Basta de las vías de excepción
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En el Concejo se avalan muchas propuestas que no se encuadran dentro de las ordenanzas
Los 20 concejales, que integran el cuerpo deliberativo, una cantidad por demás interesante para el tratamiento de temas de relevancia como supone Necochea siempre se los nombra como los representantes del pueblo, lo cual resulta difícil identificarlos con esta tradicional designación.
Sobran las acciones en las que es necesario, “como representantes del pueblo” tomen decisiones a favor de este, del bien común en beneficio de quienes depositaron la confianza en ellos.
Amparándose en el famoso “costo político” incurren en reiteradas ocasiones en la violación o no cumplimiento de normas que el mismo cuerpo ha legislado. Esto vulnera, la obligación de decir que no y plantarse firmemente en la necesidad de respetar ordenanzas ante pedidos o solicitudes que no resisten el menor análisis para su tratamiento, por ridículas, extemporáneas o porque directamente atentan contra la planificación y orden de la ciudad.
Ultimamente han surgido este tipo de situaciones que, con ciertos atajos administrativos, abusan con las vías de excepción o los permisos precarios los que son moneda corriente. Vinculados directamente con el amiguismo, favoritismo o simplemente por no leer un expediente o no saber decir que no. Mediante estos dos instrumentos se han avalado adefesios o absurdos no permitidos por las ordenanzas vigentes.
La pregunta es por qué sucede esto si a un concejal se lo vota para legislar para toda la comunidad y no para una persona en particular o empresa que presenta una iniciativa del vamos sospechada, en busca de un beneficio hasta veces excesivo, porque de no ser así, no sería necesario la violación de lo normado. La respuesta está en el párrafo anterior.
Desarrollo
Hay situaciones en donde va de suyo que tomar estas decisiones resulta incómodo en el cuerpo por lo anteriormente señalado, y se comete el error de actuar equivocadamente en cuestiones sensibles. Olvidando instalar a Necochea en el camino del desarrollo y el crecimiento.
El desafío para los concejales es definir si quiere mantener este presente apático de la ciudad en donde es difícil encontrar la senda que lleva al futuro promisorio o, por el contrario, empezar aunque sea, con pequeñas cuestiones o decisiones, mirando hacia adelante pensando en las futuras generaciones, teniendo en cuenta que una ciudad no se construye de un día para el otro.
Es necesario trabajar con prolijidad, terminar con el facilismo, la despreocupación y la falta de compromiso. Es el momento que el Concejo Deliberante haga respetar las ordenanzas. La ciudad necesita mucho más de los 20 concejales que perciben su dieta con el dinero de los contribuyentes.
Cada día es más necesario que cada comercio, cada obra en construcción, cada proyecto se enmarque dentro de los códigos de edificación y parámetros definidos. Eso genera un orden, una previsibilidad y un desarrollo sostenido.
Pero si en vez de esto, se presenta un proyecto de obra que no está en “zona” pero hay una vinculación con mengano o zutano y tiene la recomendación de fulano y por “vía de excepción” se lo termina aprobando se cae en el precipicio de la irresponsabilidad, por acción u omisión.
Hechos
Y de estas situaciones hay muchos ejemplos que, en los últimos años, han ocurrido. Son varios, uno de ellos es la instalación del supermercado Vea en avenida 59 y calle 40, el cual según la ordenanza de ese momento no podía ser habilitado pero una vía de excepción avaló su apertura. Eso sí, debía cumplimentar una serie de pedidos y obras. Por ejemplo donar una ambulancia y reparar las calles que rodean las manzanas donde se encuentra este establecimiento. Cosa que nunca se cumplió. Ni tampoco se controló que se haga, por lo cual no sólo no se respetó la normativa vigente sino que tampoco se cumplió con lo que se pidió a cambio de darle la posibilidad de abrir el local.
Y así se suman acciones, por ejemplo aquellos comercios o vecinos que deciden frente a su local construir una dársena como ocurren algunos negocios de avenida 42 entre 59 y 57 y en otros sitios de la ciudad. O el mercado Santa Marta de avenida 10 y 93 frente al Parque donde no sólo posee dársenas y ocupa toda la vereda con sus carteles publicitarios, ahora también pretende construir un piso más, en ese edificio, aunque no esté habilitado. Ojo que no aparezca una “vía de excepción” para darle vía libre.
O como, es de suponer, lo que va a pasar en breve cuando se apruebe la habilitación de un corralón de materiales para construcción sobre la avenida 42. Pero que vamos agregar si en 75 y 34 hay un corralón de materiales en una de las avenidas más transitadas de la ciudad que ocupa una porción importante, en más de una manzana, donde permanentemente arriban camiones de enorme porte que cruzan toda la planta urbana con cemento, ladrillos, madera, durmiendo en la calle 73 a la espera de la descarga.
Ahora trataran el tema de los “choripaneros” temporarios que mediante un permiso precario podrán deambular con sus carritos ofreciendo el “sabor inconfundible” de un chori al paso, inundando de humo y olor a carne asada los lugares más transitados de la Villa Díaz Vélez
No hay que olvidar que muchos comercios en cualquier lugar de Necochea y Quequén utilizan la vereda como una parte más del salón de exposición para mostrar su mercadería. O aquellos que le “ganan” un lugar a la calle como ocurre en la 83 entre 4 bis y 6 donde hay un “deck” sobre la vereda, que se mantiene más allá que tenía un tiempo estipulado para su permanencia, que además se debía cumplir con una contraprestación la autorización.
Todas estas cuestiones no están permitidas pero suceden, por lo cual también hay que hacer responsable al Departamento Ejecutivo, que es el que tiene que ejercer el control y el poder de policía para que se cumplan las normativas y que la vía pública no sea un cambalache, ya que cada cual hace lo que quiere.