Bajaba la persiana una histórica confitería
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En enero de 1977 llegaba a su fin el ciclo de La Armonía, un bar tradicional del centro de la ciudad
En enero de 1977 cerraba definitivamente sus puertas una de las confiterías más antiguas de la ciudad: La Armonía.
Si bien tiempo después otro emprendimiento comercial intentó recuperar aquel tradicional nombre y funcionó durante años en la misma esquina, ya nada quedaba de la vieja Armonía.
En un artículo publicado el 18 de enero de ese año, Ecos Diarios señalaba que el cierre de la confitería “trasciende el marco comercial, porque ese establecimiento era parte de nuestras costumbres”.
Agrega la nota que “tenía algo de club y de reunión para tratar o conversar sobre negocios, con secciones de vida propia y diferente. Y su horario largo, desde el desayuno madrugador hasta el trasnoche con el café, el whisky, el refrigerio o el ‘submarino’, poniendo siempre a disposición sus sándwiches de miga, frescos, inconfundibles”.
Allí la firma Urroz y Fernández introdujo modernas innovaciones. “Fue una época brillante del famoso comercio, con una gran sección para familias y confiterías dotada de fabricación propia”.
Desaparecido Simón Urroz, fue Víctor Fernández quien siguió al frente del comercio , se trasladó a la vieja esquina de 59 y 62 (por entonces Alsina y 25 de Mayo).
Se trataba de una esquina histórica. Allí estaba el viejo Liverpool Hotel, construido en las postrimerías del Siglo XIX. Tras algunas reformas, se instaló allí “La Armonía”.
Inolvidable
Muchos años antes, en la década del 30, una publicación elogiaba a La Armonía como “uno de los más estimables adelantos que se han registrado en Necochea en los últimos años”.
Señalaba que se trataba de un bar moderno, confortable y lujoso, magníficamente instalado en un amplio edificio propio en lo más céntrico de la ciudad, en la avenida Alsina 267, en decir en 59 entre 62 y 64, frente al Cine París.
Indicaba la nota que era “el preferido de las familias, de la gente de negocios, de los veraneantes y también de cuánto de representativo tiene la sociedad necochense”.
“Su edificio es nuevo y fue construido de ex profeso. También es nuevo todo su mobiliario, que está a tono con la elegancia del local.
Se elogiaba también el servicio de la confitería en el que funcionaba un gran salón de billares en el que anualmente se realizaban torneos con importantes premios.
“Además de la espaciosa parte destinada a mesa de juego, cuenta con dos secciones especiales al frente para caballeros, muy frecuentada en las horas del café y del vermouth y otra, instalada a todo lujo, para familias”, indicaba.
Indudablemente con el cierre de La Armonía, en 1977, se cerraba parte de un ciclo de la historia de Necochea, la ciudad de las casas bajas y tranquilidad provinciana.
A fines de los 70 Necochea ingresaba en una de las etapas de mayor crecimiento tanto edilicio como económico. Con la adhesión de Quequén y el impulso de ser el segundo balneario más importante de la Costa Atlántica, la ciudad comenzaba a cambiar definitivamente su perfil.