Ante un callejón sin salida, por inoperancia y falta de decisión
El cíclico conflicto en torno a la tarifa y adecuado funcionamiento del servicio del transporte público, ha derivado en los últimos días en un sinuoso camino de errores, pases de factura e ineficacia para resolver un tema recurrente y cansador.
Apretados por las circunstancias que ellos mismos provocaron, al no haber resuelto seriamente las constantes demandas de suba de tarifas por parte de las empresas que prestan el servicio, los concejales invitaron a la población a una urgente audiencia pública, dejando de lado los habituales tiempos formales que se deben tomar para este tipo de convocatorias.
Antes de hacer un análisis de lo ocurrido en la sala del cuerpo deliberativo, se debe señalar que estas audiencias a las que se invita a los usuarios, de acuerdo a una ordenanza que así lo establece, son solo consultivas y su realización es obligatoria.
Lo cierto que el nuevo convite, seguramente motivado por la semana en la que los usuarios se quedaron sin el servicio debido al paro de los choferes, generó un mayor interés que en otras ocasiones, en las que no concurrieran más de tres personas y hasta se han tenido que suspender audiencias por la ausencia de ciudadanos interesados en dar su punto de vista.
Una reunión irrelevante
Esta vez, con la barra poblada por varias personas como no ocurría desde hace largo tiempo –protocolos de la pandemia de Covid mediante y temas poco interesantes- fueron ocho las personas que plantearon sus quejas y reclamos en cuanto al servicio, fundamentalmente en contra de la tarifa que se podría aprobar en la sesión del Concejo del venidero martes.
Ante la escucha de representantes de las empresas de colectivos, algunos funcionarios y sindicalistas de la Unión Tranviarios Automotor, adherentes a las ideas de izquierda, que lo quieren todo gratis aunque bien saben que alguien siempre es el que paga sus beneficios, coparon la parada de la audiencia que presidiera la titular de la comisión de Transporte del cuerpo, Eugenia Vallota.
A la hora de tamizar lo ocurrido en el atardecer del último viernes, quedó la sensación de que el encuentro no pasó de una catarsis de ambos sectores –empresa y usuarios- que es probable que no hayan aportado nada a los concejales que el martes deberán tomar una decisión respecto a cuál será el porcentaje del inevitable incremento del boleto.
Más allá de algunos intercambios a viva voz que no pasaron de un juego para la tribuna -en este caso quienes ocuparon el primer piso del recinto-, la reunión bien se puede tildar de poco productiva, porque no se dijo nada que fuera novedoso o constructivo.
En cuanto a la oposición a que se suba el precio del boleto es algo que se cae de maduro. El consumidor obviamente nunca quiere pagar más. Pero es algo que no se puede evitar en este imparable marco inflacionario, causado por consecuentes malas decisiones políticas.
Como siempre ocurre a estos errores de los gobernantes los pagan los más humildes, que son en este caso quienes viajan en colectivo.
No se animan
Si hay algo que ha quedado plasmado, tanto en este tema específico como en otros, es la falta de voluntad o capacidad que exhibe la mayoría de los concejales para animarse a tomar una decisión, en este caso la suba del pasaje de colectivos. Tal vez porque varios no quieren pagar costos ante la inminencia de una nueva elección. Desatender en el tiempo lo que está ocurriendo con el servicio de transporte urbano ha llevado a este cuello de botella en el que lógicamente algunos, o quizá todos, no queden conformes con la determinación que tomen los concejales.
Como corolario de estas tibiezas, especulaciones políticas e ineficacia de varios funcionarios para ejercer debidamente su labor –tampoco desde el Ejecutivo se han escuchado firmes voces, siendo que se trata de una concesión municipal-, late la posibilidad de que si realmente no se toma “el toro por las astas” la ciudad se quede en no poco tiempo más sin servicio de ómnibus urbano, ya que nadie querrá invertir en algo que no es rentable.