Buena intención, dinero escaso
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Con un nuevo impulso, la gestión que encabeza Facundo López ha reavivado este año el denominado Presupuesto Participativo, que consiste en la disposición de un monto destinado a la ejecución de obras barriales postuladas por los mismos residentes.
Se trata, sin dudas de una herramienta interesante, en principio porque posibilita que las autoridades de turno conozcan las necesidades de cada barriada de boca de quienes viven allí; y un procedimiento democrático, porque los propios delegados vecinales serán los que en breve determinarán qué obras se ejecutarán.
Obras de agua, cloacas, arreglo de calles, instalación de más luminarias y la construcción de refugios para esperar a los ómnibus los días lluviosos han privado entre las demandas expuestas y que se plasmaron en 140 ideas presentadas en otras tantas carpetas. De ellas quedaron en carrera 30 y en pocos días más se definirá cuáles se concretarán el año entrante.
Si hay un aspecto en el que se puede criticar el sistema, que tiene como coordinador Walter Barrientos, con la tutela del área de Participación Ciudadana, que lidera Marcelo Ansean, es en principio se dispone de apenas $3.000.000 para hacer realidad una larga lista de necesidades.
También, a primera vista, las reuniones y tratativas se han extendido y dilatado durante todo este año, algo que debería haberse agilizado pues, inflación mediante, y teniendo en cuenta que las obras recién se ejecutarán en 2019, el monto se ha “educido” más.
Ahora se está en la etapa final para establecer la factibilidad de las obras, tanto en lo técnico como en lo económico; y en este último caso tratando que los $3.000.000 alcancen para hacer lo que “más se pueda”.
Una de las experiencias que se recuerda de los últimos años en torno al Presupuesto Participativo, es la llevada a cabo durante el gobierno de Daniel Molina, con el programa que encabezaba Andrea Perestiuk y que en general se diluyó en numerosas reuniones, donde se avanzaba muy poco y que terminaron desalentando a los propios vecinos, a la vez que se concretó poco y nada de lo que se había solicitado.
El balance de la experiencia actual da un rédito positivo, ya que los residentes en los distintos barrios han tenido la posibilidad de analizar qué obra se necesita en cada sector y plantearla al Ejecutivo. Esta situación también creó un circuito de intercambio fluido entre la vecindad y los gobernantes, que así descubrieron necesidades que tal vez puedan resolver más allá de este programa.
Sin embargo sería interesante que la Municipalidad buscara la forma de ampliar el presupuesto disponible, de manera que se concretara más de esas obras barriales que para algunos parecen pequeñas, pero que sirven para solucionar demandas de larga data.