Argerich y Barenboim junto a la Divan Orchestra en un concierto en el Teatro Colón
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Se proyectó el jueves, en el ciclo Encuentro Musical que conduce Ana Gabino
El jueves se realizó un nuevo Encuentro Musical en el Auditorium del Centro Cultural de Necochea, de 54 N° 3062, conducido por la profesora Ana Gabino. Nuevamente pudo disfrutarse lo que muchos consideran como el acontecimiento musical del año: la actuación de Martha Argerich y Daniel Barenboim con la West Eastern Divan Orchestra en el Teatro Colón, de Buenos Aires.
Cabe destacar que por cuarto año consecutivo Martha Argerich, Daniel Barenboim y la Orquesta del Divan ofrecieron recitales tocando juntos a cuatro manos y a dos pianos, un concierto para piano y orquesta, y música orquestal a cargo de la excelente agrupación creada y dirigida por el maestro, quien también intervino en esta maratón musical como participante de un trío junto a su hijo Michael al violín y el trompetista Bassam Bussad.
Es admirable la perfección y energía que poseen todos estos músicos. Los carismáticos solistas provocan el fervor de un público que los ama y que no cesa de aplaudir y vivar para que salgan una y otra vez a saludar en el escenario. La orquesta, transmite la pasión y vitalidad de sus jóvenes músicos sin caer en efectismos y son un ejemplo de integración musical y social. El director los considera prioriza en el gran universo de actividades que emprende incansablemente. Humanista comprometido con su ideal de lograr la paz de los pueblos a través del diálogo y el conocimiento del otro, ni declina en su lucha por contribuir a través de la música y ofrece el ejemplo de integración cultural con sus músicos que provienen de países orientales en guerra.
Así como en su presentación a dos pianos y cuatro manos Martha Argerich y Daniel Barenboim mostraron el arte de la transcripción de la orquesta al piano, en su nueva presentación (ahora con ella como solista y él al frente de las West-Eastern Divan Orchestra) la dirección fue contraria: del piano a la orquesta. Tanto el Tombeau de Couperin como Ma mère l’Oye fueron escritas originalmente para piano y luego orquestadas. Pero en el caso de Ravel, éste es un expediente irrelevante porque en cierto modo ninguna es más original que la otra: el pasaje de la monocromía del piano al color de la orquesta depara directamente la ilusión de una pieza nueva, desprovista de cualquier condición subsidiaria.
Una y otra abrieron la primera y la segunda parte y, casi como un juego de espejos, Argerich y Barenboim entregaron como bis, tras el Concierto para piano, trompeta y orquesta de Dmitri Shostakovich, una versión concentradísima e inmaterial a cuatro manos de «El jardín feérico», el último número de Ma mère l’Oye. Fue otro de esos actos de ilusionismo al que nos tienen acostumbrados Barenboim y Argerich.
Vale mencionar que Barenboim es un director raveliano por derecho propio y la WEDO se siente como en casa en ese repertorio. Impresionismo puro, colorismo casi puntillista, elegancia y fluidez, La Tombeau de Couperin (La Tumba de Couperin, un homenaje) y Mamere l’Oye (Mamá la Oca, cuentos infantiles) invadieron con su exquisita sonoridad una sala expectante .Argerich, tal vez la mejor pianista contemporánea tocó el Primer Concierto de Shostakovich con su increíble brillantez y expresividad, además del dominio técnico que la difícil obra requiere. Se lució además el trompetista Bassam Mussad.
Una vez más, se pudo disfrutar otra jornada del extraordinario ciclo desarrollado en el Teatro Colón con el protagonismo de dos argentinos que nos honran.