Araceli festejó sus 100 años y espera su primer tataranieto
La vecina recordó su vida en el campo, su militancia peronista y el trabajo que realizó por 53 años y que dejó hace dos meses
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Araceli Monaco, que será tatarabuela el próximo verano, llegó a las tres cifras de edad y aseguró que “no hay secretos” para la longevidad. “Yo nunca lo pensé, no pensaba que iba a llegar a los 100 años, fui viviendo todos los días, no sé cómo hice”, explicó. Como dice la canción del músico argentino Litto Nebbia, solo se trata de vivir. Y sí que lo hizo.
Su vida comenzó en la estancia “El Bonete”, en Balcarce, donde vivió hasta los cinco años cuando con su familia se mudó a Lobería. Vivió una vida “bien de campo” y ayudaba a su padre en todos sus trabajos. Su hermana mayor, por el privilegio de ser la mayor, fue a estudiar “al pueblo” y ella debió acomodarse contenta con las tareas de campo y de la casa. Completaba su familia su madre a quien ayudaba en la cocina y sus dos hermanos más pequeños.
Mientras su padre, con quien forjó una relación muy estrecha, manejaba la cosechadora, ella era enganchadora de las bolsas. “Se llenaban las bolsas de pasto y yo se las desenganchaba y enganchaba”, contó Araceli. A través de él, conoció todos los secretos del campo; esquilaba y curaba ovejas, criaba corderos, hacía leña, mataba las hormigas del sembrado y sobretodo tenía una habilidad para cabalgar envidiable. Con solo 5 años se subía al caballo “gateando” y tenía su propio caballo llamado Lacho, color alazán y muy alto.
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“Yo llevaba a mi hermana a caballo a la escuela Nº 21 de Lobería”, contó Araceli, donde se quedaba acompañándola no como estudiante sino como oyente en las clases del maestro Ferrario. Sin embargo, cuando los inspectores visitaban el colegio debía esconderse, “yo no tenía los 6 años aceptados para estudiar y me escondía hasta que se fueran”, recordó.
Otra travesura que rememora eran las carreras a caballo a la salida del colegio porque cabalgando era imbatible. “Yo iba al colegio a caballo y corría carreras cuando salíamos con los muchachos, el mejor caballo era el mío, como lo quería”, recordó entre risas.
Su lúcida memoria dejó entrever historias de añares, realmente increíbles. Una de ellas es la de su abuela materna, que por los años 20 vivía junto a una estación de ferrocarril en el campo y fue atacada por la lanza de un indio, escondido desde una trinchera, que reclamaba ese territorio. “Me acuerdo de la cicatriz que tenía mi abuela en el costado de su vientre”, describió Araceli.
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Con 21 años se casó con su marido, tuvo dos hijas y se instaló en la ciudad. “Necochea es linda, vi todo, me terminó de criar”, afirmó. Su marido fue panadero y luego empleado en el Casino. Ella fue muchas cosas, entre ellas, una de las primeras militantes peronistas: fue parte de la campaña a intendente de su tío, Rodolfo Arce, por el peronismo. “Yo militaba, afiliaba, daba discursos, hablábamos con la gente”, explicó. En esos años, también trabajaba como tejedora principalmente de lana y luego, emprendió como vendedora de productos de cosmética por 53 años seguidos.
En ese sentido, en los últimos años adquirió una habilidad admirable para utilizar el celular. Araceli tiene su Whatsapp y redes sociales como Facebook o Instagram donde recibe muchas solicitudes de amistad y se reencontró con parientes. Esto, además, le permitió estar en permanente contacto con su familia y trabajar de vendedora hasta hace solo dos meses.
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En sus anécdotas recordó el verano y otras graciosas historias con turistas y pensionistas que alquilaban su casa durante la temporada. “Me alquilaron muchos personajes, ese hombre que usaba un corcho en la boca para hacer música y unos payasos del circo, que salían pintados desde casa”, contó.
Su familia, por su parte, proyecta escribir un libro sobre su extensa vida, aprovechando su lucidez y su sólida memoria. “Es un libro abierto, tiene muchas historias” comentó uno de sus nietos. También aprovecharán la ocasión de los 100 años para hacer un completo festejo familiar este fin de semana.
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