Boliches inactivos e inquietud por las fiestas clandestinas
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Cerrados desde marzo, los propietarios son conscientes que serán “los últimos en abrir”. Preocupación por las fiestas clandestinas
Uno de los rubros a los que la pandemia más ha afectado, ya que desde mediados de marzo permanecen cerrados y no aparece en un horizonte inmediato la posibilidad de reabrir, es el de los boliches nocturnos.
A sabiendas de que serán “los últimos” que podrán abrir, los cuatro emprendedores del sector, no menos de un centenar de empleados y un buen número de proveedores viven en la incertidumbre, y algunas estimaciones de reapertura se remontan al próximo mes de diciembre.
Bajo este panorama, en próximos días se solicitará una audiencia al Ejecutivo, con la intención de solicitar la exención en el pago de la tasas, a la vez que mostrarán los protocolos que han elaborado para una posible reapertura.
“Estamos muy complicados y se nos pone muy cuesta arriba”, manifestó Marcelo Conzono, dueño de un reducto bailable en calle 87. Seguir solventando los salarios de los empleados y costeando los impuestos y otros costos plantean el complejo escenario actual.
Entre los planes también prevén la solicitud de ayuda a la Usina, pues se sostiene que a pesar que no pueden abrir, las facturas de energía eléctrica superan en algunos casos los $6.000.
Las fiestas clandestinas
Como telón de fondo, a esta parálisis obligada se contrapone una realidad que según los dueños de los boliches se viene produciendo los fines de semana en nuestra ciudad y que se tornan “incontrolable”: las fiestas clandestinas en domicilios particulares, a las que acuden más de 70 personas y que se transforman en un peligro real de contagios de coronavirus.
Se dio cuenta que este tipo de encuentros “proliferan”, con algunas medidas de distracción, como ser la no ubicación de vehículos frente a las viviendas o la minimización del sonido. En tal sentido también se señaló que hay una creciente venta de bebidas a los organizadores de estas fiestas.
“Los jóvenes ya llevan 130 días encerrados y necesitan divertirse, pero el Estado debería intervenir y prevenir. ¿Cómo se hará para encontrar los nexos de contagio si se desata un nuevo brote a partir de estas fiestas?”, se preguntó Ariel Ruiz, propietario de un boliche de la calle 85.
Bajo esta realidad es que los propietarios de confiterías bailables consideran que “si bien socialmente debemos permanecer cerrados, vista esta situación, si nos dejaran abrir nosotros tendríamos un control más eficaz de la cuestión”.
Los bosquejos de los protocolos armados contemplan diversas medidas, como una reducida presencia de gente, planillas donde consten sus datos y horario de permanencia en el lugar; división de sectores para bailar en cada edificio, además de cabinas sanitizantes, toma de temperatura corporal y uso de alcohol en gel. Todas variantes inspiradas en boliches de Europa, que sí pudieron reabrir.
Asimismo hasta se prevé que no todos los boliches de la ciudad abran en una misma jornada, con rotaciones que posibilitarán asistencias menores y por ende mejor control.
“Sabemos que con la actividad cerrada a nivel nacional, está claro que el Intendente tiene facultades muy recortadas, pero al menos puede plantear nuestra inquietud a nivel provincial”, se ilusionó uno de los empresarios.
Más allá de lo que acontezca en cuanto a la rehabilitación, los propietarios tienen asumido que habrá cambios en la futura diversión. Con un mayor control, que incluiría tarjetas magnéticas personales para cada asistente, y la disposición de máquinas industriales para el lavado y desinfección de vasos.///