Antes de los malones
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Hace 80 años Samuel Moreno Ortiz pronunciaba una conferencia en la que se refería a los habitantes de la región anteriores a la llegada de los colonos y la guerra con los mapuches
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Ecos Diarios
Por estos días resulta difícil imaginar cómo vivían los necochenses hace 80 años, pero es casi imposible tener una idea de cómo eran estos parajes antes de la fundación de la ciudad y pensar que existió antes de ello gente que consideraba su hogar a la desembocadura del río Quequén.
En 1939, hace 80 años, en el Ateneo Necochense el periodista Samuel Moreno Ortiz pronunció una conferencia sobre la relación de los indios con los primeros criollos que habitaron la región.
Esa charla fue luego recopilada en un librito hoy olvidado titulado “Las relaciones de los indios con los pobladores de estos contornos al promediar el Siglo XIX”. Moreno Ortiz era el director del diario Necochea, uno de los primeros uno de los periódicos que se publicaba a principios del siglo XX en nuestra ciudad.
El Ateneo había surgido unos años antes por impulso del escritor Eduardo Escobar, Gabriel Gelemur, Cipriano Reyes, el doctor Roberto D. Ramovechi, Carlos Bravo, Francisco Cortesano, Carlos C. Rolón, los hermanos Ignacio y el propio Moreno Ortiz.
El objetivo del Ateneo era, según lo explicó Escobar en uno de sus libros, “formar un centro cultural que bregara por todas aquellas manifestaciones espirituales y que dado el adelanto cada vez mayor de la ciudad pudiera así en su doble aspecto servir de ejemplo entre las ciudades cultas y progresistas de la Provincia de Buenos Aires”.
El ateneo fue sostenido por “quijotes y románticos; soñadores de la nueva era”, de acuerdo a Escobar. Entre esos “quijotes” se encontraban los directores de varias publicaciones de la época, como Moreno Ortiz.
Para no olvidar
Habían pasado 60 años de las campañas militares que expulsaron a los aborígenes de la provincia de Buenos Aires cuando Moreno Ortiz ofreció aquella charla en el Ateneo Necochea.
La mayoría de los asistentes habían escuchado historias de los habitantes originales de la tierra de boca de sus padres y abuelos, pero ya el recuerdo comenzaba a borrarse en una ciudad que ya disfrutaba de todos los adelantos del Siglo XX.
Moreno Ortiz explicaba que no pretendía “asombrar” al público con “hechos y cosas que puedan ser desconocidos para la generalidad”.
En el inicio de su exposición también dejaba en claro que se iba a referir a las relaciones que habían mantenido los primeros pobladores criollos del partido de Necochea con los aborígenes que “tenían su cuartel general en Salinas Grandes, ya que las demás tribus establecidas al Oeste de Buenos aires y Norte de La Pampa, desarrollaban su actividad, en la mayoría de los casos correrías, teniendo por puntos de referencia las zonas inmediatas de Olavarría, Azul, Bolívar, 9 de Julio, Junín, etc., extendiéndose hasta la provincia de Córdoba”.
Moreno Ortiz manifestaba que los primeros encuentros de los aborígenes con los “cristianos” se produjeron en 1582, durante una exposición de Juan Garay hasta el sur de las Sierras de Tandil.
Aseguraba el periodista que el capitán Hernandarias de Saavedra, quien más tarde fue uno de los fundadores de Concepción y Corrientes, se aventuró hasta la desembocadura del río Quequén, “donde tuvo un entredicho con los indios del que, por fortuna, salió con felicidad”.
“En 1695 unos misioneros fundaron una colonia en las proximidades de lo que hoy es Mar del Plata, la que más tarde fue abandonada por su fundadores”, agregaba.
“En 1747, varios jesuitas que se habían internado hacia el sur de Buenos Aires y recorrían la sierra del Volcán (Balcarce), reconstruyeron la colonia, ubicada en el paraje conocido como Laguna de los Padres, a la que dieron el nombre de Misión de la Virgen del Pilar y en la que lograron agrupar a más de cincuenta familias y hasta catequizar a muchos indios, con los que mantuvieron, (pese) a su alejamiento de los centros poblados y los escasos medios defensivos que disponían, buenas relaciones de vecindad, que les permitieron vivir en paz y dar impulso a la obra emprendida”.
Según Moreno Ortiz, “estos antecedentes pueden explicar, en cierto modo, la acogida amistosa que los indígenas dispensaron a los primeros pobladores de los campos de Lobería y Necochea, después de haberse fundado el fuerte Independencia, que dio origen a Tandil en 1823”.
En aquellos años la región era habitada por los indios Vorogas, que según explicaba el conferencista, “tuvieron su dinastía hasta el año 1835, ejerciendo el mando supremo de sus tribus el cacique Rondeau”.
Pero en 1835 “una partida de indios chilenos que cruzó la cordillera al mando del cacique Calfucurá, se impuso por medio de una innoble traición a los que los recibieron como amigos y pagaron su credulidad y buena fe siendo diezmados a lanza y boleadoras”, indicaba Moreno Ortiz.
Con la llegada de los mapuches a la región, comenzaron los malones y los ataques a los colonos que derivó en una guerra que sólo acabó cuando el Ejército argentino inició una campaña para terminar con la invasión.///