Añorando el glamour del reinado y ser embajadoras de la ciudad
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Ex reinas de Necochea destacaron sus experiencias y lamentaron que se hallan dejado de organizar los concursos
En tiempos en los que la monarquía de la belleza abdicó ante la fuerza libertadora de la diversidad y la perspectiva de género, parece aún más lejana una época en la cual adolescentes semidesnudas desfilaban para ser evaluadas por sus atributos físicos por un jurado. Pero para las protagonistas de aquellos concursos, esos momentos significaban mucho más. Y aun hoy, con el paso de los años, siendo madres, empresarias o trabajadoras, repasan aquellos días con añoranza y los valoran como una experiencia que les cambió la vida y les trae hermosos recuerdos. Es que siendo una adolescente en los años 70, 80 o 90 no había nada más maravilloso que ser la Reina de Necochea.
“Es el día de hoy, que todo el mundo me comenta y me recuerda aquella elección”, resalta Natalia Cepeda, Reina de Necochea en el verano de 1995. “Fue la primera elección que se hizo en la (Peatonal) 83 y la gente siempre me lo recuerda. Fue todo positivo, la previa, el durante, la elección y todo lo que trajo después”. Hoy madre de cinco hijos y miembro de la asociación cooperadora del Hospital de Necochea, Cepeda resaltó lo que le significó ser elegida: “Recorrí un montón el país, me ofrecieron presentarme a una agencia de modelos, pero con 15 años, sinceramente no me animé. Pero igualmente trabajé en Necochea haciendo promociones y era algo que me gustaba”.
También el reinado le abrió las puertas a Natalia Amarante, electa en 1994: “La experiencia sirve, te inserta en el mundo del modelaje y si eso no te gusta, te preparara para presentarte ante un público, para plantarte ante la gente, saber cómo se organizan eventos”, resaltó quien luego estudió hotelería y gastronomía. Vivió 25 años en Buenos Aires donde inauguró tres restaurantes, hasta que finalmente decidió dedicarse a su familia y mudarse a la ciudad de Mar del Plata donde reside actualmente.
“Noches mágicas”
Cecilia Olagüe, reina en 1988, calificó los concursos como “noches mágicas, con el calor del verano, la pileta del Casino, con espectáculos y artistas. Llenábamos de color un evento, con glamour”. Radicada en Buenos Aires desde hace muchos años, donde cursó sus estudios, es profesora de Educación Física y yoga, y entrenadora personal. Así como a nivel social le permitió conocer mucha gente, admitió que “Siempre me gustó desfilar, bailar y expresar con movimientos mi personalidad”.
Quien tras su reinado trazó una carrera en el modelaje es Analía Apreda: “Desfilaba desde muy chica con Cristina Zumárraga y seguí desfilando porque es algo que me apasiona y cuando puedo lo sigo haciendo. Me da mucho placer subirme a una pasarela, uno se transforma en ese lugar”, expresó quien fue elegida en 1984 y también extendió su reinado a 1985. “Me eligieron para participar de Miss Argentina, pero con 21 años, estaba embarazada y decidí tener a mi bebé y no seguir el camino del modelaje”.
Apreda, quien por años estuvo al frente de una escuela de modelos, reconoció que le hubiese gustado incluso organizar la elección, pero “no tuve la oportunidad, más allá de ser jurado muchas veces”.
Un espacio perdido
En vísperas del 140º aniversario de la ciudad, entre el tradicional corte de torta y los festejos, brilla por su ausencia la elección de la Reina de Necochea, un acontecimiento que se perdió años atrás. Mónica Zanazzi, quien fue dos veces reina de Necochea, la última en 1981, apuntó al respecto que “eran otras épocas, existía mucho respeto y ahora en estos tiempos que corren no es lo mismo”. Hoy ama de casa y con tres hijos, tres nietos y otro por venir apuntó que “postularse es como ser modelo, no denigra a la mujer, al contrario, la enaltece, pero antes había otros valores”.
Natalia Cepeda, acotó que “no me parece bien que no se haga. No creo que sea algo que ponga en un feo lugar a la mujer”, mientras que Natalia Amarante apuntó que “no era sólo un desfile, era la posibilidad de representar a tu ciudad, recorrer el país, algo muy lindo que está faltando ahora para invitar a los turistas. No hacía falta que seas delgada, también era importante tener condiciones para hablar”. Olagüe, en tanto, coincidió en que es “una desilusión que no se hagan más. Era mágico tener que representar a la ciudad en las provincias o por el país”.
Un “quemo”
La mirada de Apreda fue incluso más allá: “Creo que se perdió por una cuestión de presupuesto. Las últimas las hacían el 12 de octubre, no en verano. Nadie ha hecho propuestas interesantes. Presentarse pasó a ser un quemo. La hicieron burda en su momento. No hay premios atractivos y no hablo de lo económico, sino quizás de becas, algo que las motive”. Y sobre la cuestión feminista, expresó que “hay una línea delgada para no dejar a la mujer expuesta como objeto y eso incomoda. No hay que salir en tanga, podes hacerlo con vestidos, que las chicas puedan cantar y bailar como ocurre con Miss Universo. Pero es difícil esta época, siempre lo hablo con mis hijos. Aquello fue todo tan fantástico, sentir que una puede representar a la ciudad, ser reconocida. Hoy las chicas que se quieren mostrar lo hacen en las redes sociales, no van a un concurso de belleza. Buscan la aprobación con “likes”. Uno siempre busca la aprobación del otro, busca pertenecer, todos los buscamos”.