrafos y personas que usan drones, para identificar los animales y poder conocerlos mejor en la provincia de Buenos Aires”, explicó Valenzuela.
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