Atardeceres desolados generan inseguridad para los comerciantes
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La circulación de gente en el centro decae a medida que se acerca el invierno. También se potencian los gastos de luz, al tener los negocios abiertos y haber pocas ventas en esa hora del día
La situación se viene repitiendo en los atardeceres de lunes a viernes, potenciado en los días desapacibles: la circulación de gente por el centro comercial es casi nula y empieza a inquietar a los comerciantes, por una cuestión de seguridad y gastos.
A medida que se acerca el invierno y los días se acortan, la merma de potenciales clientes se nota, aunque en el presente parece ser más pronunciada. “Pasa el horario de la salida de las escuelas y no anda ni un alma…” sentenció el dueño de un local de ropa femenina, sin disimular su preocupación.
Con las veredas despobladas y la oscuridad que gana la escena, más de un comerciante empieza a tomar recaudos o sentir miedo ante la posibilidad de sufrir un robo, que conlleve agresiones sobre su humanidad o la de sus empleados.
En este sentimiento también tiene que ver la escasez de vigilancia policial que se observa en el centro, donde seguramente incide la falta de suficiente personal para cubrir toda la ciudad.
La cuestión no solo atañe a quienes cuentan con sus negocios en el centro, sino los que los poseen en los barrios, donde obviamente la inseguridad parece duplicarse ante el mayor amparo que los desolados sectores les proporcionan a la delincuencia.
Perjuicios económicos
Además de la cuestión de seguridad, el hecho de que no haya gente luego de las 19 de cada jornada, reduce en gran forma las ventas y no pocos comerciantes empiezan a inquietarse y hasta elucubran la posibilidad de mantener abierto menos horas, o hacerlo en horario corrido.
Una de las cuestiones que inciden en los bolsillos de los protagonistas es el del gasto de energía eléctrica en esa franja horaria casi ociosa, sin ingresos económicos.
El tema de las facturas de electricidad es precisamente la mayor preocupación de un grupo de comerciantes, que integraron hace poco la Asociación de Comerciantes Unidos de Necochea y Quequén, en busca de defender en grupo sus derechos y tratar de revivir una actividad en baja.
En este círculo y en conversaciones de otros colegas con sus emprendimientos en distintas barriadas, empieza a crecer la idea de hacer horario corrido, lo que estiman reactivaría las ventas y los gastos se reducirían. Sin embargo se trata de un tema que llevará tiempo instalar en la mentalidad de los clientes, para que se acostumbren.
La injerencia de la cuestión eléctrica en la economía de los comerciantes se hace más palpable cuando culmina el horario de atención. Se apagan las luces o bajan las persianas y varias veredas del centro se asemejan a “bocas de lobos” para los caminantes que salen de estudiar o de sus trabajos y deben ir a tomar el colectivo.