Buques que encallaron como juguetes
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El Monte Pasubio terminó varado en Quequén. Otros barcos que encallaron en la misma playa
Archivo Ecos Diarios
La playa de Quequén, aunque no tan extensa como la de Necochea, tiene un encanto particular. Los límites del balneario en sí lo marcan la Escollera y el manto rocoso que gana el mar en el otro extremo. El verde cubre la superficie de los médanos, dándole fondo a esta postal en la que el mar es el principal protagonista.
Las aguas de este mar, que con fuertes vientos se transforma, guardan restos de añosas naves que quedaron sepultadas en la arena para siempre.
Mucho tiempo atrás cuando la seguridad en la navegación y en Puerto eran mínimas y hasta casi nulas, era común que pequeñas embarcaciones durante los fuertes temporales que suelen azotar la zona, perdieran el rumbo y terminaran en nuestras costas o en el peor de los casos, se hundieran.
La instalación del Faro fue de gran ayuda en la navegación, los veleros empezaron a desaparecer, mientras que los vapores comenzaron a surcar las aguas del Puerto.
De hecho, en el acto de fundación de Necochea, en 1881, se usó a modo de mástil el palo mayor del velero El Filántropo, que tiempo antes había encallado en cercanías de Médano Blanco.
Historias hay muchas, y muchos barcos volvieron a navegar tras zafar de la varadura, pero aquí se toman como referencia dos casos que aún son recordados.
El porqué del nombre
Todos sabemos dónde queda el sector conocido como Monte Pasubio, en la playa de Quequén. Algunos saben porqué se da ese nombre al paraje, sin abundar en detalles. Con marea baja son visibles aún los restos del vapor que en abril de 1924 fue sorprendido por un fuerte temporal y cerca de las 22 horas encalló en cercanías del Faro de Quequén.
El capitán Gaetano Maresca había decidido navegar con la costa a la vista, para capear el temporal. El vapor, de bandera italiana, procedía de Buenos Aires y se dirigía a Bahía Blanca a cargar cereal, con un lastre de 6.000 toneladas.
El temporal, que azotó una gran zona del país, aquí tuvo vientos huracanados que provocaron serios daños en toda la ciudad, dejándola sin luz ni teléfono.
Las averías eran de poca importancia y en su momento se estimaba que no iban a dejar ese capital abandonado en la arena, su tripulación abandonó el barco 2 semanas más tarde, y algunos de sus tripulantes el 20 de mayo, por tren, viajaron a la Capital para luego embarcarse rumbo a Génova.
Uno de sus tripulantes, Atilio Bortoli, se estableció en nuestra ciudad y fue el primer propietario de la desaparecida, estación de servicio de 60 y 61.
A mediados de mayo del año siguiente el Monte Pasubio fue vendido a la Compañía General de Maquinarias Di Pietro Ltda.. con intervención del agente marítimo Antonio Mas. En noviembre de 1925 las tareas de desarme llevaban buen ritmo y se tendieron vías hasta el lugar para poder transportar los materiales en zorras.
La nave en la playa, desde un primer momento, despertó la curiosidad de la gente y el lugar era muy concurrido, convirtiéndose en paseo obligado de locales y turistas. Hoy en día el lugar, dotado de moderna infraestructura, es un importante lugar turístico, reconocido dentro de los circuitos del surf.
Un barco con historia
El servicio de ultramar en Puerto Quequén, comenzó en 1929 y el vapor Chaco fue uno de los primeros barcos de ultramar que entró al Puerto. Cuando varó, el 5 de septiembre de 1953, con más de 30 años de vida valía aproximadamente $5 millones y similar valor tenía su carga.
Fue construido en EE.UU. por encargo de la Marina chilena en 1923, pertenecía a la serie precursora de los Liberty que, durante la Guerra Mundial, eran armados en forma acelerada para cubrir bajas en la marina mercante.
Luego lo adquirió la Armada Argentina y en 1925, su nombre original, Río Seco, le fue cambiado y en noviembre de ese mismo año portó por primera vez la bandera argentina.
Al momento del accidente pertenecía a la Cía. De Navegación Chaco SA, administrada por Navegar y la agencia local que lo representaba era Monacci Marítima.
También contaba en su historial el haber sido el buque que en enero de 1948 evacuó al último contingente de presidiarios del penal de Ushuaia.
Lo comprometida de la situación, tras la varadura, decidió al capitán Carlos D. Santamaría y su tripulación a abandonar el barco, tras fracasar denodadas tareas de rescate. El Chaco nunca llegó a su destino, Brasil, y su casco de hierro de 122,24 metros de eslora terminó corroído por el mar y los temporales partieron su estructura.