Barberón, la copa y Necochea
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Recordó su paso por Independiente, a 36 años de la consagración en la Libertadores. La pretemporada en nuestras playas, las figuras, el primer nivel y su alejamiento de todo eso tras el retiro: “Encontré mi lugar acá”
Hoy camina por la misma huella de barro que los demás para ir un entrenamiento. Sufre el frío del fútbol invernal desde la mañana hasta el caer la tarde y sabe que el reconocimiento no va más allá de las fronteras del distrito. Sin dudas contrasta con su pasado de futbolista profesional. Con haber levantado las copas que todos quieren levantar. Se cumplen hoy 36 años de la consagración del loberense Alejandro Barberón con el equipo de Independiente de Avellaneda en la Copa Libertadores de América. La séptima -y última hasta aquí- que ha ganado el “Rey de Copas” allá por 1984 y que se rubricaría con la consagración en Japón, en la Copa Intercontinental meses después.
La efeméride es una linda excusa para viajar en el tiempo con varias escalas previas. 1978, el año debut de Barberón en Independiente, en el que rápidamente se ganó un puesto y se consagró campeón en el Nacional. O bien enero de 1984, cuando retornó al “Rojo” tras dos años en el fútbol colombiano, en Millonarios de Bogotá.
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Acá empezó
“Había venido de vacaciones a Necochea e Independiente estaba de pretemporada en el Hotel Las Nieves. Pasé a saludar al plantel y a (José) Pastoriza (el DT) que cuando me ve me dice qué hacía que no estaba entrenando. Yo le respondí que estaba de vacaciones pero me dijo que me viniera a Independiente, que íbamos a ganar la Copa Libertadores y salir campeones del mundo. Y no se equivocó. No era mi intención quedarme pero Independiente me compró nuevamente a Millonarios. “Mañana venís a entrenar” me dijo Pastoriza y en realidad ese día me fui a Buenos Aires a firmar el contrato. Pastoriza en el fútbol era como mi padre, siempre me aconsejó”, recuerda vívidamente sobre esos días Alejandro Barberón, hoy con 61 años.
El grupo
En esos años en Independiente, se codeó con grandes campeones del mundo. En el 78 con Rubén Pagnanini, Omar Larrosa y Héctor Baley. Y en el 84 con Ricardo Bochini, Jorge Burruchaga, Ricardo Giusti y Néstor Clausen. “Con Larrosa tuve mi primera concentración”, recordó. Pero rápidamente les quitó misticismo a los monstruos: “Uno está en ese ambiente y prácticamente que sacando Diego o Messi, todos estamos en la misma. Independiente se destacó siempre por el grupo de gente. Muy alegre y divertidos. Siempre con el consejo de ser respetuoso para que te respeten y en cada entrenamiento dejarlo todo”. Alejandro se ganó un puesto en la ofensiva entre tantos talentos y fue goleador de la década del 80 para el “Rojo” en copas internacionales con 8 tantos.
La copa
Aunque las finales fueron con Gremio de Brasil, para todos gran parte de la copa se ganó en la primera fase: “Siempre se recuerda más el pase a semifinales frente a Olimpia de Paraguay, con el gol (Bufarini) en el último minuto cuando estábamos quedando afuera”. Sobre las finales, la victoria en Porto Alegre fue decisiva (1-0 con gol de Burruchaga). “Fue una gran producción de Independiente. No se si hubo algún equipo argentino aplaudido así por los brasileños allá. Los títulos de los diarios, del que tengo una copia, hablaron muy bien: Independiente fue una ola de fútbol, decían. Salió todo perfecto, como lo había planeado Pastoriza. En la práctica habló poco pero dijo que iba a sacar a Percudani y poner a Bufarini para marcar a (el uruguayo Hugo) De León, que era el que le daba fútbol al Gremio. Y así fue”.
La revancha en la noche de Avellaneda fue distinta: “Estaba el nerviosismo lógico, con un estadio colmado para dar la vuelta. Fue difícil y ellos eran un buen equipo. Nos salvó (el arquero uruguayo) Goyen en más de una oportunidad”. El empate sin goles, desató el festejo.
El festejo y el adiós
“Haber logrado ese trofeo, más con el último partido en Avellaneda, fue muy importante lógicamente”, afirmó la “Porota” pero no recordó con tanto agrado el la vuelta olímpica: “Te desnudaban, te sacaban todo y te llevaban en andas. Hoy está prohibido entrar a la cancha, pero en esos años, a los pocos minutos ya estabas en el piso y te estaban dejando en calzoncillos, no podes decir que no porque al rato vienen otros diez por lo mismo”.
No es por eso que no atesora muchos objetos de entonces ni de su paso por Boca luego, donde fue campeón de la Supercopa y la Recopa Sudamericana. “Cuando decidí dejar el fútbol regalé todo. Me quedó sólo una camiseta de Independiente y una de Boca”. Incluso estuvo muchos años sin volver al club: “Sólo lo hice cuando Independiente festejó frente a Olimpia los 30 años de esa copa. No fui nunca más”. Sobre el porqué del alejamiento, analizó que “pensé que me iba a costar. Pero llegó el momento de disfrutar de eso, volver nuevamente. Cuando me retiré fue la decisión de todo un año, ya estaba sufriendo porque me lesionada seguido y me puse que el fútbol no me iba a retirar, era yo el que lo iba a dejar”.
Acá terminó
Volvió a Lobería y fue campeón con Jorge Newbery, como jugador y como director técnico. Y desde entonces el fútbol que respira es el nuestro. “Siempre hubo empresarios que me querían llevar de un lado al otro, pero en mi vida encontré mi lugar acá, en Necochea estoy bien, donde quiero estar. Tengo las cosas que yo quiero y que me gustan como la playa y el parque. Acá hay tranquilidad, mis amigos, mi ambiente y estoy en un club como Villa Díaz Vélez hace 10 años y que me han tratado de maravillas”.