Ante los desafíos de un mundo en constante cambio
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Datos de un informe de 2019 remarcaban que una de las características de los empleados de empresas del distrito era el bajo nivel de educación universitaria
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“Estamos frente a una cuarta revolución industrial que se sustenta en los avances de la inteligencia artificial, la robótica, internet de las cosas y mucho más relacionado a tecnología en todas sus formas. Y ellas se transforman en prácticas que requieren del desarrollo de capacidades y que cambian la naturaleza del trabajo”.
La frase pertenece al informe “Claves para fortalecer el vínculo entre la Educación y el Trabajo”, presentado en 2019 por el Sistema de Información Provincial sobre Demanda de Perfiles Laborales (SIDPLA) y el Consejo Provincial de Educación y Trabajo (Copret) con datos de nuestro distrito.
El trabajo se realizó a partir del primer relevamiento provincial sobre la demanda de perfiles laborales.
Según ese informe, a mediados de 2018 la cantidad total de empresas de Necochea registradas en el Sistema Integral Previsional Argentino (SIPA) ascendía a 1.960 concentradas principalmente en Servicios (41%), Comercio (32%), Agricultura, Ganadería y Pesca (18%), Construcción (5%) e Industria (4%),que ocupaban un total de 11.342 personas (5,8 ocupados por empresa). Por su parte el sector público ocupaba formalmente a 2.289 personas.
A tres años de aquel informe es difícil saber cuál es la situación empresarial de Necochea. En los últimos días, durante la campaña para las elecciones primarias que se desarrollan este domingo, varios precandidatos remarcaron la falta de datos precisos que permitan conocer la realidad del distrito a fin de planificar el futuro.
Los datos de ese estudio impulsado por el anterior gobierno provincial muestran una cruda realidad sobre la educación en el distrito. El 70% de los empleados de las empresas de Necochea cuenta con estudios secundarios completos, mientras que el 30% tiene como máximo nivel alcanzado el primario.
Según los datos de 2018 los empleados universitarios alcanzan al 13% del total mientras que la educación técnica, tanto superior como media, abarca a un 13% del total.
Salvo Comercio y Construcción, todos los sectores presentan una baja participación de trabajadores con estudios universitarios. La Industria, por ejemplo, sólo tiene el 4% de empleados con ese nivel educativo. En las empresas de Agricultura, Ganadería y Pesca, Comercio y Servicios, la cantidad de empleados con secundario completo supera el 50%. En cuanto a la participación de la formación técnica o superior, el sector Servicio lidera este segmento, seguido por Agricultura, Ganadería y Pesca, Agua y Energía e Industria. En promedio alrededor del 40% de los ocupados de Agua y Energía, la Industria y la Construcción cuentan con educación primaria.
Por otra parte, el estudio señala que la mayoría de los empresarios del municipio (64%) coinciden en que en los próximos 5 años se producirán cambios en las necesidades de conocimientos y habilidades de los perfiles técnicos. A su vez, el 41% de ellos considera que se podrán adaptar los perfiles actuales mientras que un 23% considera que se requerirán nuevos perfiles. Estos nuevos perfiles serán requeridos principalmente en los Servicios (27%), la Industria (24%) y el Comercio (17%).
Constante transformación
Sin duda los cambios y la transformación atraviesan la economía del distrito y en las últimas décadas solo han podido sobrevivir quienes se han adaptado. Alguna vez la ciudad contó con varios astilleros y hoy sólo se reparan barcos.
La industria pesquera, que tuvo su momento de mayor expansión en los 80, prácticamente desapareció.
La “industria sin chimeneas”, el turismo, se ha tenido que adaptar a los nuevos tiempos y ejemplo de ello es la cantidad de hoteles que han cerrado en los últimos años.
En este marco, el futuro parece muy incierto, pero más aún si no se cuenta con un plan de desarrollo integral.
En la primera parte de estas elecciones legislativas que hoy culmina con las PASO, el tema de la falta de planificación ha sido tema recurrente. La mayoría de los habitantes del distrito parecen saber qué necesita el partido, el problema es ponerse de acuerdo.
Alguna vez ese consenso social existió. Si bien en la actualidad no se puede definir como una ciudad de perfil industrial, en algún momento se soñó con una Necochea fabril. Una de las primeras industrias que existieron en esta zona, en los años de la fundación, fueron los hornos de ladrillo, de los cuales fueron saliendo uno a uno, casi simbólicamente, los componentes de la ciudad.
Desde el medio rural marcó el camino que debería tomar la radicación industrial en Necochea, y así fue como apenas tres años después de la fundación, comenzaron en 1884 a levantarse los cimientos de un gran molino cuyo propietario fue Julián Gámez. La industrialización de la producción primaria impulsó notablemente la siembra y, de tal modo, en poco tiempo más se superó la cifra de 30.000 fanegas de trigo en el distrito.
En 1908 surgió la primera compañía de electricidad a partir de ese molino. Otras industrias pioneras en los albores de Necochea fue la fábrica de carruajes, mientras que aparecieron los primeros establecimientos de quesos y lecherías.
En 1930 se reflejó el impulso de Kristian F. Bork en una fábrica de hielo, la cual era una de las más modernas en el país.
Para esa época funcionaba una fábrica de bebidas gaseosas bajo el rubro Antonio Gatto y Cía., además de herrerías artísticas de obra como la de Filippini y de Pedro Tavano.
Con los años la ciudad contó con una gran industria pesquera, astilleros y fábricas dedicadas a la elaboración de otros productos de primera necesidad, como harina, o elementos para las tareas agrarias, como postes para alambrados.
Incluso, en los años 20, se fundó en la ciudad la fábrica de fósforos Necochea. Allí se elaboraban los fósforos Pique y Las 3 Marías. La fábrica funcionaba en la zona portuaria.
Eran otros tiempos, donde la escasez logística obligaba a comprar productos locales y tras imponerse en la ciudad, los fósforos necochenses se vendieron también en Lobería, Tres Arroyos, Balcarce, Juárez, Gonzales Chaves y otras localidades de la región.
Pero la primera gran empresa local de trascendencia nacional fue creada a partir de un invento presentado en 1938 por el joven Rodolfo Ardanaz: una máquina hileradora. Aquel fue el primer producto de una industria de maquinaria agrícola que logró reconocimiento en todo el país.
La industria naval, que tuvo al astillero Vanoli como uno de sus máximos exponentes, comenzó a desaparecer con la industria pesquera, que llegó a contar con una importante flota y varias factorías.
Hoy, con la industria naval y la pesquera prácticamente desaparecidas, el turismo en transformación, con muy pocas empresas dedicadas al agregado de valor a la producción agropecuaria, el comercio parece uno de los principales motores de generación de empleo en el distrito.
Mientras se impulsa la instalación de un polo industrial en Quequén, unas pocas empresas locales se dedican a la elaboración de productos. Existen varias elaboradoras de pastas, fábricas de dulces, alfajores, alpargatas, prendas de vestir y premoldeados, entre otros productos.
Lejos del sueño industrial, Necochea requiere políticas que faciliten la radicación de empresas, pero también que protejan e impulsen a las existentes. Y en la base de este desarrollo debe estar la educación.
Como indica el informe del SIDPLA y el Copret, estamos frente a una cuarta revolución industrial, lo que requerirá adaptarse a un mundo con barreras físicas cada vez más difusas y en la que la información, y por ello la educación, será el principal valor agregado.///