Cambiar una realidad que no todos quieren ver
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El Efecto Mariposa es una asociación civil que se ha propuesta mejorar la calidad de vida de las personas a partir de modificar su hábitat
Según la teoría del caos, si en un sistema se produce una pequeña perturbación inicial, mediante un proceso de amplificación, se podrá generar un efecto considerablemente grande a corto o medio plazo. Es el efecto mariposa, que toma su nombre de un antiguo proverbio chino: “el leve aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo”.
El efecto mariposa es sutil. Tan sutil como la presencia de decenas y tal vez cientos de personas que viven en nuestra ciudad en la extrema pobreza, en construcciones sin ningún tipo de servicio. Casas de chapa, ranchos, con techos precarios, sin piso, sin baños, sin agua ni cloacas.
Su presencia es sutil porque su realidad es algo que muchos no queremos ver, por desinterés o por la impotencia de no poder hacer nada para mejorar la vida de esas personas.
Pero un pequeño grupo de vecinos que desde hacía un tiempo venía realizando acciones solidarias, decidió hacer algo, cambiar esa realidad.
Ese grupo denominado El Efecto Mariposa logró en un año construir y reacondicionar tres viviendas para cambiar radicalmente la calidad de vida de igual número de familias de nuestra ciudad.
La niña
Todo comenzó con una niña que no iba a la escuela. La asistente social del colegio decidió ir a visitar a la pequeña y se encontró con un panorama desolador.
La profesional, desbordada por la situación, decidió dirigirse al Centro de Salud del Barrio San Martín y comentar la situación con la asistencia social de la salita.
Fue así que el médico del centro y la asistente decidieron concurrir a la casa de la niña y pudieron ver con sus propios ojos por qué no iba a la escuela.
La pequeña de sólo seis años tenía que cuidar a su madre, que se encontraba en postoperatorio, tras un embarazo ectópico. La casa era poco más que una casilla de chapas.
El médico, la asistente social y algunos amigos se preguntaron qué podían hacer y comenzaron a juntar leña y ropa para colaborar con la familia.
Pero pronto aquel pequeño grupo de vecinos solidarios se dio cuenta de que debían hacer algo más, porque con el asistencialismo no alcanzaba.
“Nos dimos cuenta de que estábamos haciendo más de lo mismo. No cambiábamos ninguna realidad en serio. Tranquilamente podríamos haber puesto un comedor, un merendero, pero no quisimos porque creíamos que no le cambiaba la realidad a nadie”, expresó el médico generalista Juan Pedro Arabarco.
Junto a la asistente social Mirta Burgos, Pablo Castilla, Vittorio Calabretta y Eduardo Fernández, formaron El Efecto Mariposa, una asociación civil sin fines de lucro que en poco más de un año ha logrado cambiarle la vida a varias familias y contagiado la solidaridad a un grupo cada vez más amplio de personas.
A ellos se sumaron con el paso los meses Mauricio Sarasola, Mauricio Olivera, Lucas Sabino, Julia Gregorini, Leonardo Codagneone y Luis Villarruel, entre otros.
El aleteo
“En un principio la idea era trabajar en la vivienda, pero también en los vínculos, en la asistencia escolar y en la salud”, señaló Juan Pedro. “La idea era buenísima”.
Pero una mala experiencia hizo desistir al grupo de crear vínculos tan fuertes con los beneficiarios de sus acciones y concentrarse en dotarlos de viviendas dignas.
“El objetivo básicamente es trabajar en el hábitat, porque estamos convencidos de que un chico con techo y con piso seco tiene mejor calidad de vida”, dijo el médico.
“No es lo mismo pisar la tierra cuando te levantás y hacer tus necesidades básicas en una lata, que tener un baño. No tener una canilla para lavarte los dientes, para tomar agua.”, dijo la asistente social Mirta Burgos.
Precisó que en la ciudad hay “mucha pobreza estructural. Y no es de ahora, de estos dos últimos años. Hay familia que vienen de 3 o 4 generaciones sin acceso al trabajo y menos a una vivienda digna”.
Pero incluso más preocupante que esa situación en que viven, es la invisibilidad de estas personas para el resto de la población.
Para graficarlo Juan Pedro relató una experiencia vivida recientemente durante un evento realizado para recaudar fondos en el que se mostró material y fotografías de las tareas realizadas por El Efecto Mariposa.
“Cuando vio las fotos, una señora me preguntó: ‘¿Pero, esto es en Necochea?’. Y cuando se dio cuenta de que las fotografías habían sido tomadas en un barrio de la ciudad dijo: ‘Yo no puedo creer que en Necochea pase esto’”, relató Juan Pedro. “Sí, esto es en Necochea y a sólo cinco cuadras de la 75”.
Efecto multiplicador
Este año la asociación trabajó en la refacción completa de una vivienda de una joven madre que no tenía recursos para reparar el techo ni construir un baño en el interior de la casa.
También se comenzó a construir una vivienda para una familia en la que tanto la madre como sus hijos son asmáticos y vivían en muy malas condiciones.
En todos los casos las familias beneficiadas residen en cercanías del barrio General San Martín.
Los miembros de la asociación piensan que muchas familias en ese sector, como en todos los barrios de la ciudad, requieren algo más que asistencialismo.
“Pensamos que hay que poner la atención y los recursos en otra cosa. En agua, en cloacas, en calles que se puedan transitar, en líneas de colectivos que pasen por donde tienen que pasar. En el barrio San Martín no tienen micros al hospital, no entran remises”, precisó Juan Pedro.
Y también parece necesario incentivar la sensibilidad, por eso desde la asociación se comenzó a trabajar en armar un “tallercito de solidaridad, para chicos del jardín y primeros años de la escuela”.///