Aún existen las ruinas de un edificio que hace 29 años destruyó un viento huracanado
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Hasta los ochenta funcionó una procesadora de pescados en un populoso barrio de Quequén. Abandono, escombros y suciedad
Sobre el filo de la medianoche del 13 de abril de 1993 el distrito de Necochea sufrió el fuerte azote de un viento huracanado, que destruyó decenas de viviendas y otro tipo de inmuebles, cobrándose la vida de un niño de 10 años.
El embate climático, doblemente sorpresivo y trágico por la hora en el que ocurrió, golpeó con sus ráfagas de viento de entre 140 y 150 kilómetros por hora mayormente en Quequén, y entre los edificios que impactó se encontraba el de la procesadora de pescado “Alfe Trade S.A.”, ubicada en la intersección de 543 y 576, frente al barrio popularmente conocido con el nombre de “120 Viviendas”.
En el amplio despliegue de textos y fotos que Ecos Diarios publicó a consecuencia del devastador fenómeno, apareció una entrevista al sereno de tal procesadora que ya estaba inactiva: “En tres minutos estuve rodeado de escombros” contó en aquella oportunidad el citado empleado, de nombre Juan Halager.
La citada crónica del inusual hecho daba cuenta que “la construcción parecía más inmensa que de costumbre, tal vez, como consecuencia de la gran cantidad de ladrillos y chapas a que quedó reducida un porcentaje importante de la edificación”, a la vez que Halager decía: “Fue un milagro que no me haya tocado ni siquiera un poquito del revoque que cayó en pocos segundos”.
Imagen desoladora
A pocos días de haberse cumplido 29 años el trágico episodio, que en el caso de la ex procesadora de pescados dio por tierra con paredes y techos, aún quedan en el lugar, como si fuera un “esqueleto” del edificio central, columnas de cemento corroídas por el óxido, los que las vuelve peligrosas al poder desmoronarse.
Hoy no es más que otra postal de abandono como las varias que hay en Necochea y Quequén, en un predio “adornado” por residuos de todo tipo que los desubicados de siempre no dudan en arrojar.
El exfuncionario municipal, Horacio Fernández, residente desde hace décadas en Quequén, se quejó de la imagen que muestra hoy el ex pujante emprendimiento industrial que en su momento diera trabajo a cientos de personas, al decir que “su estado conspira contra la seguridad de los vecinos que residen en sus alrededores”.
La ex procesadora, dedicada al fileteado de anchoa, fue uno de los polos de la “época de oro” de la industria de la pesca en nuestra ciudad. Una realidad que no pocos añoran y cuyo fin significó una de las principales pérdidas en la economía local.
Transcurridas casi tres décadas, no pocos se preguntan ¿por qué no han demolido los restos del inmueble en cuestión? Otros formulan la idea de que la Municipalidad precise la situación dominial actual de dicho predio, con el fin de obligar a sus propietarios a emprolijar el lugar; o en su defecto tomar cartas en el asunto. El ahora más que poblado sector, al que se sumó con los años el Barrio Federal 6, así lo amerita.///