Ante una lastimosa comedia de enredos
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Lejos de volvernos “mejores”, como en su momento predijeran desde el Gobierno para incentivarnos a cumplir la cerrada y excesiva cuarentena que nos impusiera para contrarrestar a la pandemia de coronavirus, distintas voces de la administración kirchnerista, encabezadas por el presidente de la Nación, pusieron su grano de arena a través de frases y acciones linderas a una lamentable comedia de enredos.
Los efectos del Covid parecieran haber incidido más que mal en varios funcionarios de este Gobierno, que han hilvanado una serie de incongruencias, que lejos de ser pintorescas han hecho y hacen mucho mal a la sociedad que representan.
Intentando recordar estas anormalidades, por llamarlas de alguna manera, el rosario de pasos en falso tuvo como primer protagonista al impresentable exministro de Salud, Ginés González García, quien en enero de 2020, al aparecer un caso de contagio en Brasil que ponía en alerta a la región, aseguró en una entrevista: «No tenemos ninguna posibilidad» de que el virus llegue pronto y afecte masivamente al país”.
González García iría más allá de este fallido pronóstico. Tanto con una pobre labor en la negociación para la compra de las vacunas, en la que otros países cercanos avanzaron con mayor eficacia; y luego siendo uno de los pilares del condenable vacunatorio VIP, que obligó al Presidente a eyectarlo del gobierno.
Con sello presidencial
Por tratarse de la principal autoridad del país, los lamentables episodios protagonizados en el último año y medio por Alberto Fernández le han dado una cachetada a la racionalidad; en varios aspectos generando el enojo y réplicas de otras naciones. De suponernos los “más piolas y capaces del mundo” a terminar siendo considerados unos irrespetuosos ignorantes.
Entre los desafortunados dichos de Fernández que han recortado en marcada forma su imagen de principios de la cuarentena, se puede apuntar las innecesarias comparaciones con otros países, cada vez que informaba la situación epidemiológica de la Argentina. Acompañado de pizarras con cuadros estadísticos y con unos aires de profesor infalible.
Se puede enumerar entre esos comportamientos cuando salió a cuestionar la política sanitaria que venía desarrollando un país del primer mundo como lo es Suecia. El mal cálculo de Fernández haría que el país escandinavo tuviera muchos menos muertos, comerciantes quebrados y menos desocupados que nuestro país.
En materia de mala diplomacia, el primer mandatario tendría otra desafortunada frase para con la hermana nación de Brasil, al comparar que mientras los antepasados de los argentinos habían llegado en barco desde Europa; los brasileños habían salido de la selva. Una frase innecesaria, que fue reprobada y calificada de racista.
Internamente, por el dolor de miles de familias que perdieron sus seres queridos, una de las frases más desafortunadas del Presidente fue formulada en abril de 2020, cuando en una entrevista y tratando de defender las medidas tomadas por su gobierno afirmó: «Prefiero tener el 10% más de pobres y no 100.000 muertos en la Argentina». Lo peor es que esa cifra fue mayor con el correr de los meses. Mientras que por aquellos días en los que el país superó la triste barrera, Ginés González García disfrutaba tomando vino en España de los “éxitos” de su gestión al frente de Salud.
Ni que decir de la fiesta ilegal en la quinta de Olivos, en la cual Alberto Fernández y amigos le celebraron el cumpleaños el año pasado a la pareja del primer mandatario, Fabiola Yáñez, mientras los argentinos estábamos encerrados por la propia orden presidencial. Un festejo que, luego se supo, se completó con otras reuniones sociales en la mítica quinta. Durante esos días era común ver al Presidente casi todos los días en la televisión con amenazas a quienes no se quedaran en su casa. Con su dedo acusador llegó a decir “por las buenas o por las malas”. Había que cumplir el famoso DNU que nos condenaba al encierro. Y cuando tomó estado público el festejo de su compañera llegó hasta negarlo. Cinismo a la máxima potencia.
Emulos de la vergüenza
Si el propio Presidente se desubica a cada rato, diciendo sandeces ¿qué se puede esperar de otros protagonistas adherente a la “causa k”?. Por caso la estúpida frase de ministra de Seguridad de la Nación, Sabina Frederic, que al referirse a los que quieren dejar el país debido a los hechos de inseguridad, señaló: “Suiza es más tranquila, pero más aburrida”.
Por estos días también hizo su aporte a este carrousel decadente la precandidata a diputada de la Nación, Victoria Tolosa Paz, que disfrazada de empatía en busca del voto joven en las próximas Primarias lanzó la siguiente grosería: “En el peronismo siempre se garchó”.
Ni que decir del gobernador Axel Kicillof, un abonado al uso del lenguaje, ya usando un barbarismo sobre el verbo hacer, al decir “haiga” varias veces en una entrevista periodística; o en el reciente acto de homenaje al Libertador, citando en su discurso: «¿A quién se le pudió (sic) ocurrir sacar a San Martín de los billetes y reemplazarlo por un animalito?”. Ignorante por donde se lo mire porque no se imprimieron nuevos billetes de cinco pesos, aquellos que llevaban el rostro del Gran Capitán.
También se puede sumar a esta insólita cadena de infortunios, el violento adoctrinamiento político de una profesora kirchnerista para con un alumno en plena clase. Un repudiable accionar que el propio presidente de la Nación respaldara posteriormente.
Furcios; exabruptos; dichos malintencionados o equivocaciones por aparentar más de lo que realmente se es, han pasado a ser el distintivo de quienes nos gobiernan. Un camino acelerado hacia la decadencia que sorprende fuera de la Argentina y que avergüenza y se padece tierras adentro. Una parábola hacia la destrucción cultural de un país que supo sentirte orgulloso de este atributo.///