Basural público
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Está visto que en materia de dejadez en los lugares públicos de la ciudad vamos de sorpresa en sorpresa, y más allá que el municipio tenga la responsabilidad de limpiar y controlar a aquellos que no trepidan en abandonar en la calle lo que no les sirve, hay una alta responsabilidad de quienes habitan esta localidad.
Sobre la cuestión Ecos Diarios ya ha reflejado en varias oportunidades en sus páginas la proliferación de mini basurales, en lugares alejados y no tanto – por caso el parque Miguel Lillo es uno de los sitios-, donde los vecinos se despojan de los elementos que ya no les son útiles, así como también deshechos de construcciones, plantas y demás.
No bastan los carteles intimidatorios que la comuna ha dispuesto en varios de esos sectores, advirtiendo de multas y sanciones a quienes viertan residuos allí, porque no hay un eficaz control de esta falta, más allá que recientemente se haya dispuesto un grupo de inspectores para tal función.
En el caso de estos depósitos son limpiados periódicamente por las máquinas municipales, pero al poco tiempo vuelven a llenarse de desperdicios, generando en buena parte verdaderos focos infecciosos.
A este panorama, con responsabilidad de parte de los habitantes de Necochea, se suma el abandono en la vía pública de autos y partes de vehículos que son secuestrados por fuerzas policiales en distintos operativos y que pasan a formar parte del paisaje ciudadano.
La cuadra de 8 entre 83 y 85, donde está ubicada la Comisaría Tercera, en la Villa Díaz Vélez; y la dársena central de estacionamiento de avenida 58, entre 61 y 63, frente a la Departamental, están colmados de rodados, chocados, secuestrados, por diversas razones, que quedan apostados allí por meses y hasta años, no solo impidiendo el estacionamiento de otros vehículos, sino también imposibilitando la limpieza, con lo cual se acumula la mugre, crecen yuyos y estanca agua, entre otras derivaciones.
En el caso de la repartición policial céntrica, el abandono de autos ha determinado también la invasión de todo el frente del Correo, en el que está estacionado el camión-grúa que se usa en las incautaciones. Tal situación impide que particulares que acudan al Correo puedan dejar sus rodados allí.
A estas situaciones, que no son corregidas más allá que más de una vez se ha barajado la posibilidad de otorgar un lugar en un predio que Vialidad posee en inmediaciones de la Sociedad Rural, en las últimas semanas se ha venido conformando un verdadero depósito de chatarra, en el área de banquina ubicada frente al Comando de Patrullas y Comando de Prevención Rural, con sede en un sitio de la ruta 86 muy transitado, en uno de los ingresos a la ciudad.
Se trata de unidades y autopartes secuestrados en distintos hechos, que en vez de ser ubicados debidamente, en un lugar no visible, han sido tirados en la banquina, brindando una mala impresión, de abandono.
Asimismo, por su cercanía a la cinta asfáltica, esos retazos de autos se constituyen en un verdadero peligro en caso que algún vehículo se despiste hacia la banquina.
La Justicia, el municipio o el estamento que le corresponda, debería tomar cartas en el asunto, para corregir este mamarracho de abandonar autos donde venga en gana, que seguramente dispuso alguien con un cargo pero evidentemente poca responsabilidad.
Con frecuencia se sostiene que la ciudad debe lucir en buen estado, tanto para residentes como para quienes nos visitan. Pero está visto que mientras cada uno haga lo que le venga en gana y arroje a la vía pública lo que le molesta, seguiremos muy lejos de ser una ciudad agradable y cómoda para vivir.